Salud

Entre el estrés y las pantallas: la nueva epidemia del mal dormir

El insomnio ya es un problema de salud pública. Los neurólogos piden tratarlo como una enfermedad, no un negocio

Las consecuencias del insomnio pueden ser muy graves si no se trata adecuadamente.

Las consecuencias del insomnio pueden ser muy graves si no se trata adecuadamente.GETTY IMAGES

Maria Pedrerol
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Estrés. Horarios. Preocupaciones. Estímulos. Pantallas. Un mal día. Sobrepensar. Son incontables los factores que hoy en día nos hacen dormir poco o mal. Y eso es un problema. Tanto que se puede llegar a considerar ‘epidemia’: según la Sociedad Española de Neurología (SEN) casi la mitad de la población española pasa malas noches, y un 14% –cerca de siete millones de personas– sufre insomnio crónico.

Las consecuencias de sufrir insomnio pueden ser muy graves, ya que tiene un impacto significativo en la calidad de vida, en el rendimiento laboral y aumenta el riesgo de desarrollar otras enfermedades como trastornos de salud mental (depresión, ansiedad, suicidio), hipertensión arterial, diabetes e incluso cáncer. Las consecuencias del insomnio no solo aparecen por la noche, cuando la persona no logra dormir, sino que también tienen un gran impacto en la vida diurna, causando problemas de concentración, apatía, falta de energía, irritabilidad e incluso aumentando el riesgo de padecer accidentes.

Huir de los productos ‘milagro’

Con tantos ámbitos de la vida afectados, solucionar el problema del insomnio no es tarea fácil. Los neurólogos explican que es un trastorno médico complejo, que requiere siempre de un diagnóstico y una terapia realizados por especialistas, y advierten que la gran mayoría de productos y remedios publicitados «carecen de validez científica». De hecho, alertan, «en ocasiones, incluso, pueden empeorar los síntomas y favorecer su cronificación».

Según datos de la SEN, solo la venta en farmacias españolas de remedios para dormir sin receta supuso en 2022 un negocio de 130 millones de euros. En este contexto, los neurólogos insisten en que «existe un gran mercado organizado en torno a este problema de salud, sustentado en potentes estrategias de marketing, por lo que es necesario advertir de que solo a través de un diagnóstico preciso y un tratamiento avalado por la evidencia científica es posible prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida de las personas con insomnio».

La única actitud eficaz y responsable ante la aparición de los primeros síntomas, señalan, es acudir a pedir ayuda a los profesionales médicos. «El insomnio –recomiendan– debe abordarse como un trastorno médico. Solo es el médico quien debe profundizar en conocer sus causas y plantear un tratamiento u otro». También es el especialista, añaden, quien debe descartar que los síntomas no puedan responder a otras patologías del sueño como puede ser la apnea, el síndrome de piernas inquietas o los trastornos del ritmo circadiano.

Luz y oscuridad

Dormir bien no depende solo de cerrar los ojos y desconectar: está íntimamente relacionado con nuestros ritmos circadianos, el reloj interno que marca cuándo debemos estar despiertos y cuándo descansar. Este ciclo natural, de 24 horas, se sincroniza sobre todo con la luz y la oscuridad, guiando a nuestro cuerpo para liberar melatonina por la noche y mantenernos activos durante el día. El problema es que nuestros hábitos modernos –pantallas encendidas hasta tarde, cenas a deshora, jornadas largas o cambios de turno– desajustan ese reloj biológico. Y cuando el cuerpo pierde la noción del tiempo, también lo hace el sueño: cuesta más dormirse, se descansa peor y al día siguiente el cansancio pasa factura.

Restablecer horarios regulares, exponerse a la luz natural y reducir el uso de pantallas antes de dormir es clave para volver a sincronizar el reloj biológico y mejorar la calidad del sueño.

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