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Castells con esencia tarraconense ¡En Sídney!

Una docena de tarraconenses hace estas construcciones humanas en las antípodas ante la mirada asombrada de los australianos. Forman parte de la joven colla Sydney Human Towers

Norián Muñoz

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Sólo para hacerse una idea, la distancia que separa la Plaça de la Font de Tarragona del Hyde Park, en Sídney, Australia, es de 17.279  kilómetros. El dato viene a cuento porque aquel parque, en pleno corazón de la ciudad australiana, también se ha convertido en plaza castellera gracias en parte a un puñado de tarraconenses.

La responsable es la colla Sydney Human Towers, que con apenas año y medio de existencia, el sábado de la semana pasada consiguió una más que meritoria actuación con castells de 6 pisos (3d6, 4d6, id 4d6p, 4d6p, P4 y 4d5 de germanor con los Koales de Melbourne).

Entre los miembros de la colla hay una nutrida representación de las comarcas de Tarragona, con gente de la propia ciudad, de Alcover, Valls, Móra d’Ebre, Ascó y la Fatarella. Aquí es fácil presenciar cómo se aparcan rivalidades y se ve, por ejemplo, compartir camiseta (amarilla, que es la de los australianos) a gente de los Xiquets y de la Jove.

Como en la ONU

Además hay personas de diferentes puntos de Catalunya (el cap de colla, Juanjo Lainez, es de Castellers de Barcelona) y de España. Tienen además muy buena relación con el Gure Txoko (casal vasco de la ciudad). Y aquí no  acaba la lista; también tienen miembros de Francia, Alemania, Lituania, Italia, Hungría, Egipto, Pakistán, India, Bangladesh, Argentina y  Estados Unidos.

Eso sí, el grupo no podía ser más heterogéneo y en él participan por igual gente muy castellera hasta otros «que a pesar de ser catalanes no habían visto nunca un castell en directo», como cuenta Pau Arévalo, uno de los tarraconenses ( de los Xiquets).

Pau se fue allí a estudiar inglés y después un máster. «Luego encontré trabajo y pareja... Y ya han pasado 13 años y sigo aquí». Hablamos con él a trompicones, entre el WhatsApp y el correo electrónico, teniendo en cuenta que con Australia hay 10 horas de diferencia horaria.

Muchos de los que participan son jóvenes como Pablo Moya, también de Tarragona, que llegó a finales del año pasado para estudiar inglés.

Pablo, que aquí era de la Jove, cuenta que ha podido experimentar la gran diferencia que hay entre formar parte de la piña de una colla grande y estar en una colla pequeña como su nueva colla australiana. Cuenta feliz que para él los ensayos se han convertido en el gran momento de evasión de la semana.

Justamente esa es una de las dificultades de la colla para conseguir tener un grupo estable, que muchos de los participantes van con visado de 6 meses o un año.

Justo por eso «hemos ido a buscar compañeros de trabajo, estudiantes de universidad y familias que ya están instaladas aquí», cuenta Pau. Pese a todo han conseguido ser unas 50 personas en los ensayos y unas 65 en la actuación.

Público expectante

Pero, ¿qué piensan los australianos cuando ven los castells? Pau cuenta que «no sólo actuamos siempre en sitios públicos, sino que nuestro lugar de ensayo es el césped alrededor de una farola que hay en el centro de Hyde Park, el lugar más céntrico de Sydney.

Al comienzo la gente nos ignoraba bastante, pero a medida que las pruebas iban creciendo la gente cada vez nos miraba más. Ahora acabamos el ensayo y nos encontramos con que una veintena de personas se han acercado y nos han hecho fotos con el móvil mientras ensayábamos. Me pregunto en cuántas cuentas de instagram debemos de salir sin saberlo».

Relata que «como normalmente actuamos con motivo de las fiestas que organiza el Casal Català, las actuaciones son en algún parque cerca de la ciudad a mediodía, justo antes de la típica barbacoa australiana.

Aun así también hemos actuado en cenas de promoción turística en que participa la Generalitat aquí, un festival de culturas europeas y, como dato curioso, participamos en la fiesta de bienvenida que organizaron en el Gure Txoko vasco para recibir a los músicos de La Pegatina el día que tenían concierto en Sydney».

Vale la pena dar un vistazo a su página web para descubrir cómo explican, en inglés, lo que son los castells y los beneficios de participar en una actividad así.

Además de contar que son patrimonio de la Unesco, relatan que hacer castells «implica fuerza y equilibrio (como el yoga, por ejemplo), por lo que es una buena forma de hacer un tipo diferente de ejercicio, dado que la construcción de torres humanas también es una buena manera de estar más saludable».

Ahora la meta del grupo es poner el pilar en el 3 de 6 y comenzar a trabajar en un pilar de 5; la próxima diada seguramente será coincidiendo con Sant Jordi.  Pau cuenta que «como castellers todavía nos falta mucho recorrido, pero en cuanto a pasarlo bien ya somos colla de 9».

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