Historia
Una destilería permitió la estación de Calafell (y el tren casi tardaba lo mismo desde BCN en 1882)
La influencia del marqués de Samà permitió que la localidad tuviese parada

La estación de Calafell a finales del XIX.
La destilería del marqués de Samà en Calafell permitió que el municipio tuviese estación de tren. Aquel primer convoy entró en una nueva estación el 16 de abril de 1882. Un domingo.
El alcalde, Joan Hugué Solé, el juez de paz, Josep Mañé Urgell y todos los concejales subieron a una tartana que les llevó a la nueva estación para recibir a ese primer tren.
Ese día se abría el tramo de vía entre Vilanova y Calafell. El gerente de la compañía ferroviaria, Francesc Gumà, invitó por ello a las autoridades locales.
Calafell no estaba en los planes para tener una estación en esa línea. Desde 1877 se estaba proyectando la línea y la estación de referencia debía ser Sant Vicenç de Calders.

El marqués de Samà
En la línea se establecieron estaciones de primera clase en Barcelona, Vilanova y Valls. Había de segunda en Sant Boi, Gavà, Sitges, Roda, Salomó, Vilabella y Picamoixons. De tercera clase eran ser Sant Vicenç, Cubelles y el Prat. Calafell no estaba en la lista.
Pero en Calafell había una importante destilería. Del marqués de Samà, amigo de los promotores de la línea y especialmente de Francesc Gumà.
Esa amistad motivó la redacción de una nueva memoria que destacaba que la destilería de aguardiente de Calafell producía 80.000 kilos anuales a los que debía añadirse 1,4 millones de kilos de vino, 19.000 kilos de aceite, 400.000 de algarrobas y 20.000 de cereales. Todo ese material tenía un gran valor para ser distribuido beneficiando al marqués de Samà. La destilería estaba en el Hostal, donde ahora está la sede de la entidad Patí Català Calafell.
En aquel momento Calafell había 1.250 habitantes, 48 carros y 88 caballerías de las que 48 eran consideradas de ‘mayores’.
Producción
La influencia de Samà y la importancia de esa producción motivó que Calafell necesitase estación. Así el 4 de julio de 1878 se firmaba la escritura social de la compañía del ferrocarril. Firmaron 16 personas, entre ellas el marqués de Samà y el vecino de Calafell Emili Vidal i Torrents. El resto eran de Barcelona.
Para la construcción de la estación se expropiaron unas 30 hectáreas que costaron 4.128 pesetas. Sin ayudas del gobierno ni subvenciones, lo costearon los promotores.
En aquel primer tren que llegó a la estación iban Victor Balaguer, ex ministro y hombre de gran influencia en la política nacional. También viajaban el marqués de Samà y el gerente de la compañía, Francesc Gumà.
Desde la estación del Norte o de la de França a Sant Vicenç de Calders, en 75 kilómetros y a una media de 50 Km/hora, se tardaba hora y media. Hasta Calafell algo menos, según la Guía General de Ferrocarrils de entonces.