Del infierno de las cárceles de Perú a Reus: 'Fue un infierno'

Mónica, Emma y Laura ya están de vuelta en Reus. Han cumplido condena en Perú por pasar droga. La crisis disparó los casos. Las mafias reclutaban incluso en la cola del paro

19 mayo 2017 16:04 | Actualizado a 21 mayo 2017 14:12
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A Mónica le tentaron con 20.000 euros por entrar en España cinco kilos de coca de Perú. «Tengo algo y no sé si te puede interesar», le dijo por Facebook una antigua amistad. Quedaron en persona. En un primer momento declinó el ‘trabajo’. «Me reí y pensé: ‘¿Estás loco? ¿Cómo puedes estar planteándome esto?’», cuenta ahora, ya de regreso a Reus, después de cumplir su pena en tres cárceles del país sudamericano.

Pero todo se truncó para Mónica, que por entonces trabajaba y tenía un hijo. Luego llegó la separación de su marido, el paro, el final del subsidio. «Perdí el trabajo. Regresé a casa de mi padre pero también me fui de allí. Acabé viviendo con mi hijo en un hotel, pero no podía continuar así. Ya no me quedaba dinero».

 

‘Por un hijo se hace todo’

A Laura (nombre ficticio) le pasó lo mismo. Desde septiembre está en Reus, después de cumplir una condena de cinco años y cinco meses. Ahora trabaja y vive feliz con su hijo, aunque comparte con Mónica la desesperación que lo desencadenó todo: «Yo era madre soltera y me lo propusieron unos conocidos. La cantidad que te ofrecen te llena los ojos. Me daban 13.000 euros por traer droga de Perú a España. No me dijeron la cantidad. La supe después».

Ambas dijeron ‘sí’. Mónica rectificó aquel ‘no’ inicial. «Sola no habría hecho eso, pero por un hijo se hace todo. Acepté sin pensar en las consecuencias. Era como si estuviera hipnotizada. Sentía que tenía que hacerlo y punto. No era yo, a día de hoy no sé cómo pude hacerlo, yo nunca había hecho algo así. Dicen que es dinero fácil, pero no lo es». Laura también se dejó llevar: «Me dijeron que estaba todo arreglado, que no podía pasar nada».

Pero sí pasó. Ypasó lo peor. Voló de España a Perú. Estuvo dos semanas en Lima. El día decisivo le dieron una maleta. «Allí me pararon, me la abrieron y pincharon la bolsa con la droga. Me esposaron, me dejaron en una silla. Luego, al Palacio de Justicia».

A Laura la cogieron con 225 gramos de cocaína, una cantidad muy pequeña. «Es muy habitual que las mafias cojan a gente para pasar poco material. Aprovechan esa detención para que por otro lugar del aeropuerto pase alguien con una cantidad más grande», indica Laura. En ocasiones se producen auténticas encerronas en los aeropuertos. A veces las detenciones tienen lugar tras haberse compinchado las fuerzas de seguridad. Pueden arrestar a dos personas a cambio de que tres logren pasar el control.

A Emma, otra reusense, le pasó algo similar. Ella lleva dos semanas en Reus, de regreso. Fue expulsada del país tras cumplir su condena. A España llega sin antecedentes penales. Ha formado parte de un contingente de presos españoles que el gobierno de Perú ha decidido repatriar.

 

Supervivencia entre rejas

En negociación con la embajada española en Lima, el ejecutivo del país andino está aplicando políticas para reducir el ratio de internos en cada penal, donde centenares de presos españoles cumplen condena hacinados. Gracias a este tipo de medidas y a la crisis que ha remitido, el número de españoles encarcelados en el extranjero ha bajado, pasando de unos 1.800 a 1.300.

La reusense Laura conoce bien el infierno. «Estuve en tres cárceles, Lima, Virgen de Fátima y Ancón II. Es inhumano. Tienes que bañarte con agua fría en pleno invierno en un patio y a veces la comida tenía cucarachas».

Mónica, condenada a seis años y ocho meses, aplicó un método casi de supervivencia pura. «En la cárcel –tercia– no sobrevives sin dinero ni fortaleza mental. Es un choque. Ahora pienso que ha sido lo mejor y lo peor para mí. He salido mejor persona de lo que era. Mi vida iba mal entonces, pensaba que no valía para nada».

«El ser humano no sabe lo fuerte que es hasta que ser fuerte es la única opción. Al principio se me cayó el mundo encima. Luego piensas que eso es lo que hay, y que el objetivo es sobrevivir», añade la exconvicta.

Mónica estuvo en tres cárceles: Santa Mónica, Virgen de Fátima y Ancón. No sufrió maltrato físico pero sí humillaciones verbales: «Hay muchas mafias, pero no tanto como en las prisiones con hombres. Ni los perros se comen esa comida, en ollas grandes donde había insectos, con alimentos verdes y podridos».

Ya en Reus, ha vuelto a ser madre y a tener ilusión:«Valoro la libertad y cualquier detalle de la vida. Fue un infierno. Habíamos cometido un delito, sí, pero seguíamos siendo personas».

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