¿Quién mató al guarda del coto de caza del marqués de Marianao en Miami Platja?

Este próximo mes de septiembre se cumple el centenario de uno de los crímenes más sonados en Mont-roig del Camp. Se condenó a dos personas, pero un tercero confesó el crimen en el lecho de muerte

24 febrero 2022 10:10 | Actualizado a 27 febrero 2022 14:38
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Eran las 7 de la mañana del domingo 3 de septiembre de 1922. Sin duda un día como cualquier otro para la pareja de agentes de la Guardia Civil de L’Hospitalet de l’Infant que realizaba la ronda por las tranquilas masías de su jurisdicción. Esa mañana tocaba visitar una de las fincas más notables, la casa del coto de caza del marqués de Marianao, Salvador Samà (1861-1933), situada actualmente en la avenida de Saragossa de Miami Platja (en aquella época todavía no existía esta denominación).

Al llegar a la propiedad, la pareja de agentes se encontraría con una macabra sorpresa que jamás olvidarían. Tendido tras el portal de la vivienda, yacía envuelto en un charco de sangre el cuerpo sin vida del guarda de la finca, Pedro Aragonés Toda, conocido con el sobrenombre de Niceto.

Este mes de septiembre se cumple el centenario de su asesinato, perpetuado en la memoria popular. ¿Qué parte de la historia que nos ha llegado es real y que parte sería ficción? No lo podríamos decir con exactitud, pero vale la pena explicarla.

Las cacerías del marqués

Salvador Samà organizaba cacerías en su finca de Mont-roig, tanto para amistades de la alta sociedad como para asociaciones cinegéticas, como el Centro de aficionados a la caza de Reus. Algunas las he podido documentar, como es el caso de las de años 1925 y 1928. En esta última, la del día 5 de diciembre participaron 350 personas entre cazadores y acompañantes de 19 poblaciones de la provincia.

No sería de extrañar que el viento de Mestral hiciera acto de presencia en esa cacería, por lo que hasta las 11 de la mañana no se pudo empezar a disparar, pero aun así el total de piezas cobradas fue de 2 ciervos, 155 conejos, 8 perdices y 65 tordos. Uno de los ciervos abatidos por el marqués fue donado a las Hermanitas de los pobres y al Asilo del Sagrado Corazón.

Este ejemplo nos permite argumentar que con tan abundante y extraordinaria riqueza de caza se hacía complejo controlar a los furtivos del lugar, con los que se generaban frecuentes fricciones.

De los guardas de los que nos ha llegado noticia: Valentí, el Sans o Prudencio sin duda el que acumulaba más problemas era el asesinado Pedro Aragonés Toda, que formaba parte de la plantilla del coto desde hacía más de 30 años. Se dice de él que era una persona leal y celosa del cumplimiento de su deber y por ello, se había granjeado por ello múltiples enemigos.

Según el testimonio de Vicenç Toda que me ha trasmitido generosamente la versión de los hechos más extensa y completa procedente de su padre Josep Toda Espasa, en una ocasión Pedro Aragonés recibió una paliza de dos hermanos (o un padre y un hijo según la versión) de L’Hospitalet de l’Infant.

La razón de la agresión se debía a que supuestamente les había envenenado su mejor perro con bolas de estricnina. A Niceto lo dejaron medio muerto y le advirtieron de que si volvía a hacerlo le matarían. El guarda se rehízo de la paliza, pero su destino parecía haber quedado escrito. En 1922 tenía 70 años. Su mujer se había separado hacía pocos meses después de la muerte de su hijo, que dejaba una viuda llamada Teresa Marcona que residió después en la calle del Hospital de Mont-roig. Por estas razones, Pedro vivía solo.

No solía abandonar el coto, pero el sábado 2 de septiembre estuvo en Tarragona para unos asuntos personales y volvió con el tren que salía a las 11.45 horas. El viaje era lento y al llegar a la estación entre las 15 y las 15.30 horas, se dirigió a su casa. Sobre las 19 horas acabó de cenar y salió a la calle a tomar un rato la fresca y dejó el porrón de vino apoyado en el tranco.

