Economía

Apilar dinero o liderar con el corazón

Perder la visión humanista, abandonando los ideales de compartir escuchando, de amar al prójimo hasta el límite y ayudar a todos a crecer, se ha convertido en un error imperdonable

Apilar dinero o liderar con el corazón

Apilar dinero o liderar con el corazón

Xavier Oliver
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Si alguien quiere que una relación siga viva, lo que debe hacer es cultivarla, ¿no les parece? Cultivar tiene que ver con plantearse qué es lo que necesitan los demás, cómo puedo hacerles felices, cómo les ayudo cuando están de flojera y cómo me dejo ayudar, cómo los escucho atentamente, estoy pendiente de sus vidas y les ayudo a progresar. Si están de acuerdo en eso, les ruego recuerden mi último artículo en que les declaraba mi convencimiento de que las empresas no pueden liderarse de otra manera.

Creo que la pandemia que vivimos ha llevado a algunos a olvidarse de la importancia de convivir con otros seres humanos y aplican sin ningún apuro, ideas que solo fomentan la productividad, el individualismo y la falta de ese sustrato imprescindible que produce el respeto y amor por la empresa donde uno trabaja.

Recuerdo que cuando en el IESE muchos de nuestros alumnos internacionales en sus primeras sesiones, afirmaban que el objetivo primero de una empresa era ganar dinero, muchos nos sentíamos abatidos por esa aproximación tan economicista y defendíamos abiertamente que el dinero es la consecuencia de muchas otras acciones directivas, entre las cuales están el interesarse profundamente por los empleados para que desarrollen todas sus capacidades, hacerles partícipes de las acciones de gobierno y sentir que la empresa no es de los accionistas sino de quienes la conforman.

Algunas acciones que los líderes tenían que practicar, decíamos, son la humildad, escuchar atentamente, no creerse los más listos y que por ello deben tomar todas las decisiones, sino que su función es hacer que los demás las tomen con buen criterio. Es lo que denominaría ir del Yo al Tu. Dejar de pensar en mí y concentrar todo el interés ti.

Parece que hoy hay una tentación a volver a esa postura de los alumnos de primero del Máster. Los cambios que se están operando en el mercado parecen gobernados por quienes tienen interés en amasar dinero al igual que muchos amasamos cosas y experiencias. A ese fenómeno me gusta llamarle apilar: apilar camisetas, zapatos y ropa en general, apilar experiencias gastronómicas únicas, viajes exóticos... no hace falta volver a aquel lugar que tanto nos gustó, lo importante es descubrir lo nuevo y poderlo explicar. Apilar dinero es también una obsesión ampliamente compartida.

Hoy parece que algunas empresas usan a sus empleados como nosotros las camisetas apiladas en el armario

Y la consecuencia de lo que hemos venido a llamar el consumismo nos ha llevado a concebir la empresa como un ser vivo que se renueva cada día. Antes esa empresa éramos todos que compartíamos un ideal común, hoy parece que algunas empresas usan a sus empleados como nosotros las numerosas camisetas apiladas en el armario.

Me encanta la discusión sobre el trabajo presencial o a distancia. Cuando trabajamos frente a un ordenador, el trabajo del directivo se simplifica muchísimo porque si estuviésemos en la oficina tendría que preocuparme de ti, mirarte a los ojos y preguntarte qué te pasa, cómo lo ves, qué harías tú... pero si te tengo frente a mí en una pantalla, lo único que me interesa es a lo que vamos.

Y bien saben ustedes que para que una relación siga viva debería cumplirse lo que he escrito en el primer párrafo, cosa que a distancia es muy difícil. Estamos volviendo a olvidar la experiencia humana en la empresa en aras de una comodidad de seguir descalzos todo el día frente al ordenador, no teniendo que preocuparnos tanto por los demás. Y eso pasa factura.

Cuando hablamos de la indiferencia de muchos por la empresa en la que trabajan, ¿es eso una tendencia que se ha generado por la avidez de los colaboradores que van a por el mejor postor y trabajo, está provocado porque los directivos solo necesitan al activo humano para poder llevar a cabo su cometido de liderar empresas reconocidas que vendan más y les permita ascender a la cima de la pirámide?

Creo que perder la visión humanista, abandonando los ideales de compartir escuchando, de amar al prójimo hasta el límite (los empleados son el prójimo también) y ayudar a todos a crecer porque eso es el secreto del crecimiento de la empresa, se ha convertido en un error imperdonable.

Hay muchas personas listas e inteligentes en el mundo -eso podemos asegurarlo quienes nos dedicamos a la docencia-. El hacerles participar de un proyecto debería ser el objetivo, debería ser nuestra obsesión y creo, sinceramente, que así se generaría mucha más riqueza que concentrando todos los esfuerzos en conseguirla.

Xavier Oliver es profesor del IESE Business School

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