Alex Cabré: «El instinto de supervivencia te arrastra hasta finales insospechados»

3650 días es su primera novela, una historia que combina el thriller con el romanticismo e incluso la ciencia ficción

| Actualizado a 18 abril 2022 11:21
Se lee en minutos
Participa:
Para guardar el artículo tienes que navegar logueado/a. Puedes iniciar sesión en este enlace.
Comparte en:

¿Cree que se debe proteger el catalán en las escuelas?


No

Un psicópata, una bailarina obsesionada con su peso y un hombre que se siente mujer. Estos son los tres pacientes principales que el doctor Dodds atiende en su consulta de Nueva York. Mientras intenta ayudarles en su día a día, el psicólogo, por otra parte, hace un pacto con la ciencia y firma un suicidio programado. Es la trama de 3650 días, de Alex Cabré (Ediciones Eunate), en la que se adentra en las emociones y que transcurre entre el romanticismo, el thriller y también la ciencia ficción.

¿Todos necesitamos un diván?
Yo creo que sí. Ahora mismo, tal como van las noticias y los acontecimientos, aflora la enfermedad mental que todos llevamos dentro un poco encriptada.

¿Por qué sitúa la trama en Nueva York?
He estado un par de veces y empecé a escribir esta novela un poco después de la última visita. Era una forma de revivir el viaje y los escenarios, que son fascinantes. Durante un año, el tiempo que me llevó escribir 3650 días, estuve con el Google Earth abierto, documentándome sobre espacios y trayectos. Es decir, que en realidad he estado allí de una forma virtual, viviendo con mis personajes.

El título son los días que componen una década.
Tiene un poco que ver con el personaje central, el doctor, que hace un pacto con el diablo y con la ciencia en 3650 días.

 

 

¿Usted haría un pacto similar?
Siempre me lo he planteado. De hecho, el origen del título viene de estas decisiones que tomamos con la razón en ciertos momentos de la vida porque prevemos que en el futuro nuestro instinto de supervivencia o nuestro instinto de procreación tomará las riendas por nosotros y hará cosas que no querríamos hacer. Como los cincuenters que se hacen la vasectomía porque ven a sus amigos de 60 años cambiando pañales. O los testamentos vitales, que se firman porque sabemos que el instinto de supervivencia te arrastra hasta finales insospechados. De ahí viene un poco la idea de hacer un suicidio programado.

¿Quién ganaría con la vida eterna virtual?, ¿el que se muere o el que se queda y sigue viendo a sus familiares?
En realidad, no gana nadie. Vivir dentro de un móvil parece un poco claustrofóbico.

Pero tienes a tus familiares, a tu madre…
También a la suegra, que te caía mal. Al final, morirse es una solución para muchas cosas. En todo caso, hay varias ramas de la ciencia que investigan sobre la vida eterna y sobre la capacidad de volcar la conciencia del yo en un software. 

Sus personajes son extremos.
En realidad son cuatro tramas. Por un lado el doctor, que hace un pacto con la ciencia. Por otro, sus tres pacientes principales. Pina es una bailarina de elite obsesionada por poder volar en el escenario y está ligada a esta cultura del peso que tenemos en esta sociedad. Luego está Nicholas, que es un perfil narcisista que desemboca en una psicopatía y acaba cometiendo asesinatos. Finalmente, una disforia de género, que es un tema que hace muchos años que me interesa y además ahora está muy en boga todo lo relacionado con la identidad sexual y de género. John es un hombre que se siente mujer, con la peculiaridad de que es un personaje público. Entonces, hace un cambio de sexo exponiéndose a la sociedad.

 

«Es difícil de explicarle a una sociedad que se está financiando una operación de reasignación de sexo y no se financia, por ejemplo, la odontología, mucho más general».

¿Hasta dónde llega el código deontológico de un psicólogo o psiquiatra en relación a sus pacientes, si pensamos en un caso como el de Nicholas?
No lo sé. Imagino que deben mantener el secreto, aunque si se traspasa una determinada línea, supongo que están obligados a dar parte. En el caso de la novela, en las sesiones todo queda un poco en la ambigüedad. El doctor siempre se queda en la duda de si lo que le está contando Nicholas forma parte de sus delirios, de sus pensamientos o de la realidad.

Pero le tiene miedo.
Mucho. El doctor no acaba de entender el problema a la primera y luego se da cuenta de que tiene en su consulta a un auténtico psicópata, que acabará relacionándose con él de una forma perversa.

¿Cree que las operaciones de cambio de sexo se deben financiar por el sistema de salud público?
Es un poco complicado. El problema radica, no tanto en si se financia una operación de reasignación de sexo, sino lo que se deja de financiar. Es difícil de explicarle a una sociedad que se está financiando una operación de este tipo y no se financia, por ejemplo, la odontología, mucho más general. No obstante, aparte de este detalle que es lo que para mí lo hace bastante cuestionable, realmente hay personas que no se sienten dueñas de su cuerpo y esto les causa un problema muy grave. Entonces, si existe este dolor psicológico y personal tan fuerte, es comprensible que la sociedad se haga cargo. Luego también ocurre que hay un gran porcentaje que después se arrepiente.

¿En serio?
Hay que tener en cuenta que los resultados generalmente no son los esperados. No por arte de magia un hombre se convierte en una mujer y una mujer en un hombre. Es un proceso que contiene la parte hormonal y la quirúrgica. Por tanto, no tengo una posición muy clara acerca de si la sanidad pública debería financiar una operación de reasignación de sexo. Solo puedo decir que en el caso de que el dolor psicológico sea muy importante, sí que se debería hacerse.

Como dice el prólogo, usted no dominguea...
Hace casi diez años que escribo todos los domingos por la tarde y es una rutina que al principio quizás empezó como una forma de buscar un hobby y ahora se ha convertido en mi vida. A raíz de ahí también salió el prólogo de Cesc Gay. Cuando le di el manuscrito después de escribir durante 53 domingos, al cabo de unos meses me dijo que estaba escribiendo una obra de teatro en la que uno de los personajes estaba inspirado en este hecho. Cuando fui al estreno me vi ahí mismo, en el escenario representado, el oficinista que los domingos por la tarde se dedica a escribir novelas. Ahí nació la obra de teatro que se llama 53 diumenges, que ahora se estrena en Madrid.

Comentarios
Multimedia Diari