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Derechos Humanos

Tres años del asesinato de Mahsa Amini a manos del régimen de Irán

La muerte de esta joven kurda, apaleada por llevar el pelo sin cubrir, abrió nuevos caminos de rebeldía para las mujeres en Irán, donde afloran pequeñas mejoras

Mahsa Amini murió el 16 de septiembre de 2022 tras una paliza a manos de la policía de la moral iraní

Mahsa Amini murió el 16 de septiembre de 2022 tras una paliza a manos de la policía de la moral iraníVITO BATCHILLERIA

P.J. Armengou

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Tres años ya. Casi 1.100 días desde que agentes de la policía de la moral de Irán apresaran, torturaran, apalearan y, finalmente, causaran la muerte a la joven kurda Mahsa Amini. Su delito: haber dejado al descubierto algunos mechones de cabello, bajo el velo islámico, durante una visita a su hermano en Teherán

Tres años. Tres vueltas al sol desde que el pueblo iraní, liderado por sus mujeres, se echara a las calles reclamando mayores libertades, la supresión de la ley del hiyab o, incluso, el desmantelamiento de la propia República Islámica. La represión del gobierno causó al menos 500 muertos y 22.000 detenidos. 

Tres años -qué rápido pasa el tiempo, y qué fácil es olvidar- de los eslóganes en redes sociales, de los cortes de pelo en las plazas públicas, de manifestaciones por todo el mundo, de grandes muestras de solidaridad con el pueblo persa. De los gritos de "Mujer, vida, libertad".

No mucho ha cambiado desde entonces en Irán, aunque ha habido progresos, que no podrían entenderse si no fuera por Mahsa Amini. 

Los ayatolás siguen dirigiendo con mano de hierro y autoridad divina el país, y el régimen -al menos aparentemente- ha soportado los envites del tiempo, la oposición de buena parte de la población e incluso una guerra abierta con Israel

La estructura del Estado -basada en la supremacía del Líder Supremo y de los cuerpos de seguridad como los Guardianes de la Revolución- permanece intacta. Igual que su capacidad represiva.

Pero la muerte de Amini no ha sido en vano. El actual presidente iraní, Masud Pezeshkian, ha intentado moderar el discurso y relajar algunas medidas, marcando distancias con gobiernos anteriores más conservadores.

En los últimos años, Pezeshkian ha detenido una ley que buscaba endurecer aún más las penalizaciones por no portar el velo, y ha declarado que ya no se aplicarán sanciones a las mujeres que lo lleven de forma “incorrecta”. 

También se han abierto debates sobre otros derechos que hasta ahora estaban muy restringidos para las mujeres, como el de poder obtener licencias para conducir motocicletas, prohibidas desde hace décadas 

Sin embargo, estas reformas no equivalen a una apertura total: aunque en las calles de Teherán se empieza a percibir que las mujeres se sienten más libres, con melenas al viento y ropas más modernas, los aparatos de seguridad y el poder judicial siguen en manos de los sectores más duros del régimen.

La guerra con Israel

Al mismo tiempo, el conflicto abierto con Israel (largamente sostenido en las sombras, pero ahora más presente que nunca) ha resultado ser un elemento distorsionador en todo este proceso de apertura y reticencias en el seno de Irán.

Por un lado, el éxito de la campaña aérea de las Fuerzas de Defensa de Israel contra objetivos militares y nucleares en territorio Iraní ha mostrado las vergüenzas del régimen. Irán tiene graves vulnerabilidades militares y de inteligencia, y eso es algo que ve tanto la oposición interna, como sus enemigos externos.

Al mismo tiempo, la narrativa de resistencia nacionalista y la sensación de hacer frente a una agresión exterior -y nada más que del "enemigo sionista"- ha servido para cohesionar al pueblo iraní y justificar al régimen, que ha llevado a cabo ejercicios de represión interna con la excusa del espionaje.

El mundo no ha cambiado tanto desde la muerte de Amini. Irán ya estaba involucrada en la guerra de Gaza en 2022, aunque no fuera abiertamente. El mundo miraba a Irán con la misma mezcla de curiosidad, apatía y miedo. Y el régimen de los ayatolás, se sentía igual de impune. Aunque, quizá, ahora un poco menos.

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