«El acuerdo de cesión no llegó a Roma nunca»

El Arquebisbat de Tarragona presenta una contrapropuesta para «evitar manifestaciones contrarias a la moral cristiana». El Ayuntamiento y la Diputació de Tarragona la consideran «inasumible» al afectar al derecho de libertad de expresión. Las partes se reúnen este jueves

El estado del acuerdo que permitiría rehabilitar y convertir el edificio del Centre Catòlic en teatro municipal presenta «cambios importantes», en palabras del alcalde de Reus, Carles Pellicer, este lunes 30 de enero. El proyecto, consensuado a tres bandas –Ayuntamiento de Reus, Diputació de Tarragona y Prioral de Sant Pere– peligra. Y es que, como avanzó anteayer el Diari Més, el Arzobispado de Tarragona presentó una contrapropuesta al acuerdo principal, en la que se supeditaba la cesión del edificio al Ayuntamiento a unas nuevas condiciones.

Estas afectaban al derecho a la libertad de expresión principalmente, pero también a la fórmula jurídica y la duración de la cesión del equipamiento y la gratuidad y disponibilidad de los espacios. Estos términos son, para la administración local, «inasumibles». Algo que ha suscrito también la presidenta de la Diputació, Noemí Llauradó. Según Pellicer: «No puedo firmar un convenio de estas características, en el que se quiere ejercer un control sobre la libertad de expresión, se quiere vigilar que la futura programación cultural no contravenga la moral cristiana».

Llauradó ha dicho, por su parte, que desde el primer momento, «vimos bien el proyecto y prueba de ello, fue que la Diputació destinó su presupuesto inicial a ello, preveíamos destinar 375.000 euros». «Si el acuerdo de colaboración con el Ayuntamiento no se formaliza finalmente, redireccionaremos el dinero que íbamos a destinar a este menester a otras partidas presupuestarias, para otras necesidades», apuntó la representante del ente supracomarcal.

El alcalde expuso que no habían dicho nada hasta ahora porque estaban negociando con la Iglesia. «Recibir esta nueva propuesta supone volver al principio, con unos términos diferentes de los acordados inicialmente. Hace unos 20 días que pedimos reunirnos con el Arzobispado, esperamos hacerlo este jueves. Ha sido imposible avanzar el encuentro», insistió Pellicer. Fuentes del Arzobispado consultadas por el Diari prefieren abstenerse a decir nada aún sobre el asunto, al menos hasta que se realice la reunión programada de esta semana.

Un trabajo con «buena voluntad»

Pellicer lamentó la situación actual: «Desde la Iglesia, nos pidieron ayuda, hubo una negociación y buscamos la mejor solución para que, además, el Bravium Teatre pudiera mantener su actividad allí en el futuro». De hecho, el alcalde se comprometió a seguir buscando una solución para el Bravium Teatre: «Actuaremos en la medida de lo posible, yo no tengo mucho más margen».

Ha sido «un trabajo de más de un año, hecho con buena voluntad», un proyecto que «no estaba incluído en el Pla d’Acció Municipal» y para el que «buscamos recursos económicos para llevarlo a buen puerto».

Para la administración local, el acuerdo servía para «impulsar el edificio», pero también para «apostar por la cultura», y todo ello se iba a tirar adelante a través de «una gran inversión municipal, de casi tres millones, y con una cesión gratuita de 99 años».

El alcalde de la ciudad leyó algunos fragmentos literales sobre las condiciones del Arzobispado. En términos éticos, por ejemplo, la Iglesia consideraba necesario insertar una cláusula de estilo dentro del contrato, «a efectos de evitar manifestaciones y expresiones contrarias a la moral cristiana en unos espacios que seguirán siendo el Centre Catòlic de Reus». En este sentido, tanto Ayuntamiento como Diputació consideran que «la cláusula de estilo es una frontera ética que un Ayuntamiento no puede, ni debe traspasar, y que rompería con nuestra obligación de actuar en beneficio de toda la ciudadanía y con los valores públicos de la actividad».

