Ayudar a crecer
Equilibrio, pasión, innovación y aprender de los conocimientos y los errores

Xavier Oliver. Profesor de IESE Business School
Si me preguntan cuál es el trabajo más importante de un directivo, les respondería sin pensarlo un instante que es ayudar a crecer. Cuando digo esto, algunos me miran perplejos porque su primera respuesta se enfocaría a tener una visión clara, capacidad de motivar, ser responsables del negocio, etc. Pero yo creo que “ayudar” debería ser el primer apellido de alguien que tiene la responsabilidad de manejar un negocio y el segundo debería ser “crecer”.
Hay dos imágenes que son muy ilustrativas, ambas de un rebaño de ovejas. Lo único que cambia en ellas es que en la primera el pastor va delante y en la segunda detrás. Durante muchísimos años hemos creído que un directivo es el que va delante, quien más sabe, quien manda y a quien obedecen, respetan y siguen. Pero yo prefiero la segunda imagen con el pastor detrás, porque si yo fuera oveja, me encantaría mirar hacia delante sin nadie enfrente y poder tomar decisiones por mí mismo sin necesitad de estar siguiendo siempre al jefe. Y si así fuese, seguramente aprendería mucho más que si me limitaba a seguirle.
El pastor que va detrás está ayudando y empujando, el que va delante va tirando. Se puede dirigir de muchas maneras, pero la que es claramente mejor para mi es la que concentra todo el interés en el equipo, apoderándoles, encauzándoles hacia la innovación, motivándoles para que descubran continuamente, enseñándoles cuando es preciso y después, dejándoles nadar sin flotador. En eso consiste ayudar, ¿no les parece?
Ayudar es casi un sofisticado arte rítmico y silencioso que requiere pensar siempre en los demás y en cómo ayudarles a mejorar sus conocimientos, actitudes y comportamientos. Es una tarea magnífica que requiere saber mucho sobre los seres humanos y que precisa de gran atención para descubrir todas las dimensiones de los demás, a la vez que requiere buenas dosis de paciencia y credibilidad.
La segunda palabra clave para un directivo es crecer. ¿No es lo que los humanos hacemos sin parar? Siempre creciendo… Hace unos años, crecer era sinónimo de mejorar los números: más ventas, más clientes, más rentabilidad… Para ello, el directivo debía tener conocimientos que, a modo de varita mágica, convertían el esfuerzo en dinero. Hoy parece que ya no es el directivo el único responsable de que el negocio florezca, sino que se distribuye a lo largo y ancho de la plantilla, de todo el equipo y, si se quiere crecer, hace falta que todos estén alineados con los principios de la marca.
Parece que hacer crecer los números no debería ser el solo rasero para medir a un directivo sino su también su capacidad de ayudar a crecer a su equipo para convertirse en invencibles. La empresa no es un deporte individual, es de equipo y quien sepa hacerlo mejor es quien ganará la carrera.
¿Qué hace falta para que la gente crezca y no simplemente obedezca? Como en cualquier situación en la vida, hacer que quienes nos rodean crezcan nos hace mejores. Ello requiere mantener un interés constante y enorme capacidad de motivación. Y para alcanzarlos,
debemos poseer equilibrio, pasión, innovación constante y aprender a través de los conocimientos y los errores. Si tienen hijos, sabrán lo que es. Al principio ayudarles a adquirir cierta disciplina y, poco a poco, dejarles que ellos rijan sus movimientos, que espabilen, que se sientan amos de su destino. Al principio los padres son grandes -como los dibujan sus hijos pequeños- pero, poco a poco, van empequeñeciendo para que ellos crezcan y acaban siendo unos señores mayores muy queridos, pero a quienes necesitan mucho menos.
La vida de un directivo debería parecerse a eso: al principio hay mucho que hacer y al final algo que liderar y mucho escuchar. Tengo la enorme satisfacción de haber conocido a grandes directivos en mi vida que así me lo enseñaron y, aunque con muchas imperfecciones y errores, intenté emular lo que hicieron conmigo y conseguimos grandes éxitos con los equipos con quienes trabajé. Siempre detrás, empujando y corrigiendo si era necesario, pero dejando que todos ellos aprendiesen a gozar de su libertad ayudando a crecer a otros.
Xavier Oliver es profesor de IESE Business School