La contracrónica del Reus-Andratx: Con uno menos, pero siendo más que nunca
El equipo rojinegro transformó de nuevo la adversidad en oportunidad: la expulsión de Sandro Toscano y la presión rival se convirtieron en el terreno donde brotó la fortaleza del equipo, sostenido por su estilo y por el empuje de una grada que nunca lo dejó solo
La plantilla celebró la victoria con la afición ubicada en el Gol.
Hubo un instante en que el Estadi se quedó helado. Sandro Toscano, que hasta entonces había tejido junto a sus compañeros un encuentro de control y templanza, recibió una segunda amarilla que parecía sacada de otra película. La expulsión, tan sorprendente como dañina, alteró el decorado. El Reus pasó de caminar con paso firme a defenderse con uñas y dientes, de mandar con paciencia a sobrevivir con alma. Pero lo hizo. Y en ese cambio de guion apareció la versión más genuina del equipo: la de la resistencia, de orgullo y de unión. Porque esa expulsión dejó al conjunto rojinegro con uno menos, sí, pero siendo más que nunca, tanto por identidad como por parroquia.
El gol del empate del Andratx cayó como un jarro de agua fría, pero no hubo rendición. En el fuego cruzado de la dificultad, emergió un viejo guerrero. Xavi Molina, eterno capitán sin brazalete, encontró en un saque de esquina el lugar para escribir otra página en su largo viaje rojinegro. Su cabezazo, imponente y rotundo, encendió la noche como una llamarada. Reus rugió con fuerza y el partido cambió de alma: de la ansiedad se pasó al éxtasis, de la incertidumbre al delirio.
Marc Carrasco, ya sereno, explicó después el fondo de este equipo que se reconoce más en una identidad que en un sistema. "Yo siempre he defendido que esto de las estructuras o de los sistemas no marca mucho lo que queremos hacer. No hay sistemas ofensivos ni defensivos. Nosotros tenemos un modelo, una identidad respecto al juego. Nos hemos moldeado en función de la naturaleza de los jugadores. Estamos contentos con esta idea, pero no renunciamos a otras estructuras que nos puedan ayudar en otros momentos, y la exigencia de la categoría nos marcará que debemos reinventarnos".
El entrenador celebró también la respuesta de quienes recibieron la titularidad. Joan Torrents y Pol Fernández, que todavía no habían sido titulares y entraron de inicio, confirmaron que la segunda línea está a la altura del reto: "Cuando tenemos jugadores preparados para entrar y hacerlo bien, y crear competitividad entre compañeros, el más beneficiado es el equipo. Contento también por esta situación".
Y cuando tocó hablar de Molina, las palabras se tornaron personales, casi íntimas: "Confesaré lo que le he dicho a Xavi, que lo quiero mucho. Lo quiero porque somos grandes amigos desde nuestra etapa como compañeros y lo quiero por su respeto, por su forma de ser y, sobre todo, por ese liderazgo que aparece en los momentos de necesidad. Xavi no solo aporta ese saber estar, sino que también es un gran consejero para los jóvenes. Estoy muy contento de que esté aquí, de que disfrute tanto y de que tengamos Xavi Molina para rato".
Por encima de todo, Carrasco subrayó el carácter colectivo que permitió sobrevivir en inferioridad: "Lo que más valoro de hoy ha sido el carácter del equipo. Creo que hemos querido ganar con once y con diez. Al final llegó el premio. Estoy muy contento por esta versión de fortaleza mental para esperar nuestra oportunidad, por defendernos como hermanos y, sobre todo, por conectar con el público. Éramos diez jugadores, pero seguramente éramos once, porque el público fue capaz de suplir la falta de un hombre en el campo".
El Reus cerró la noche con barro en las botas y luz en los ojos. Ganó sufriendo, con paciencia y orgullo. Ganó porque supo esperar su momento y porque nunca estuvo solo: la grada empujó hasta el último aliento. Y esa comunión, esa mezcla de épica e identidad, de talento y carácter, es lo que alimenta una temporada que comienza a hablar en mayúsculas.