Lo que no imaginaba Niceto era que un asesino le acechaba, pacientemente, agazapado detrás de un matorral. A sólo 8 pasos, armado con una escopeta, sólo necesitó un certero disparo en la cabeza para matarlo. El guarda se tambaleó y cayó desplomado dentro de la casa dejando tras de sí un reguero de sangre en el suelo. A primera vista nada se echó en falta en la vivienda por lo que se descartó el robo como móvil del crimen cuando se abrió la investigación del asesinato. 

Todas las miradas recayeron sobre los dos hermanos (o padre e hijo) de L’Hospitalet que le habían propinado la paliza tiempo atrás. A pesar de reclamar efusivamente su inocencia fueron detenidos, juzgados y condenados por el crimen del guarda  Pedro Aragonés.

Años después, el caso dio un giro inesperado. El capitán del cuartel de Maria Cristina había enfermado muy gravemente y en el lecho de muerte solicitó la presencia de un cura. Frente al religioso manifestó su deseo de liberarle del secreto de confesión y reconoció que había asesinado a Niceto por venganza. A él también le había matado un perro fue la excusa. Tras la sorprendente declaración, las dos personas injustamente condenadas fueron liberadas del presidio.

La huella del apellido Samà

A la gente de la provincia de Tarragona el apellido Samà nos dirige mentalmente al exótico parque situado en el término municipal de Cambrils, la residencia de descanso encargada por el marqués en 1881. Allí, el arquitecto Josep Fontseré y un joven Antoni Gaudí crearon alrededor del palacio un ambiente de ensueño entre lagos, grutas y puentes colgantes que rememoraba el pasado colonial de la familia.

Salvador, heredero de esta rica saga de indianos que había hecho fortuna en Cuba, era una persona prestigiosa en su época. Fue diputado en las Cortes, senador y dos veces alcalde de Barcelona. Cercano al rey Alfonso XIII, bautizó con el nombre de la reina madre, Maria Cristina (de Habsburgo-Lorena), el cuartel de Carabineros del Estany Salat o Gelat, ocupado en guardar la costa de contrabandistas.

La relación del marqués con  Mont-roig nació pronto. La delicada salud de su hija María Josefa le llevó a frecuentar la ermita del Mare de Déu de la Roca, obedeciendo a los consejos de los médicos de tomar aire puro. La familia ocuparía la estancia más amplia y con mejores vistas, que aún hoy se conoce como la habitación del marqués.

Empezó a colaborar económicamente en la reparación del edificio, aportando 3.000 pesetas que se emplearían entre otras cosas en el embaldosado de la plaza y la construcción de unos establos para resguardar a sus caballos. Como gratitud a su generoso mecenazgo se instalaría una lápida con su nombre en el presbítero de la ermita, y el 27 de julio de 1890 se le nombraría patrón del santuario.

Gran aficionado a la caza, el marqués adquirió en diciembre de 1890 en el mismo término municipal mil jornales de pino y monte bajo situados entre el riu Llastres y el Estany Gelat o Salat, donde emplazaría un coto privado de caza. Posteriormente lo ampliaría en una sucesiva compra hasta completar las 700 hectáreas que conformarían ‘lo vedat’. Para evitar el paso de pastores, y sobre todo la incursión de furtivos, construyó dos edificios en los dos extremos de su propiedad para albergar a los guardas.

La casa pequeña se encontraba cerca de Miramar y la más grande en las proximidades de L’Hospitalet. Esta última estaba compuesta por cuatro pabellones, dos de ellos correspondían a la residencia del noble, uno a la casa del guarda y el último a las caballerizas. Lo completaba una imponente torre de vigilancia donde avistaba sus dominios.

La enorme extensión del vedado le obligó a acomodar otros dos espacios donde refugiarse en el caso de fueran sorprendidos por la lluvia, el de la Cova del Flabiol y el de las Coves del Roure, en el barranco de Costa Zefir.

Diseminados por el campo instaló varios bancos de ladrillo donde se encaramaba para tener mejor visión y ángulo de tiro para cazar. De todas estas construcciones tal vez la más destacable sea la caseta de la caza del pato del Estany Salat o Gelat, elaborada con la misma argamasa de Rocalla utilizada en los jardines del parque, es decir con mortero de cal mezclado con piedra y óxido de hierro.

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