CrossFit, la verdad sin adornos. Por qué engancha (y por qué asusta)
La práctica correcta de este deporte permite mejorar hábitos, fuerza y bienestar sin asumir riesgos innecesarios

Una de las grandezas del CrossFit se ve en la comunidad que se genera en cada box.
«¿Quieres saber qué se siente al hacer CrossFit? Pruébalo». Así, directo y sin titubeos, habla Fer Boada, uno de los copropietarios y coach junto con Marcel Lizano y Edu Cortés, de Project Raidho CrossFit. Frente al imaginario del entrenamiento extremo, el CrossFit propone trabajo funcional, progresivo y adaptable, para mejorar la condición física global. Quien hace CrossFit, dice Lizano, «hace salud». Y lo más importante: «No hace falta dominar todos los ejercicios para disfrutarlo».
Vayamos por partes. El riesgo de lesión es, quizá el argumento más repetido por quienes miran el CrossFit con recelo. Una preocupación comprensible, pero que, según los entrenadores, debe ponerse en contexto y compararse con los efectos del sedentarismo a medio y largo plazo. En este sentido, Lizano no niega que el riesgo cero no exista, al contrario, «sí existe, en CrossFit y en todos los deportes. Pero quedarse en el sofá de casa también puede provocar lesiones, no visibles a corto plazo pero sí a largo plazo: obesidad, colesterol alto, etc». La gestión del riesgo y el equilibrio entre una posible lesión puntual y los problemas de salud asociados a la inactividad prolongada son clave. Como dice Lizano: «Si tuviera que poner en una balanza hacer CrossFit con riesgo de lesión tratable a corto plazo o quedarme en el sofá y arriesgar problemas de salud a largo plazo, no tengo duda: elijo el CrossFit».
En ese equilibrio es fundamental una buena técnica y una supervisión profesional. Solo así, se puede progresar de forma segura. En este punto, Boada admite que «en algunos casos, lesionarse es inevitable», pero insiste en que «una buena técnica a la hora de realizar el ejercicio reduce considerablemente el riesgo». Por lo tanto, «en el momento en que vemos que alguien se está excediendo a pesar de sentir alguna molestia, o que no está haciendo el ejercicio con una técnica óptima, le advertimos y lo ayudamos a hacer las correcciones que sean necesarias».
Por otra parte, lejos de las promesas de resultados rápidos, el CrossFit se plantea como un trabajo a largo plazo, donde la paciencia y la progresión marcan el ritmo del aprendizaje. Boada aclara que «si tuviera que decirle algo a quién quiere empezar a practicar CrossFit le diría que tenga paciencia, que es un deporte de ‘largo plazo’ y de ver el progreso poco a poco».
Beneficios más allá del músculo
Más allá de los resultados físicos, la mejora de la fuerza o la resistencia, los entrenadores coinciden en que el impacto del CrossFit va mucho más allá de eso: «Los beneficios emocionales no se palpan, pero en la entrada y salida de los entrenos se perciben en seguida», explica Fer Boada. «Mucha gente llega con cargas mentales, problemas en casa, en el trabajo… Y al terminar vuelven a cruzar la puerta pero esta vez lo hacen con una sonrisa». Es más, los expertos aseguran que la práctica del CrossFit puede incluso ser un motivo para ‘vivir’. Edu Cortés reconoce que «yo me he encontrado con personas que sufren enfermedades realmente duras como un cáncer terminal y que han visto en el CrossFit una luz para disfrutar de la vida hasta el último momento».
A ello hay que añadir el factor social, un elemento que no deja de sorprender ni a los propios coaches. Aquí, Cortés es muy claro: «En el CrossFit hay algo que va más allá de la mejora de la salud física y mental: La conexión entre las personas. Es increíble ver como se crea esa comunidad independientemente del nivel que tenga cada uno. El CrossFit une sin estigmas», sentencia.