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«No puedo vivir aquí con mi silla de ruedas»

Un vecino de Reus, de 72 años y con movilidad reducida, denuncia que el piso que le concedió Habitatge «no está adaptado». La Generalitat tiene arreglos previstos y pendientes de presupuesto

| Actualizado a 24 junio 2022 07:00
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«Me cuesta hasta abrir la puerta para entrar en el edificio», lamenta Julián Fuentes, un vecino de 72 años con movilidad muy reducida que vive en un piso concedido por la Generalitat, en la calle Rosselló de Reus. Julián usa silla de ruedas y cuenta que «tal como está la casa, no puedo vivir en ella porque me encuentro a diario con problemas para hacer muchas cosas y, aunque me dijeron que me los solucionarían, la mayoría siguen igual».

«El balcón, de al menos cinco metros, tiene persianas correderas que son muy grandes y pesadas y no las logro cerrar, así que tengo que estar todo el día con ellas abiertas, con el sol que cae, y el calor es inaguantable», denuncia el hombre, que explica que «la cocina es muy estrecha y, si pongo la nevera, no puedo dar la vuelta ni para coger la comida ni para cocinar o fregar un plato» y «tengo la cama de pared a pared porque no cabe y tuve que quitar la mesilla que había».

Además, «hay escalones que no puedo salvar y no puedo salir a tender la ropa», y «la puerta de la calle, para abrirla hacia adentro, lo tengo que hacer con el pie». Julián asegura que «cuando me enseñaron el piso, aún estaba peor», ya que «tenía un plato de ducha altísimo» y dice que, pese a que «han venido a mirar cosas y algunas las han arreglado», en parte de ellas «no lo han hecho bien, como en el baño, que me han puesto la agarradera en el lado contrario».

A la espera de reparaciones

El hombre, que sufrió hace alrededor de ocho años una embolia que le paralizó el lado izquierdo del cuerpo, pide «que me adapten el piso o me trasladen a otro en el que pueda estar». Antes de instalarse en la vivienda donde ahora reside, el Ayuntamiento había alojado a Julián «en la Casa dels Mestres, y allí estaba bastante bien», pero «hace cerca de un mes, al haberme adjudicado un piso la Mesa d’Emergència de la Generalitat, me vine para aquí». En este tránsito, «me enseñaron otros, pero estaban todavía peor, y me dijeron que este me lo pondrían al día para que pudiera desenvolverme con normalidad pero no acaban de hacerlo». El hombre recibe la visita diaria de una persona de apoyo.

Fuentes municipales consultadas al respecto apuntan que «desde el Ayuntamiento se ha hecho la derivación a la Mesa d’Emergència y se ha hecho un acompañamiento al usuario para pedir a la Generalitat que haga la adaptación del piso», y que «el Ayuntamiento tiene conocimiento de que algunas actuaciones ya se han llevado a cabo».

Por su parte, fuentes de la Agència de l’Habitatge de Catalunya indican que es positivo que el inmueble esté en la calle Rosselló por que es «peatonal para facilitarle el acceso» y que «lo adaptamos» después de que el hombre rechazase otros dos pisos. Más allá de hacerlo en la vivienda como tal, Habitatge indica que «también actuamos para adaptar zonas comunes y facilitar la entrada de su silla a motor, que tiene requisitos más estrictos que una silla convencional» y que la inversión ya ejecutada en estas intervenciones «es de 5.319 euros».

La Generalitat indica que «desde los servicios territoriales de Habitatge se ha hecho y se está haciendo todo lo posible» para que Julián «esté en un piso adaptado a sus necesidades». En esta línea, «se han propuesto otras medidas que tenemos pendientes de presupuesto».

Entre ellas, la Agència de l’Habitatge detalla que «la accesibilidad de la cocina es muy reducida y se propone tirar un tabique para tener más espacio para maniobrar», así como «quitar los armarios inferiores de la cocina y buscar una ubicación diáfana para los altos, poner interruptores alternativos, subir uno de los enchufes para que quede por encima de la cama articulada y sea útil, colocar agarraderas en el baño, reparar la puerta del balcón de la habitación para que cierre bien y arreglar las lamas exteriores para que vayan más suaves».

La vida de Julián no ha sido sencilla. Antes de que el Ayuntamiento le diese una primera alternativa, «cuando salí de la embolia, me tuve que poner de ocupa en Sant Josep Obrer», recuerda, pero «vinieron a cortar la luz, porque la teníamos enganchada, y me dio un ataque de ansiedad, acabé en el hospital y me llamó el Ayuntamiento para entrar en la Casa dels Mestres». Ahora, «espero contar con un sitio donde hacer vida normal y no tener los obstáculos que aún tengo».

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