Economía

Odio las notas

Lo más importante hoy es que los alumnos logren conectar y sintonizar con el profesor y sus compañeros, que se queden con ganas de aprender más

Xavier Oliver
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El titular obedece a un ardid publicitario para interesar al lector, pero también es un convencimiento profundo de que algo no estamos haciendo bien en los colegios y en las universidades y nos cuesta enormemente cambiarlo.

Empecemos por el principio: ¿cuál es el objetivo de la enseñanza? Me responderán que obviamente, enseñar. Y ¿qué es enseñar? Lo he buscado en el diccionario y dice: «Comunicar conocimientos, ideas, experiencias, habilidades o hábitos a una persona que no los tiene». O sea que es como un corta y pega. Lo que yo sé te lo paso a ti. El problema viene cuando el receptor no lo asimila, porque es ese el momento en que el profesor monta en cólera y descarga su ira en el alumno porque no atiende o no estudia lo suficiente. Y el profesor siempre tiene razón, ¿no lo han oído por ahí?

Unos de los ejemplos que uso a menudo para contar este sistema del sabio que enseña a quien no sabe es cuando algún profesor me dice: “el examen de la semana pasada lo suspendieron más del 80% de mis alumnos” y yo me troncho, porque lo que me está diciendo es que es un desastre como maestro. Si no han cumplido sus expectativas, ¿no podría ser que quien se equivoca es él?

Si no sabemos motivar, entusiasmar y hacer vibrar a nuestros alumnos no les extrañe que al final casi todo acabe mal. Esto es algo que han aprendido los artistas, los músicos, los cocineros y hasta los guías turísticos: si no despierto su interés, estoy muerto. Diría que eso les pasa a todos aquellos que tienen la necesidad de agradar a su público. ¿Y a los profesores también? Pues, en mi opinión no a todos, porque es muy difícil para el que cree saber más, hacerse pequeño y comerse la soberbia.

Quienes deberían suspender son los profesores por no haber conseguido electrizar a los alumnos con su materia

Vivimos una época de comunicación exagerada y lograr romper la apatía que eso crea debería ser un objetivo prioritario para todos quienes trabajamos con personas. Sabemos que el reñir, el gritar, el desengañar, el tratar de someter e incluso el amenazar con suspensos no lleva a ninguna parte más que al abandono y a la pérdida de autoestima del alumno. Pero seguimos con los mismos métodos. Lo más importante hoy es que los alumnos logren conectar y sintonizar con el profesor y sus compañeros, que disfruten de las sesiones, que se queden con ganas de aprender más.

Quizás les parezca que lo que aprendemos nos sirve de mucho, pero, es solo una parte de la verdad. Las habilidades son imprescindibles y básicas. Si no sabemos hablar, leer, escribir, matemáticas y algunas cosas más, no avanzaremos en la vida. Pero muchas veces convertimos en habilidades algunos conocimientos que no son ni imprescindibles ni les van a servir en el futuro. Pero si fuésemos capaces de hacer que los alumnos se interesasen por ese conocimiento, ya habríamos dado un paso de gigante. Lo importante, sin embargo, es pensar en por qué no todos se interesan.

Normalmente la reacción de los profesores es suspender a quienes no han mostrado interés, cuando, quienes deberían suspender son los profesores por no haber conseguido electrizarles con su materia. A mí no me gustan mucho las finanzas, pero en los largos años que he pasado en el IESE me han fascinado muchos profesores de finanzas en sus sesiones. Para mí, que consigan hacer que un tema tan complejo sea sencillo y que los alumnos estén fascinados discutiendo un balance me parece milagroso, pero lo hacen, lo consiguen ¡y lo bordan!

Odio las notas porque no demuestran la valía de cada alumno, porque no demuestran que un alumno con un 7 sea más que uno con un 6 porque medir el conocimiento no es una ciencia exacta y precisar es casi imposible. Odio las notas porque no quiero ser más que mis alumnos: ni más sabio ni más listo ni más nada. Me gustaría ser capaz de hacer que se interesen, que aplaudan al final de nuestras discusiones, que recuerden esos debates sobre las diferentes decisiones que podían tomar ante un caso. Creo que eso es lo que más les va a servir en la vida: que escuchen a los demás y sus opiniones, que se interesen, que descubran, que debatan y finalmente, que aprendan a tomar decisiones de manera eficaz, rápida. Por eso odio las notas, porque no sirven para nada de eso.

Xavier Oliver, profesor del IESE Business School.

Xavier Oliver, profesor del IESE Business School.

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