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Discapacidad y sexo sin etiquetas

La Residencia de Sant Salvador gana un premio por un proyecto que facilita que sus usuarios conozcan y puedan vivir plenamente su sexualidad

NORIÁN MUÑOZ

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Mercedes y Daniel se hicieron pareja en la residencia. Aquí todos pueden reclamar intimidad. FOTO: fabián acidres

Mercedes y Daniel se hicieron pareja en la residencia. Aquí todos pueden reclamar intimidad. FOTO: fabián acidres

En la Residencia de Grandes Discapacitados de Sant Salvador los miércoles cada quince días toca sesión de sexualidad. Ese día igual se habla de las enfermedades de transmisión sexual o del Kama Sutra, que se analiza una película o se visita una ‘sex shop’. Todo siempre a petición de los usuarios y con esa premisa de confidencialidad que han hecho suya: «Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas».

Este es uno de los aspectos que contempla el proyecto «Programa de atención a la discapacidad. Experiencia práctica en un ámbito de atención a la discapacidad física» que se desarrolla en esta residencia pública gestionada por STS. La experiencia les ha hecho merecedores de uno de los premios de la Associació Catalana de Rescursos Assistencials (ACRA) en su XVI edición.

Estefania Guirado, integradora social y una de las impulsoras del proyecto, explica que la idea partió de una encuesta que se hizo a usuarios y de la discusión que se produjo después de ver el documental «Yo también quiero sexo» de TV3. «Nos dimos cuenta de que a los usuarios les preguntamos cómo quieren que les llamemos, cómo quieren vestirse... Pero nunca sobre sus expectativas en este campo». 

«Se tiene la idea de que las personas con discapacidad no tienen sexualidad, de que no la necesitan», continúa Cristina Giráldez, fisioterapeuta del equipo.

Cuentan que cuando empezaron vieron que hay básicamente dos tipos de usuarios: quienes ya tuvieron experiencias sexuales antes porque la discapacidad llegó por una enfermedad o un accidente,  y otras con una discapacidad de nacimiento o desde muy pequeños. Algunas de estas últimas tenían muy poca o nula información sobre sexualidad. «Las familias tienden a sobre proteger, a anular su capacidad de decisión por miedo a que les puedan hacer daño» reconoce Alba López, directora de la residencia.

José Miguel Iobre, usuario, pertenece al grupo de quienes tuvieron una vida sexual activa previa. Lamenta que antes de venir a la residencia pasó más de dos años en el sociosantitario y durante ese tiempo desfilaron ante su cama  médicos, enfermeras, fisioterapeutas... Explicándole los cambios que tendría su cuerpo, pero nadie le habló del sexo.

Aunque ahora en la residencia se habla con más naturalidad de estos temas, dice que algunas compañeras «siguen aferradas a la silla». 

Las especialistas apuntan, no obstante, que las mujeres del grupo han sido muy valientes. Recuerdan que el binomio mujer-  discapacidad suscita aún más tabúes si cabe.

Trabajadores involucrados
Más allá del trabajo con los usuarios, la segunda pata del proyecto que lleva ya dos años, era formar a los trabajadores. A alguno le costaba entender y respetar que una persona con discapacidad pudiera o quisiera tener una vida sexual activa.

Y, aunque se trata en todos los casos de personas adultas, también se informó a las familias del proyecto. De hecho, cuando se incorpora un nuevo usuario, se le avisa a la familia que aquí se habla de sexo.

Pero más allá de las charlas, se procura respetar cada vez que alguien quiere tener intimidad. Para ello se emplea un cartel como el de los hoteles donde se pide no molestar. 

Al personal se le avisa, por ejemplo, cuando va a venir un  asistente sexual para uno de los usuarios. De hecho algunos se enteraron de que esta figura existía después de una charla que les ofrecieron desde la asociación Tandem de Barcelona.

También pueden pedir intimidad, cuando lo deseen, tanto las personas solas como a las parejas, como la que forman Mercedes y Daniel, en la imagen. Su beso para la foto emociona al personal, pero aquí ya nadie se extraña de sus expresiones de afecto.

Toni Guerra, director asistencial de STS explica que este programa piloto servirá de experiencia para otras residencias. Lo primero que se intentará es formar al personal para que, en cada centro, haya uno o varios profesionales de referencia, como aquí, con quien se pueda consultar cualquier duda o expectativa en temas de sexualidad.

Al final, dice Guirado «todos podremos terminar en una residencia y seguro que nos gustará que todo esto se tenga en cuenta».

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