La contracrónica
Este Nàstic de Tarragona, sin fútbol y sin alma
La derrota frente al Villarreal B acentúa las dudas de un equipo falto de confianza, con carencias estructurales y cada vez con menos margen de error en su lucha por evitar el descenso
Cedric Omoigui volvió a dejar una actuación muy discreta con la camiseta del Nàstic.
El Nàstic de Tarragona preocupa… y mucho. La derrota frente al Villarreal B no hizo más que constatar que, ahora mismo, el equipo de Cristóbal Parralo es un conjunto sin alma y sin fútbol, al que cualquier rival hace temblar. La confianza está por los suelos y lo peor es que pasan las semanas y no se perciben síntomas de mejoría.
La involución es total y los resultados no son más que el claro reflejo de que el conjunto tarraconense es un equipo que debe agachar la cabeza, pedir perdón y mirar de frente hacia los puestos de descenso. Da igual lo que se haya dicho o lo que se quiera pensar: mirar más allá de la salvación es un ejercicio en el que habría fe, pero también mucha irresponsabilidad. Se está para lo que se está… y ahora mismo se está al borde del abismo.
Uno de los argumentos que explican este clima de preocupación permanente en el que vive inmerso el club es que ya se han gastado dos balas llamadas a cambiar el rumbo del equipo. Dos decisiones de peso, dos apuestas de riesgo, que estaban pensadas para agitar al grupo y darle un impulso competitivo. Pero lo cierto es que no ha sido así, o al menos no lo está siendo. Cristóbal Parralo llegó al equipo tras la décima jornada y, después de unas primeras semanas de optimismo y esperanza, todo ha vuelto a la casilla de salida.
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El Nàstic sigue siendo un equipo con los mismos problemas estructurales: poco competitivo, con errores de bulto en defensa, sin continuidad en el juego y al que ahora se le ha añadido una preocupante falta de punch ofensivo que lo convierte en un conjunto todavía más vulnerable.
Con el paso de las jornadas se está demostrando que el foco del problema no estaba únicamente en el banquillo. Ni Luis César ni Cristóbal Parralo, dos entrenadores de nivel y con una trayectoria contrastada, han sido capaces de exprimir el potencial competitivo de la plantilla. Ambos han probado sistemas, han movido piezas, han buscado soluciones desde distintos registros, pero de momento no hay manera. El equipo sigue transmitiendo fragilidad, duda y una preocupante incapacidad para sostener los partidos cuando la exigencia aprieta.
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Y eso que el técnico cordobés sí ha contado con refuerzos de los que el gallego no pudo disponer. El mercado invernal debía servir para corregir carencias y aportar soluciones inmediatas, pero la realidad es que el impacto ha sido mínimo. La plantilla anda sobrada de juventud, pero también de inexperiencia.
Una cosa va de la mano de la otra y la única forma de paliarlo sería contar con un talento diferencial que ahora mismo tampoco se tiene. A este Nàstic le falta calidad para compensar esa falta de competitividad que aflora en demasiados tramos de los partidos y que castiga cualquier error como si fuera definitivo.
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Los fichajes del mercado invernal no están aportando el salto cualitativo que se esperaba. Quizá sea pronto para juzgar de manera individual, pero el contexto no admite demasiadas pausas. Este Nàstic mira el reloj y apenas distingue las agujas porque giran a toda velocidad. El tiempo no espera, la clasificación aprieta y los malos resultados solo alimentan un nerviosismo que se percibe en el césped, en el banquillo y en la grada.
Errar en el día menos apropiado
La derrota frente al Villarreal B duele especialmente porque, una vez más, se falló en el día más inapropiado. Era el partido ideal para reencontrarse con la victoria, hacerse fuerte en casa y poner tierra de por medio con la zona baja. No ocurrió nada de eso. El equipo volvió a mostrar sus carencias y dejó pasar una oportunidad que, en este tipo de temporadas, suele pagarse cara.
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La sensación es que el Nàstic ha perdido el control del relato y también del partido que está jugando esta temporada. Ya no manda ni el balón ni el calendario. Cada jornada es una cuenta atrás y cada error pesa el doble. El margen se estrecha, la clasificación aprieta y la salvación, que debería ser un objetivo incómodo pero asumible, se ha convertido en una obsesión. Porque cuando se vive al borde del abismo, no basta con buscar respuestas: hay que encontrarlas con urgencia. Y el problema es que, hoy por hoy, el Nàstic sigue sin dar con ellas.
Al aficionado del Nàstic de Tarragona solo se le puede recordar que el fútbol es así y que, a veces, no queda otra que resignarse, aunque duela... y mucho. Al menos, que no se olvide de que esto es solo fútbol. Conviene parar, tomar aire y poner las cosas en su sitio, porque hay realidades que sí asustan de verdad. Ojalá el próximo reencuentro con estas líneas sea con mejores noticias para el Nàstic y para los nuestros. Nos volveremos a leer. Fuerza, mientras tanto.