Pau García, el artista que hace volar al público

El campeón del Mundo del Reus Deportiu siente una especial motivación cuando salta a la pista; entregarse a la gente. Desde hace dos años reside en el barri Niloga y quiere formarse para convertirse en entrenador

10 julio 2019 17:34 | Actualizado a 12 julio 2019 12:09
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Hace justo once años, cuando Mercè se dispuso a atender la petición de su hijo, Pau, se encontró que en Parets del Vallès, la población natural de la familia, había lista de espera en la sección de patinaje. Pau García, por aquel entonces, sólo contaba con siete de edad y no ocultaba un extremo deseo; el patinaje artístico. Cada día, al llegar a casa después de la escuela, Pau preguntaba a mamá si habían llamado del club, pero la respuesta solía ser negativa. 

Mercè tomó una determinación paralela para contentar a su hijo. Decidió trasladarle a Lliçà de Munt para que completar su aspiración. Lliçà es una localidad fronteriza con Parets y la demanda de patinadores no resulta tan exagerada. Justo el día que madre e hijo iban a tomar el coche e ingresar en la entidad vecina, llamó el Parets. Caprichos del destino. Aquella llamada no sólo supuso un simple cambio de planes. Ha marcado la vida de Pau García.

Pau prefirió quedarse en casa y cuando se colocó sus primeros patines topó con una persona clave en su actual carrera y en su formación personal. Óscar Molins ejercía ya como entrenador de la sección de patinaje del Parets del Vallès y no vio en él excesivo talento primerizo, sí, en cambio, una ilusión desmesurada por entrenar y aprender. Esa actitud atrapó al entrenador, que le mantuvo en la terna de futuribles aspirantes. Pau tardó un par de años en cultivar posibilidades. No paró hasta conseguir una mejoría sustancial en su estilo de patinaje. 

El padre adoptivo
Impulsivo, muy entregado a su gente y con los objetivos absolutamente claros, García se postuló como una promesa firme del patinaje internacional bajo la tutela de Óscar Molins, su padre adoptivo y actual guía deportivo. Lo ha criado desde los siete años, conoce sus paraísos y sus infiernos. El actual patinador del Reus Deportiu terminó la fase inicial de estudios con la ESO hasta que Óscar decidió llevárselo al Reus, hace justo año y medio. El cambio de aires del técnico, que prefirió aceptar la propuesta reusense por recursos y condiciones, también supuso un cambio a nivel vital para Pau. Con 17 años abandonó su zona de confort para asumir un reto mayúsculo; devolver a la sección de patinaje rojinegra al lugar que siempre le perteneció.

La química entre Óscar y Pau se hace irrompible. Comparten piso en el barri Niloga, justo a escasos metros del Reus Deportiu, donde entrenan a diario y prácticamente pasan las horas. Además de completar sus estudios con alguna licenciatura de futuro, el campeón del Mundo ya ha dejado claro que quiere dedicarse a entrenar cuando finalice su trayecto. Dispone del primer título y en breve cursará el segundo. Su relación con el patinaje es asombrosa.

La ovación del Sant Jordi
«Pau patina para el público, por eso, cuando salta a la pista, no le puede la responsabilidad. El aplauso de la gente le ayuda, no le perjudica. La presión se la pone día a día», reflexiona Molins, un entrenador que también le exige. La ovación cerrada, en pie, del Sant Jordi Club, este pasado domingo, define una actuación maravillosa del rojinegro en el programa largo del Mundial, el que le dio su segundo título consecutivo en categoría júnior. Pau agradeció el cariño con lágrimas en los ojos. Fue un campeón sin sospechas, muy por encima del resto de sus rivales. El primer Mundial, hace justo un verano en Francia, se dio con el del Reus Deportiu todavía en edad juvenil. La Federación decidió avanzarle de edad consciente de su potencial y de las posibilidades serias de medalla. Respondió con creces el chico, que se apuntó un título que ha corroborado un progreso descomunal.

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