Este Nàstic no se puede soportar (1-0)
Jaume Jardí falla un penalti en la primera mitad en otro partido en el que el Nàstic ofrece una muy mala imagen, no da sensación de equipo grande y cae en la agonía

Jaume Jardí falla un penalti en la primera mitada.
El Nàstic sigue en caída libre. Esta vez fue El Palmar el escenario para una pesadilla que no cesa.- Un equipo envuelto en mil de problemas y que pese a ello fue capaz de superar a un equipo grana que volvió a exhibir indolencia, fragilidad y poca personalidad. Un gol en la agonía de Barea tumbó toda esperanza. Esto pinta mal. Muy mal.
Y es que está muy bien pedir que rueden cabezas. Primero, la afición del Nàstic reclamó la de Luis César. Deseo que se cumplió. Llegó Cristóbal y entonces las miradas se dirigieron al palco. Gritos de «¡Directiva, dimisión!» se escucharon el otro día en el Nou Estadi. Dejando a un lado que los consejos de administración no dimiten como sí puede suceder en las juntas directivas de los clubes que son de los socios, el mensaje llegó. Y no gustó. Pero aquí el problema es otro. Estos jugadores no dan para más. Y no es porque no tengan nivel, sino porque no lo dan.
Se enfrentaban dos equipos inmersos en una crisis profunda y ganó el menos malo, el que más ganas y corazón le puso, sobre todo al final del duelo. O sea, el equipo local. Ahora bien, el gran problema, el que más tiene que preocupar, es que esto no le da al Nàstic ni para acercarse al objetivo que, sin excusa alguna, debe ser el de ascender de categoría. Hay que pensar muchas cosas, en todo lo que se ha hecho mal, que ha sido mucho, pero los jugadores tienen que hacérselo mirar. Esto no hay por dónde cogerlo y las consecuencias pueden ser fatales. Una temporada navegando en tierra de nadie puede ser lo peor que le puede pasar a un club que tiene todas las urgencias posibles para ascender de categoría.
El Sanluqueño no lo puso, ni siquiera, complicado. El Nàstic tenía manga ancha para dibujar y ejecutar su partido, pero la dinámica de este equipo es tan negativa que, ni aunque te dejen hacer, te sale nada. A los once minutos de juego Montalvo fue derribado dentro del área. Penalti. Ni desde los once metros el cuadro catalán cumplió. Jardí, que no acostumbra a fallarlos, se la tiró al portero, por el centro, y el meta acertó la intención del reusense.
Rebollo salva
Un paradón de Rebollo a la media hora de juego salvó a los tarraconenses de lo que hubiera sido un gol muy complicado de digerir. Por cierto, ni una sola cartulina en la primera mitad. Se enfrentaban dos equipos más que necesitados y el colegiado no tuvo que meterse la mano en el bolsillo para amonestar a nadie. Quien vio el partido podrá relacionarlo con la baja intensidad del mismo.
En la segunda mitad, algo mejor salieron los tarraconenses. Y la tuvo Baselga tras un buen remate de Álex Jiménez que el punta tocó con la punta del pie. Finalmente, el balón se estrelló en la madera y salió escupido. Susto mayúsculo en el 70’, cuando un recién ingresado al terreno de juego Iomar realizó una buena acción por banda derecha, chutó y a punto estuvo de batir a Rebollo. De hecho, a partir del ecuador de la segunda mitad el Sanluqueño se vino arriba. Vio que el rival no iba con todo lo que tenía que ir a por el triunfo y decidió intentarlo él. Hasta tres ocasiones claras tuvo un Sanluqueño que, de contar con mayor claridad en sus botas, se habría embolsado seguramente los tres puntos. Esto no tiene buena pinta. De hecho, la tiene muy pero que muy mala.
Ni los propios aficionados del Atlético Sanluqueño se creían lo que estaba pasando. Se vinieron arriba junto a los suyos al final del duelo y, ambos de la mano, consiguieron dejar los tres puntos en casa y, por qué no, empezar algo que pueda acabar con la permanencia.