Un Festival con nombres propios

Cine. La 71 edición del Festival de San Sebastián ha reunido algunos de los mejores títulos de esta temporada

01 octubre 2023 13:08 | Actualizado a 01 octubre 2023 13:11
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La última edición del Festival de San Sebastián comenzó a la luz de la polémica de la entrevista-reportaje No me llame Ternera, aunque, por suerte, el conflicto en torno a la larga entrevista de Jordi Évole al exmiembro de ETA Josu Ternera fue dando paso al debate cinematográfico.

El mismo viernes de la inauguración, se le entregaba un premio honorífico al genio de la animación Hayao Miyazaki. La esperada El chico y la garza sirvió tanto para reencontrarse con los trazos grotescos y fantasiosos de su autor como de despedida: se supone que esta tiene que ser la última película de Miyazaki.

Esta edición del festival de San Sebastián ha destacado seguramente por la sección de Perlas y por Zabaltegui, por aquellos títulos que pasaron primero por Cannes o por Berlín y que el festival recupera para aquellos que no los hayan visto. Así, se presentó por ejemplo la ganadora de la palma de oro Anatomía de una caída, que comienza como si fuera un film de misterio, sobre la muerte de un hombre en su casa en los Alpes, y termina como una disección de la verdad, la mentira y la ficción cuando la esposa del fallecido es llevada a juicio por presunto homicidio.

Perfectamente llevada desde la dirección por Justine Triet, Anatomía de una caída cuenta con una de las actrices del momento, Sandra Hüller. Ella es también la protagonista de La zona de interés, la monumental adaptación que Jonathan Glazer ha hecho de la novela homónima de Martin Amis. Ahora bien, si el texto original se centra en diversos puntos de vista para revelar el horror de los campos de concentración, la película de Glazer se centra eminentemente en uno: el de la familia del oficial nazi encargado de Auschwitz. Con una puesta en escena distante, que permanece casi completamente al otro lado de la balla del campo, la película resulta terrorífica sin que veamos en ningún momento aquel horror indescriptible e irrepresentable, que se evidencia únicamente a través del sonido. Se trata de revelar aquella banalidad del mal de la que escribió Hannah Arendt, y que aquí se encarna en la figura del oficial y sobre todo de su esposa, que vive feliz en lo que para ella es un ‘paraíso’, una casa de lujo junto a los pies del epicentro del horror.

Todas estas son películas vistas en la sección Perlas, igual que lo es Secretos de un escándalo, lo mejor que pude ver en esta edición de San Sebastián. En ella, otro maestro, Todd Haynes, regresa al terreno que más conoce y más ama, el del melodrama. Lo hace, sin embargo, alejándose del cine de los años cincuenta, que siempre le ha servido de referente; y acercándose por momentos al thriller erótico de los ochenta y noventa. La historia de una actriz que tiene que va a interpretar a una mujer que, años atrás, protagonizó un escándalo por su relación con un menor es solo la punta del iceberg de una película fascinante.

Secretos de un escándalo es, sobre todo, una película sobre el trabajo de la actriz. Natalie Portman es la estrella que quiere capturar la realidad de lo sucedido en la pantalla; y Julianne Moore (musa de Haynes) es la mujer en la que se basa la película de la ficción. A partir de aquí, Haynes compone un juego de vampirismo, que escudriña los secretos de ese misterio insondable que es la interpretación.

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