Sucesos
Dentro de un operativo policial: así se investiga durante meses a un grupo criminal de marihuana
El ‘Diari’ acompaña a la Guardia Civil en una intervención de 460 kilos y 102 plantas en una nave industrial de Montblanc. Han sido detenidos cuatro 'jardineros' después de una investigación activada en abril

Cajas con los cogollos de marihuana.
El primer día no hay sirenas ni carreras. Tampoco uniformes. La investigación comienza dentro de un coche sin distintivos, uno de esos vehículos que antes fueron de otros y ahora pertenecen al Estado. Coches requisados, con pasado. El destino es Roda de Berà, una casa que por ahora es solo una sospecha en un mapa lleno de chinchetas invisibles.
Es abril cuando la Guardia Civil asume una información facilitada por la Policía Local de Roda y pone en marcha una investigación que se prolongará hasta diciembre. Hasta entonces, el trabajo se mueve en silencio: observar, confirmar, descartar y volver a observar, sin mezclar nunca las piezas de un puzle que crece por momentos.

La casa de Roda de Berà.
Los agentes explican que los investigados suelen contar con abogados de confianza, contratados por la propia organización criminal. Todo está pensado para resistir una eventual caída. Por eso la vigilancia se hace a largo plazo. Se controlan rutinas, desplazamientos y trayectos repetidos. En la puerta de la vivienda se aguarda, se mira y se documenta. La normalidad es parte del disfraz.
En paralelo, los mismos agentes trabajan en varias investigaciones, lo que obliga a mantener la cabeza fría para no cruzar conceptos entre distintos casos. Cada operación debe estudiarse para determinar si es independiente o si existen vínculos. De ahí que los seguimientos nunca se realicen con un solo vehículo: puede faltar gasolina, puede ser necesario un relevo o simplemente conviene evitar que una cara se repita demasiado. Si el investigado reconoce al agente, la partida se complica.

La casa de Roda de Berà.
El caso de Roda llevaba tiempo latente y había sido trabajado por la Policía Local, que mantiene contacto constante con la Guardia Civil. El origen de la pesquisa puede ser casi doméstico, como un vecino que se queja de una factura desproporcionada y sospecha que alguien se le ha enganchado.
Viejos conocidos
La vivienda es propiedad de una familia en cuyas casas alquiladas ya habían aparecido plantaciones. Curioso. No hay nadie empadronado y el alquiler no figura en ningún registro oficial. El sistema se repite: la organización paga por adelantado varios meses o incluso un año, compra tiempo y silencio y opera al margen de cualquier control administrativo.

La casa de Roda de Berà.
La primera observación de la casa deja señales claras para quien sabe interpretarlas: contador manipulado, ventanas cerradas, persianas bajadas, estructuras improvisadas y tuberías que no encajan con un uso doméstico normal. Es el lenguaje habitual de las plantaciones de marihuana. En ese momento no puede confirmarse si hay cultivo activo, pero el peso del historial permite especular.
Las pesquisas llevan a un domicilio en una urbanización de El Vendrell. Antes olía a marihuana; ahora no. Han instalado complejos sistemas de filtrado. En la zona, muchas viviendas ya han sido intervenidas en operativos anteriores y otras permanecen controladas. A veces, un gesto mínimo, como ver a alguien bajar la basura, aporta indicios valiosos.

La casa de Roda de Berà.
La urbanización cuenta con un grupo de mensajería vecinal en el que participan residentes y también agentes de distintos cuerpos policiales. Las quejas se repiten: olores persistentes, personas que llegan y no hacen vida en la zona, movimientos extraños en casas que deberían estar vacías...
Y se produce un nuevo seguimiento. Los agentes se coordinan desde distintos vehículos. El hombre entra en un banco y después se investiga si se dirige a un establecimiento especializado en material de cultivo, habituales proveedores de infraestructura eléctrica, pero finalmente no entra. Tras horas de vigilancia, los investigadores pueden estar “quemados”: demasiado tiempo con el mismo objetivo y, por lo tanto, riesgo de ser descubiertos.

