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    Crecen en Tarragona los casos de anorexia en menores de 12 y 13 años

    Alerta por diagnósticos en personas cada vez más jóvenes. Salut refuerza la atención primaria en el marco de la salud mental. Hoy, Día Mundial de los Trastornos Alimentarios

    29 noviembre 2023 20:01 | Actualizado a 30 noviembre 2023 12:50
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    «Estamos viendo un incremento de personas con trastornos alimentarios cada vez más jóvenes y eso es una preocupación. En algunos casos empieza a partir de tercero de ESO, 12 o 13 años, y algunos con mucha gravedad», admite Juan Pablo Muñoz, psicólogo experto en Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) y director del centro ITA Tarragona.

    A partir de esas edades, suelen arrancar tratamientos largos en el tiempo, que se pueden prolongar hasta décadas, según el caso. «La mayor parte de pacientes son chicas de entre 16 y 17 años pero cada vez hay aún más precoces, con todo lo que ello comporta. En esas edades tan tempranas, una anorexia aún puede ser más complicada», indica Muñoz.

    «En esas edades cada vez más precoces, una anorexia puede ser aún más complicada», apunta Juan Pablo Muñoz, psicólogo y director del centro ITA en Tarragona

    Hoy, 30 de noviembre, es el Día Internacional de Lucha contra los Trastornos Alimentarios. La jornada pone el foco en un problema de salud en aumento en los últimos años y también en el centro de la atención del sistema público. El Pla de Salut 2021-2025 reconocía que estos trastornos diagnosticados en los centros de salud mental infantil y juvenil crecieron en el Camp de Tarragona entre 2019 y 2020. El Pla de Salut de les Terres de l’Ebre iba en la misma línea y señalaba que entre esos dos años «se han triplicado el número de casos en chicas y se han duplicado en chicos».

    La influencia de las redes

    No se puede entender este auge sin el papel de las redes sociales. «Tienen bastante influencia. Los jóvenes están demasiado expuestos a comentarios y eso, en combinación con esas edades en las que la persona es muy susceptible y transitan por una época en la que se están definiendo, acaba afectando. Antes, sin redes, a lo mejor la persona era igualmente vulnerable pero cuando aparecía se había superado ya esa etapa», apunta Muñoz. El doctor describe otros comportamientos asociados: «Hay un sentido negativo, de ‘como no estoy bien, ya no cuelgo fotos’, o ‘veo fotos de antes y me doy asco’. Entonces se dejan de exponer».

    Salut indica que se han triplicado las chicas con trastornos y en el caso de ellos se han duplicado

    Influyen los niveles de perfeccionismo y autoexigencia, las dificultades para regular las emociones y la sobrevaloración de la importancia de tener una determinada figura. Desde el punto de vista social también intervienen los problemas familiares, sufrir acoso o rechazo en algún momento o vivir una época especialmente estresante. «Depende del diagnóstico pero en general donde tenemos que machacar mucho es en la familia. La mayoría son menores de edad. También están las relaciones sociales y factores como el perfeccionismo, que es el principal, u otros muy comunes como los rasgos tipo autista de alto rendimiento, que suponen el 1% a nivel poblacional. Hablamos de rigidez, obsesividad. Son chicas muy encerradas en casa a esas edades, les cuesta hacer amistades, tienen relaciones muy dependientes, de dejarse utilizar», apunta Muñoz.

    «Reorganizamos el modelo para hacer atención escalonada según la severidad», explica Aida Basco, referente de salud mental y adicciones en la región sanitaria del Camp de Tarragona

    Belleza y éxito social

    Tatiana Lacruz Gascón, directora del Máster Universitario en Trastornos de la Conducta Alimentaria de la Universidad Europea, alude al peso del culto a la imagen. «Vivimos en una sociedad en la que se le da una gran importancia al aspecto físico y existe un ideal estético delgado asociado al éxito social. La interiorización de ese ideal estético y la presión para ser socialmente aceptado es algo que nos pone a todos en riesgo de desarrollar este tipo de trastornos», advierte Lacruz. La profesora también asegura que «todavía son trastornos en los que el tratamiento comienza tras meses o incluso años de síntomas, por lo que es importante seguir concienciando sobre ellos y su gravedad».

    El vínculo con la familia

    Los confinamientos y la pandemia, detonantes de problemas de salud mental más generales, también son otro factor, que se añade a algunos condicionantes acumulados. «Lo más importante es el contacto con las familias. Si ese vínculo es fuerte, todo se puede abordar mejor, incluida la gestión del móvil. Pongamos un ejemplo: una niña con un hermano pequeño enfermo desde siempre. Ella se va quedando a la sombra, sin dar problemas, sin hablar de lo que le pasa. Y así pasan muchos años y se llega a la adolescencia con este tipo de carencias, que afloran».

    Influyen los niveles de perfeccionamiento, los confinamientos o el abuso de redes sociales

    El Departament de Salut es consciente de las necesidades por el aumento de casos. Este año ha activado un plan de choque para mejorar la atención en los trastornos y fomentar la prevención, especialmente entre los jóvenes.

    Aida Basco, técnica de Salut de la Regió Sanitària Camp de Tarragona y referente de salud mental y adicciones, indica que «estamos trabajando en línea con los objetivos del Pla Director de Salut Mental i Addiccions en el plan de choque», cuyo objetivo es «reorganizar el sistema asistencial de los TCA, en un modelo de atención escalonada en base a la severidad». El reto «es incrementar la eficacia de la atención en cada uno de los tres niveles: primaria y comunitaria, hospitalización parcial y hospitalización».

    Los CAP se están reforzando para ello. Otra de las directrices tiene que ver con «la labor de promoción y prevención de la salud que realizarán las enfermeras y que se ha visto reforzada por la introducción de nuevos perfiles profesionales en primaria, los referentes de bienestar emocional y los dietistas-nutricionistas», apunta Basco. La técnica añade: «Promover esta intervención comunitaria nos permite la detección de malestares emocionales hacia la alimentación que facilitaría la atención temprana y podría evitar desencadenar trastornos de la conducta alimentaria».

    El doctor Juan Pablo Muñoz recalca que «hablamos de personas que quieren resolver problemas emocionales a través de dejar de comer o adelgazando». Y no sucede de una forma consciente: «Tienen tanto miedo a subir de peso que terminan bajando». La recuperación, ya sea a través de visitas ambulatorias, en hospital de día o a través de algún internamiento de 24 horas, pasa por pautas de actividades diversas, con terapias de grupo y también individuales. «Les beneficia el contacto con personas que están en la misma situación. Una de las claves es fomentar las fortalezas en otras áreas», explica el médico.

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