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La crónica

El Nàstic se queda sin alma ante el Villarreal B y profundiza su crisis en el Nou Estadi (0-1)

Un nuevo tropiezo en casa confirma la deriva de un equipo sin identidad, superado por el Villarreal B y sostenido únicamente por Dani Rebollo tras jugar más de una hora en inferioridad

El colegiado charla con Óscar Sanz tras una de sus decisiones.

El colegiado charla con Óscar Sanz tras una de sus decisiones.alba Mariné Torrell

Juanfran Moreno

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Muerto en vida. Así está el Nàstic de Tarragona desde hace ya unas cuantas semanas. Un equipo que languidece a cada partido que pasa y al que ni los rostros nuevos le mejoran el pulso. La derrota frente al Villarreal B fue otro ejemplo de un conjunto al que no le salen las cosas y que, lo que es peor, tampoco tiene claro qué hacer para que le salgan. La expulsión de Jardí, pasada la media hora y con el 0-1 ya instalado en el marcador, fue demasiado castigo para un equipo sin fútbol ni corazón.

Cristóbal Parralo decidió agitar el once respecto al que empató dejando muy malas sensaciones en Alcorcón. Las duras palabras del técnico grana, en las que apuntó sin clemencia al vestuario, no quedaron en el olvido y tuvieron consecuencias. Siete días después, el cambio era radical. Hasta cinco modificaciones introdujo en un once inicial repleto de caras nuevas. Oriol Subirats, Pedro Alcalá, Ander Zoilo, Juanda Fuentes y Cedric Omoigui fueron de la partida frente al Villarreal B. El objetivo era claro: ofrecer una versión diferente de un Nàstic que necesitaba transmitir otra cosa respecto a la última jornada. Más hambre, más competitividad y, sobre todo, más identidad.

Inicio optimista

El Nàstic compareció en el Nou Estadi con un semblante concentrado, consciente de que la reválida estaba encima de la mesa. Un examen para demostrar que la mala actuación en Santo Domingo, solo salvada por el punto, había servido para entender que no hay minutos de regalo en un contexto tan punzante.

El conjunto grana firmó casi un cuarto de hora de optimismo. Un equipo presionante, que no dejaba al Villarreal B llevar el ritmo del partido mediante la pelota y que encontraba el peligro a través de sus alas renovadas. Juanda Fuentes y Jaume Jardí abrían el ancho del verde y Oriol Subirats y Ander Zoilo aportaban profundidad, llegando y haciendo llegar. Incluso Álex Jiménez dispuso de una ocasión tras un centro de Ander Zoilo que controló y remató con celeridad, pero se topó con Rubén, bien colocado en el centro de la portería.

Un mazazo inesperado

Nada parecía presagiar el mal tiempo, pero en pleno temporal eso sonaba a afirmación de alto riesgo. Y así fue. En una de esas pérdidas en el centro del campo que, ante un filial de tanto talento como el groguet, se pagan muy caras, el Nàstic volvió a encontrarse con la cruda realidad en el minuto 15. Otra vez a la lona al primer golpe. Demasiado habitual. Sucede cuando lo merece, como ante el Alcorcón, y también cuando no, como frente al Villarreal B.

La pérdida en la medular desembocó en una rápida transición que terminó con Gaitán recibiendo en el costado derecho. El extremo congeló el tiempo y fabricó el espacio para soltar un disparo que salió pegado al palo largo de la portería de Dani Rebollo. El onubense intentó obrar una de sus paradas milagrosas, pero no pudo hacerlo. 0-1 y a remar. Nada nuevo en Can Nàstic… por desgracia.

El gol sentó muy mal a unos granas que desconectaron del plan de partido. Se les empezó a ver precipitados, faltos de ideas y con la confianza cada vez más baja. Un ambiente enrarecido se apoderó del Nou Estadi, con un Villarreal B consciente de la situación y sabiendo que iba a tener ocasiones para asestar un golpe mortal.

Lo que sucedió después nadie lo esperaba, pero complicó todavía más la situación. Pasada la media hora, en una jugada de ataque grana, Jardí jugó con fuego y terminó quemándose. El Villarreal B pidió el VAR por una acción en la que el jugador levantó en exceso el pie y Ramón Andrés acudió a la pantalla para ofrecer un veredicto riguroso y dañino a partes iguales. El Nàstic se quedaba con diez, para el desespero de Jardí y de todo el Nou Estadi.

Ya con inferioridad, el Nàstic mostró tímidos síntomas de rebeldía con un cabezazo de Álex Jiménez y un disparo lejano de Óscar Sanz que casi ofrecieron botín en el ocaso del primer tiempo. El descanso llegó con un conjunto grana contrariado, comprobando una vez más cómo el fútbol, este año, le dice que no intente lo que intente.

Una segunda mitad sin corazón

Parralo decidió intervenir en el descanso y apostó por dos cambios en el entretiempo: Keyliane Abdallah y David Alba ingresaron por Alcalá y Cedric. El Nàstic quiso salir con ímpetu, pero pronto se topó de nuevo con la realidad. El Villarreal B no se iba a amedrentar, porque solo con corazón no se le vence. La salida tarraconense fue descafeinada y pudo ser aún peor, ya que Dani Rebollo tuvo que realizar tres paradas de mérito en apenas diez minutos de la segunda mitad.

Óscar Sanz, con otro disparo lejano, fue el único que ofreció señales de vida de un Nàstic que se apagaba lentamente. Si el equipo siguió con constantes vitales fue gracias a Dani Rebollo, que se multiplicó con varias paradas más de esas que solo cobran sentido cuando el resultado acompaña. Injusto, porque ya han sido varios partidos así en los que ha sido el único a la altura.

Un triste final

El pitido final del colegiado solo sirvió para constatar lo que era una realidad desde hacía muchos minutos: el Nàstic está muerto. Casi le da pulso Pau Martínez en la agonía, pero nada, no hay manera. Es un equipo sin identidad, sin fútbol y sin corazón. La segunda parte ante el Villarreal B fue una confirmación más. Nàstic, ¿quién eres?

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