La nave industrial de Montblanc.
Análisis de consumo
Muchas casas de urbanizaciones y segundas residencias están fichadas. Cuando una plantación se desmantela, otra organización –o la misma– intenta acceder para llevarse lo que queda. Es una práctica habitual. Las pesquisas avanzan y se identifica a tres personas vinculadas a la casa de Roda. De momento, el perfil sigue siendo bajo: no actuar, solo investigar.
Las confirmaciones técnicas son clave. Pasado un tiempo, se realizan mediciones del consumo eléctrico con extremo sigilo. Una vivienda normal suele tener entre dos y tres amperios contratados; la de Roda da cifras desproporcionadas. Existen herramientas específicas para detectar estas irregularidades y el procedimiento siempre es el mismo.

La nave industrial de Montblanc.
A primera hora de la mañana, una furgoneta no está en la casa, lo que indica que no han dormido allí. Aparecen dos vehículos que parecen coordinarse. Uno se adelanta y el otro amaga antes de salir para perder a los agentes en un nuevo seguimiento. Los patrones y las rutinas se repiten: salen a primera hora y regresan por la tarde.
El entramado queda definido: casas, naves industriales y más de una decena de personas identificadas. La vivienda de Roda asume funciones logísticas y suministra material a una nave donde se concentra la producción. La actividad se organiza por franjas horarias.

La nave industrial de Montblanc.
El fin de fiesta
La explotación llega el 17 de diciembre, antes del amanecer. A las cinco de la mañana, los equipos se despliegan para realizar entradas y registros simultáneos en la casa de Roda y en la nave de Montblanc. Se asegura la zona, acude el SEM por si hay heridos y la Policía Local de Roda. Las primeras entradas las realizan los Grupos de Reserva y Seguridad (GRS), unidades de élite: el de Barcelona actúa en Roda y el de Zaragoza en Montblanc. Entran con sigilo, rompen puertas y dan el alto. En la casa de Roda no hay nadie.
En la nave de Montblanc son detenidos cuatro hombres. Ambas actuaciones cuentan con la presencia de un letrado de la Administración de Justicia. Los vecinos empiezan a asomarse. En la vivienda de Roda solo se encuentran estructuras de cultivo. No hay personas ni dinero. Solo una perra con sus cachorros, asustada. Las condiciones son infrahumanas: suciedad, mal olor, objetos rotos, apenas luz. Todo queda recogido en acta.

La nave industrial de Montblanc.
En Montblanc, la nave, con un fuerte olor en el interior alberga la plantación indoor, organizada en distintas zonas: cultivo, mantenimiento, secado y un pequeño habitáculo donde residen los cuatro ‘jardineros’ de entre 27 y 32 años, que están detenidos y acusados de delitos de tráfico de drogas, cultivo de marihuana, pertenencia a organización criminal y una defraudación de fluido eléctrico estimada en 46.000 euros. En total, se encontró material logístico y 460 kilogramos de marihuana valorados en 109.973 y 142.734 euros respectivamente.
Dos calderas caleteadas sirven para transportar la droga. Hay numerosas plantas y cogollos. El juzgado se quedará una parte para analizar el contenido de THC y el resto se destruirá en la incineradora de Tarragona. El Servicio Cinológico accede con Weasley, el perro rastreador. Hay otro, Sirius, que ese día no participa. Quien les pone el nombre es fan de Harry Potter. Se solicita el clonado de los móviles intervenidos, se revisan los vehículos en busca de dobles fondos, se pesa la droga y las pruebas se ensobran.

La nave industrial de Montblanc.
En el operativo participan los GRS, el Destacamento Fiscal y Fronteras –que ha comandado la investigación–, la Unidad Orgánica de Policía Judicial y las patrullas territoriales encargadas de la custodia de los detenidos. La caza silenciosa termina con la destrucción del material en la planta de Sirusa, donde un camión –escoltado por una patrulla de la Unidad de Seguridad Ciudadana– lleva la droga para conocer su peso real y eliminarla en la incineradora.