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Educación

Los colegios de Tarragona absorben 10.000 llegadas de alumnos durante el curso, muchos vulnerables

La precariedad laboral, el difícil acceso a la vivienda y la inmigración disparan la matrícula viva, con el riesgo de crear segregación y ante el reto docente de una buena acogida

Una manifestación en Tarragona para pedir que no se cierren líneas.

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«Tenemos mucha matrícula viva porque nos incrementaron una línea y hay vacantes. Ha aumentado muchísimo el volumen de estos alumnos y la mayoría son vulnerables. Lo hacemos como podemos», reconoce la directora de un colegio de los barrios de Ponent de Tarragona. «Nunca sabes cuánta gente te puede llegar a mitad de curso pero cuesta llegar y no podemos dedicar todo el tiempo que sería necesario», admite esta directora.

Escuelas e institutos de Tarragona gestionan más de 10.000 casos de alumnos que cambian de centro a mitad de curso. Son los datos de la matrícula viva del curso pasado, 2024-25, que muestran un aumento muy claro en los últimos años, a rebufo del auge de la inmigración y de otros factores que tienen que ver, en general, con las clases vulnerables y con factores como la precariedad laboral o el difícil acceso a la vivienda. «Las características del barrio son las que son y eso se percibe en las clases. Para nosotros es un desafío grande», admiten desde otro centro de Ponent.

El Tarragonès, con 3.702 casos, es la comarca con más movimientos, por delante del Baix Camp (2.325) y del Baix Penedès (1.506). Solo en Tarragona capital, este flujo de estudiantes que recalan con el curso en marcha llega a los 2.277 casos y en Reus a 1.437, por poner dos ejemplos. Ahí se incluye la enseñanza obligatoria: infantil, primaria y ESO.

Otras poblaciones con un balance destacado son El Vendrell (681), Valls (546), Tortosa (527), Salou (501), Cambrils (499), Calafell (435) o Amposta (321). Se trata de la afluencia total de alumnos, teniendo en cuenta que un mismo estudiante puede generar varios movimientos. Toda esta dinámica de llegadas supone un enorme desafío de profesores y directores pero también para el Departament y para la planificación en el propio sistema educativo.

«La vulnerabilidad crece y eso hace que las familias se muevan más», señala Maria Segurola, experta en segregación

El curso pasado, entre el 15 de septiembre de 2024 y el 1 de junio de 2025, el flujo fue de 77.743 alumnos que cambiaron de centro en mitad de curso en Catalunya. Son 11.000 niños y jóvenes más que el curso anterior. De todos ellos, hay 27.254 alumnos que se incorporaron por primera vez al sistema educativo catalán fuera de los periodos de matriculación.

La consellera de Educació, Esther Niubó, ha dicho que por primera vez se ha tenido en cuenta esta matrícula viva en la planificación. Esos alumnos que llegan en cualquier momento del curso y en cualquier nivel generan una «necesidad de reequilibrar grupos que se ha tenido en cuenta a la hora de planificar la oferta».

El Síndic de Greuges denuncia que «la matrícula viva distorsiona el día a día y hay centros desbordados»

Maria Segurola, experta en políticas contra la segregación escolar de la Fundació Bofill, confirma que «el número de alumnos que piden plaza a lo largo del curso se ha duplicado en diez años, lo que hace cambiar las necesidades del sistema, que debe estar preparado».

Segurola desgrana un perfil muy concreto que se haya generalmente detrás de esta movilidad: «Siempre puede haber algún caso de una familia bienestante que se mueve pero no es lo más frecuente. Hay dos casuísticas principales, la del alumnado que llega al sistema educativo catalán generalmente de otros países, de culturas lejanas, que no habla ni castellano ni catalán; y después la de las familias que han cambiado de municipio por motivos económicos, porque los padres han perdido el trabajo o han tenido problemas con la vivienda».

Centros con poca complejidad

Esta experta alerta de los riesgos que puede comportar una gestión deficiente de la matrícula viva. «Es importante que haya una distribución equilibrada y que los alumnos se asignen a centros que tengan poca complejidad. Habría que tener suficientes plazas disponibles y unos circuitos que sean fuertes, suficientes recursos para los centros y dispositivos de acogida, como aulas y protocolos, porque estamos ante un fenómeno importante».

Para Segurola, «ya es una buena noticia que este tema se aborde y se explicite», y cree que esta realidad es estructural: «Hay muchos cambios en el colegio a lo largo de los años. Hay un incremento de las vulnerabilidades que hace que las familias cambien más. También influye la crisis de la vivienda. Sucede también en los municipios marcados por sectores laborales muy ligados a la temporada».

Derivar a servicios sociales

Los colegios invierten esfuerzos en la recepción de este nuevo alumnado, en buena parte procedente del extranjero. «Desde el primer momento se procura informar a las familias de los recursos del barrio o se les puede derivar a servicios sociales. Para nosotros es un reto muy grande, porque también tienes que salvar la barrera de la lengua», dice la directora de un centro en Tarragona. Las entrevistas con los técnicos de integración o la asignación de un alumno de referencia que le guía en esos primeros días son algunas de las medidas que se llevan a cabo para facilitar ese aterrizaje.

Los expertos piden bajar ratios y no cerrar líneas para absorber llegadas sin tensionar los centros

Isabel Iturrieta, responsable de Càritas Inmigración en Tarragona, resalta que «siguen llegando muchas personas, sobre todo de Sudamérica y población magrebí, y a veces muy vulnerables, y lo hacen durante todo el año, en cualquier momento, y también a mitad de curso».

El Síndic de Greuges constata que «los centros con elevada complejidad tienden a asumir más alumnos de matrícula viva porque están ubicados en esos entornos, donde hay más plazas vacantes y se reproduce la segregación». La institución reconoce que «en los últimos años la segregación se ha reducido y vamos en la buena dirección para aún se sigue asignando más matrícula viva a estos centros de alta complejidad». El Síndic reconoce que «hay centros desbordados por la matrícula viva, que distorsiona la actividad ordinaria».

«La matrícula viva es el reflejo de la pobreza infantil», advierte Lidón Gasull, directora de Associacions de Famílies d’Alumnes

Uno de los mecanismos es evitar crear grupos paralelos solo de recién llegados (los llamados ‘bolets’), una práctica que puede aumentar la segregación. También es clave disponer de flexibilidad para mantener la oferta y ratios bajas en los centros públicos.

La directora de Affac (Associacions Federades de Famílies d’Alumnes de Catalunya), Lidón Gasull, reclama «planificar con unas ratios que no estén cercanas a los máximos legales, de 20 o inferiores, para que puedas ir absorbiendo de manera progresiva, para evitar que haya concentración de un determinado perfil de alumno».

Gasull da un voto de confianza a la Generalitat: «El Departament dice que ha tenido en cuenta esta matrícula viva a la hora de planificar. No podemos comprobar cómo ha sido el reparto». La responsable de las familias cree que «si te organizas bien puedes hacer un reparto equilibrado». Para Gasull, «la matrícula viva es el reflejo de que en Catalunya la tasa de pobreza infantil llega al 34,7%».