Han pasado cincuenta años desde la muerte de Francisco Franco, y sin embargo, el eco de su dictadura sigue resonando de formas inquietantes en nuestro presente. España ha avanzado enormemente en libertades, convivencia democrática y memoria histórica, pero estos logros no son inamovibles. Hoy asistimos, con cierta preocupación, a una tendencia creciente entre algunos sectores —especialmente entre personas jóvenes— a trivializar, relativizar o incluso idealizar aspectos del franquismo. Este fenómeno, alimentado por desinformación, discursos simplificadores y nostalgias artificiales, exige una respuesta colectiva firme, serena y pedagógica. El problema no es solo la ignorancia histórica; es el terreno fértil que esta ignorancia deja para que discursos extremistas penetren con facilidad. La fascinación por símbolos autoritarios o por imaginarios del “orden” y la “grandeza” descontextualizados suele esconder un desconocimiento profundo de lo que supuso realmente aquella dictadura: la ausencia de libertades básicas, la censura, la represión sistemática, la persecución política y cultural, y la negación misma de la pluralidad de la sociedad española. El blanqueamiento del franquismo no es una simple reinterpretación del pasado, sino una distorsión peligrosa que puede erosionar nuestros valores democráticos. Cuando se presenta la dictadura como una etapa de estabilidad o prosperidad, se diluye deliberadamente el sufrimiento de quienes la padecieron. Banalizarlo es, de algún modo, repetir el daño: es silenciar las voces de quienes lucharon por los derechos de los que hoy disfrutamos. Combatir esta deriva requiere un esfuerzo conjunto. La educación —formal e informal— debe poner en valor el pensamiento crítico y la memoria democrática. Los medios de comunicación y las instituciones culturales tienen la responsabilidad de contextualizar, explicar y desmontar mitos. Y la sociedad civil debe mantener viva la conversación, sin miedo a afrontar su pasado con madurez y honestidad. Frente al blanqueamiento del franquismo: rigor histórico y firmeza democrática