Julio Iglesias no es una anécdota. Julio Iglesias es un síntoma muy preocupante de la regresión que vivimos por lo que respecta a los derechos de las mujeres y a la consideración de la violación como un acto de violencia hacia las mujeres sin otro tipo de matiz. Tal y como nos explica hoy nuestra colaboradora Silvia Taulés en su Crónicas Imprescindibles, nosotros -los periodistas- no somos los encargados de juzgar a nadie, pero sí que tenemos la responsabildiad de explicar los hechos y de exponerlos a la luz del día. Y lo preocupante del caso Julio Iglesias no es que sea o no culpable (eso en sí se encargará la justicia de dictaminarlo) es la justificación que se impone como relato en gran parte de nuestra sociedad. ¿Quién no piensa que Julio Iglesias no tiene necesidad de recurrir a la fuerza si las mujeres «hacían cola para verle»? Es decir, si «ellas mismas iban encantadas a la boca del lobo». Julio Iglesias es un síntoma. El mismo que le permite a Isabel Ayuso decir que «las mujeres violadas están en Irán». Desgraciadamente no es así. Las mujeres violadas también están en Madrid y en Barcelona y en Tarragona. Donald Trump no ganó las elecciones a la Casa Blanca a pesar de ser un depredador sexual (recuerden su famosa frase «grab them by the pussy»), sino precisamente porque no se arrepentía de serlo. Es preocupante pensar que en gran parte de los jóvenes españoles de sexo masculino, los avances en igualadad de género son percibidos como un ataque a sus valores de masculinidad, virilidad y poder. Como si esta sociedad más justa, más libre y más humana, les arrebatara su posición o sus derechos. Donald Trump y Julio Iglesias -insistimos- son el síntoma de un mal que se está expandiendo, que no solo es masculino ya que muchas mujeres (jóvenes en su mayoría) compran ese relato. Ambos acumuladores de riquezas, de mujeres jóvenes, de escándalos, de un determinado tipo de éxito social que vive de no tener en consideración al otro como un igual. Trump es un paradigma del narcisista excéntrico que igual te roba un país que una mujer. Es curioso cómo personajes que creíamos del pasado, regresan para dibujarnos un futuro que es aterrador.