Pandemia, escasez, inflación: toca reinventar la economía

En los peores meses de la pandemia las pérdidas del comercio tradicional fueron las ganancias del comercio electrónico y las pérdidas de los restaurantes fueron las ganancias de la comida a domicilio
 

| Actualizado a 20 enero 2022 18:06
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Esther Duflo, premio Nobel de Economía en 2019, se refirió a los economistas en 2017 como fontaneros del sistema. Sabemos que una tubería mantiene su funcionamiento siempre que el flujo de entrada (que podemos llamar la oferta) sea igual al flujo de salida (es decir, la demanda), y que la tubería no tenga averías que dañen el equilibrio.

La inflación, fenómeno que vuelve a preocupar a los economistas, se puede entender como un exceso de demanda y un defecto de oferta. Para quienes no hemos vivido el rigor de una guerra es imposible imaginar un problema de fontanería mayor que el impuesto por la pandemia en estos últimos dos años.

Unos ganan y otros pierden

Cuando una salida de la tubería se tapona (por un choque de demanda), la presión del agua tiende a buscar otros puntos de desagüe. Estas desviaciones en el cauce de los recursos económicos revelan un panorama de ganadores y perdedores.

En los peores meses de la pandemia las pérdidas del comercio tradicional fueron las ganancias del comercio electrónico y las pérdidas de los restaurantes fueron las ganancias de la comida a domicilio.

Algunos se reinventaron de manera efectiva. Mientras unos restaurantes cerraron, otros desarrollaron sus servicios en línea, incluyendo la externalización de su actividad hacia el modelo de dark kitchen.

La cadena se rompe

Ahora, aunque sus trabajadores no están confinados, lo mismo da a un restaurante suspender sus actividades que intentar reinventarlas cuando no se consiguen las materias primas para preparar sus platos.

Un ejemplo entre muchos es el de Reino Unido, que ha sufrido la escasez de algunos productos desde principios de 2020. Uno de ellos fue la pasta: la cadena de suministro comienza principalmente con trigo canadiense que se exporta a Italia, donde se produce la pasta. El campo, la fábrica, el transporte marítimo y terrestre: todos estos codos y conexiones en la tubería económica han estado sufriendo alguna clase de interrupción.

La reducción en la producción generó pánico en los compradores británicos, que acumularon pasta como en su momento acumularon papel higiénico los consumidores estadounidenses.

Tal vez la mayor parte del choque de oferta está en el aumento en los costes del transporte, ocasionado, en parte, por la falta de conductores de camiones en Europa y Reino Unido pero, sobre todo, por los precios del petróleo, que cayeron durante la primera etapa de la pandemia y se han recuperado mucho con el auge de la actividad económica durante los meses recientes.

Sobre este punto vale la pena mencionar un choque que no está relacionado con la Covid-19: la reducción en la inversión en la exploración y explotación de pozos petroleros.

Los bancos y fondos de inversión se han adelantado a los compromisos gubernamentales de reducción de emisiones con un descenso de sus inversiones en la explotación de combustibles fósiles. Esto conlleva a una limitación en la oferta de estos recursos y se presenta como un factor de alza en precios.

Cada solución tiene su coste

Pese al riesgo inflacionario es necesario reinventarse hacia una sociedad de carbono cero. Pero también es importante tener en cuenta que cada decisión conlleva una tensión interna.

Las baterías de los coches eléctricos usan litio y España planea obtener más de 70 000 millones de euros del Fondo de Recuperación Europea para reactivar la economía y orientarla hacia una mayor sostenibilidad. Uno de los proyectos propuestos ha sido la apertura de una mina de litio en Extremadura, con una inversión de más de 1 000 millones de euros, incluidas una fábrica de cátodos y una de celdas. Pues bien, el proyecto ha sido recibido con un fuerte rechazo por parte de la población local por estar localizado muy cerca de la ciudad de Cáceres. Este ejemplo ilustra cómo cada solución tiene su coste y requiere de voluntad política llegar a un acuerdo para alcanzar los objetivos marcados.

La pandemia ha tenido un fuerte impacto en la oferta y la demanda, reviviendo el fenómeno de la inflación. Además, los altos precios alcanzados por la energía en 2021 hacen recordar el episodio inflacionario originado por la crisis del petróleo de principios de los años setenta.

La crisis de la Covid-19 también ha obligado a reinventar los sistemas de producción, con un enfoque especial en la cadena de suministros.

La analogía presentada por Duflo del economista como fontanero nos invita a quitarnos la corbata y agarrar la llave de tuercas. Toca atender una emergencia porque la tubería hace aguas por varias partes pero, ante todo, nos llama a la precaución.

Como muchos han aprendido por experiencia propia, entender el funcionamiento de la tubería antes de intentar arreglarla evita terminar sentado ante una buena inundación.

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