En términos jurídicos y económicos, la Iglesia proponía: «Estaríamos de acuerdo en llegar a 50 años, pero en otro formato. No podemos realizar una negociación más allá de 50 años en las condiciones planteadas». En relación a la retribución de la cesión, la contrapropuesta continuaba tal que así: «Propondríamos la constitución de un contrato de comodato del edificio que, por su propia naturaleza, es gratuito durante un período de 25 años; pasado​este período y vencido el plazo del comodato, y de forma consecutiva y pre firmada, entraría en vigor el siguiente tramo de la relación contractual, que podría estar representada por un derecho de superficie o alquiler por otro período de 25 años más».

A lo que Pellicer y Llauradó determinaron que «no son años suficientes como para amortizar las inversiones que requiere el edificio para su rehabilitación tal y como está actualmente, lo que afianza el carácter lucrativo para el titular del inmueble». En esta línea, añadieron, también, que el mero hecho de pagar un cánon, supondría «pagar dos veces por lo mismo, es decir, para la rehabilitación y además el alquiler».

En cuanto a los términos de gestión de los espacios, el Arzobispado propone: «Debemos disponer de una planta entera del edificio. No se considera viable compatibilizar la convivencia de entidades con actividades tan distintas en un espacio. Tampoco se considera aceptable hipotecar durante un período tan extraordinario [refiriéndose a los 99 años iniciales] un uso tan limitado de las instalaciones frente a un posible incremento de las necesidades de espacios por parte de la Parroquia de Sant Pere o en general, por la Iglesia».

El Arzobispado proponía darle un «uso exclusivo» a la segunda planta y que la planta baja y primera la usara el Ayuntamiento. «El mantenimiento de todo el edificio sería del Ayuntamiento» y la adecuación básica de la segunda planta, también del Ayuntamiento, «cuya adecuación definitiva por el uso de los espacios correspondería a la Prioral».

La contrapropuesta dejaba claro, además, que «el Centre Catòlic de Reus no es el Bravium Teatre» y que, por tanto, se debía seguir llamando como tal. Dentro del Centre Catòlic, «por supuesto, puede desarrollar su actividad el Bravium Teatre o las entidades que el Ayuntamiento determine, pero el espacio seguirá denominándose Centre Catòlic».

El beneplácito de Roma

El avance del acuerdo ya iba con retraso al empezar el año 2023, ya que la firma del acuerdo entre Ayuntamiento y Prioral y la del protocolo de colaboración entre Ayuntamiento y Diputació, no tuvieron lugar el pasado noviembre del año pasado, como estaba estipulado en un principio.

Antes de firmar, era necesario el beneplácito de Roma. Sobre el tema, el alcalde aportó que «el acuerdo de cesión no llegó a Roma nunca, ni salió de Reus». «Yo fui informado de que se necesitaba el beneplácito de Roma instantes antes de realizar la rueda de prensa de noviembre, en la que presentamos el acuerdo a tres bandas», reconoció.

El presidente del Bravium Teatre, Ferran Figuerola, expresa que, al convocarnos el alcalde ayer, tres cuartos de hora antes de la realización de la rueda de prensa, «conocimos todos los detalles, aparte de haber visto un avance publicado en la prensa, también».

Figuerola explica que el equipo del Bravium «es la gente, nosotros seguiremos adelante». Aunque no cuentan con un espacio físico fijo, «seguimos usando la sede social de la calle de Sant Llorenç gracias a un compañero y el Orfeó Reusenc sigue acogiendo nuestra programación teatral».

Los miembros del Bravium Teatre no contaban con este cambio en el acuerdo. «No contábamos con esto, no teníamos tampoco unos planes de futuro fijos. Ahora encontrar un espacio en el que podamos hacer teatro es algo complicado, a no ser que se construyera un espacio con esos fines», declara el presidente del Bravium Teatre, Ferran Figuerola.

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