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El Procés en Tarragona: tensión familiar, menos sexo, más psicólogo y riñas en el bar

La situación se cuela en la consulta de los psicólogos, que hablan de «malestar emocional» y sentimientos como rabia, miedo y frustración

Raúl Cosano

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Jesús, dueño del bar La Brúixola, en Cambrils, con algunos clientes. Un cartel prohíbe hablar de política. No siempre se logra.   Foto: Pere Ferré

Jesús, dueño del bar La Brúixola, en Cambrils, con algunos clientes. Un cartel prohíbe hablar de política. No siempre se logra. Foto: Pere Ferré

«He tenido que mediar alguna vez cuando la discusión se ha desmadrado en el bar. Sí que a veces ha habido tensión, aunque la gente está ya cansada, muy harta del tema», reconoce Luis, propietario del bar Cabrera, en Bonavista. 

El Procés ha caldeado el ambiente en los bares. «Antes se hablaba de fútbol. Ahora la independencia es el tema estrella», admite otro restaurador. La independencia nos ha dado tema de conversación en bares, parkings o ascensores pero también ha crispado el ambiente, el del bar y el familiar. «Por Tots Sants me reuní con la familia. Un sobrino me dijo: ‘No digas nada de política porque ya sabes que a mi padre le afecta mucho’», cuenta un vecino de Bonavista. «En casa de mi padre había hasta ocho opiniones distintas: sobrinos de la CUP, del PSC, otros que piensan como el PP, otros que siguen a Podemos… Así que ante este panorama a veces vetamos el tema».

«En mi tienda también se habla, pero la gente está cansada de los discursos. Todo lo que sea estar en contra del Procés es fascismo y te llaman facha. No sé, yo no me siento representado por nadie, pero no odio. A veces en mi negocio se han subido a la parra y he tenido que hacer de moderador», explica un comerciante, que se ha visto en ese fuego cruzado y dialéctico de opiniones encontradas. 

En Cambrils, el dueño de un bar, harto del tema de conversación, coloca de vez en cuando un cartel junto a la cafetera: ‘Prohibido hablar de política’. No siempre lo consigue, porque la conversación suele derivar habitualmente en la cuestión de marras. «Son buena gente, pero a veces discuten. Unos piensan una cosa, otros otra, y a veces tengo que ponerme serio», dice sobre sus clientes Jesús, propietario de ese bar, La Brúixola, en la urbanización Cambrils Mediterrani. A tanta tensión se ha llegado que Jesús ha tenido que colocar ese cartel avisando a los parroquianos. Casi nunca se cumple. «Es lo que hay», se resigna Jesús. «Vienen sobre todo vecinos de la zona, y también muchos turistas. Lo fundamental es tener tus ideas y expresarlas, pero sin enfadarse ni gritar. No quiero jaleos», admite este granadino que lleva 50 años aquí. No es el único dueño de bar hasta la coronilla del Procés.  

La deriva de las últimas semanas se ha intrincado ya en la vida cotidiana, hasta el punto de afectar incluso a la salud, no tanto por el Procés en sí sino por el encadenamiento de hechos excepcionales, desde la DUI hasta el 155. A Joan, ciudadano de Colldejou, la inestabilidad le ha mermado la salud. «Últimamente he tenido muchos nervios y lo he pasado mal», cuenta.

Su vecina Pili Cuadrado ha tenido que desconectar para destensarse: «Me he implicado mucho. Ha llegado un punto en el que he tenido que dejar de mirar la tele. Creo que nada depende de mí, que lo que tenga que pasar pasará». En algunas farmacias de Tarragona se escucha el comentario de que ahora se venden más ansiolíticos y remedios para dormir y, atención, menos preservativos, como si las turbulencias sociales y políticas nos hicieran dormir peor y tener menos sexo. «Cuando nos centramos en un ámbito, el resto de los que forman nuestra vida quedan cojos. La compleja situación puede afectar a la libido, como perjudica a las relaciones con las otras personas», define Jaume Descarrega, el presidente del Col·legi de Psicòlegs de Tarragona. 

Descarrega confirma que el Procés se cuela ya en las consultas: «Quizás no sea el motivo principal de la visita pero sí que acaba apareciendo. Hay mucha inquietud al respecto». Sigue Descarrega: «Lo que sucede crea sentimientos que pueden ir de la tristeza a la rabia o al odio, pasando por la frustración o el miedo, también desde un punto de vista socioeconómico. ¿Cómo me afectarán los cambios que pueda haber?». Los psicólogos hablan de malestar emocional. «Todos sabemos que lo que está pasando genera problemas a nivel de relaciones familiares, amistosas o laborales. También existe un cierto temor a expresar según qué opiniones y, en un momento donde parece que todos estemos llamados a tomar partido, eso genera angustia». 

En ese sentido, el ruido de las redes sociales agrava los cuadros. «Ahora están haciendo mucho daño, porque se han convertido en una herramienta en la que cualquiera es capaz de decir cualquier cosa», detecta Descarrega. También la sobreexposición a las noticias de los medios de comunicación puede ser un inconveniente: «Hay personas que no pueden desconectar, se acaban obsesionando con un tema y dejan de lado los otros ámbitos de la vida que requieren una atención». 

Buscar el apoyo de gente cercana, el humor, evitar la sobreinformación o llevar una vida sana pueden ser algunos métodos para ‘sobrevivir’ al Procés. «Hay que recuperar otras parcelas de la vida, como las relaciones sociales o el ocio», aconseja Descarrega. 

 

 

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