Encuentros
Maruja Mallo: todo por su arte
El Museo Reina Sofía acoge una gran exposición dedicada a Maruja Mallo que reúne más de 200 piezas de una de las pintoras fundamentales del siglo XX español

La Verbena (1927) de Maruja Mallo. Colección del Museo Reina Sofía
Aloma Rodríguez
Maruja Mallo, nombre artístico de la pintora Ana María Gómez González (Vivero, Lugo, 1902 - Madrid, 1995), es la protagonista de la gran exposición que acoge el Museo Reina Sofía hasta el próximo 16 de marzo. La muestra, comisariada por Patricia Molins, lleva el nombre de Máscara y compás y reúne más de doscientas piezas entre pinturas, muchas parte de la colección del museo, fotografías y dibujos ahora propiedad del Reina, tras la adquisición del Archivo Lafuente. Maruja Mallo: Máscara y compás propone un recorrido por la trayectoria de la pintora que permite seguir la evolución de su arte, acompañando los cambios en sus intereses y apreciando también las constantes, como la presencia de la geometría en la base de la composición.
Mallo pertenecía a la Generación del 27, colaboró con Rafael Alberti en Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos, de quien fue pareja, hizo escenografías teatrales para los espectáculos teatrales, entre sus amigos estaban Buñuel, Concha Méndez y otros miembros de lo que Ana Rodríguez Fischer llama en Notre dame de la alegría “la España truncada”. En la exposición pueden verse también la gran cantidad de portadas que Mallo hizo para Revista de Occidente.
La novela de Rodríguez Fischer apareció en 1995 bajo el título de Objetos extraviados, Siruela la recuperó el año pasado, reescritura del texto mediante, “liberándolo de un excesivo hermetismo”, explica la escritora en el epílogo de la nueva edición. Mantiene el espíritu y la estructura: la pintora Mallo está en sus últimos años, ya en el hospital, y los recuerdos del pasado le llegan, casi siempre desencadenados por algo sucedido en el presente. De la infancia gallega a los años madrileños en la Residencia de Estudiantes, con la promesa del todo por hacer, la amistad, el amor y la pintura; luego está la historia: la Guerra Civil y el exilio (París, Buenos Aires y Nueva York) antes de volver a España definitivamente en 1962. La primera gran retrospectiva de Mallo en España fue en 1979; de ese año es también la famosa entrevista de Paloma Chamorro en TVE, que se puede ver también en la muestra del Reina Sofía.
Notre dame de la alegría lleva en su portada un recorte de La verbena, quizá uno de los cuadros más emblemáticos de la pintora, que forma parte de una serie con el mismo título en la que se interesa por los festejos populares que le permiten desarrollar la idea de la simultaneidad de planos y de tiempos, culturas –gracias al disfraz– y de clases sociales. Visto al natural, el cuadro es aún más colorido y luminoso y danzarín. En la misma sala, llama la atención otra pieza canónica de Mallo: El mago Pim Pam Pum, que forma parte de la serie de verbenas, y donde la figura central, el mago, está inspirada en Valle-Inclán.
Este mismo año, la editorial Renacimiento ha reunido en un volumen, con edición e introducción de Guillermo de Osma, las cartas de Maruja Mallo, en las que, como escribe Guillermo de Osma, “la gran protagonista de las cartas de Maruja es su obra y su carrera profesional. Ese es su interés primordial y el objetivo es claro: darse a conocer, promocionar su obra, llegar a buenas galerías, a grandes coleccionistas, a museos y fundaciones. Para eso va a crear una imagen que va a tener un enorme éxito con la prensa.” En la muestra se recogen también algunas fotos de Mallo, que han de entenderse también como parte de ese proceso de construcción de la imagen de la artista.
Sigue Guillermo de Osma: “En sus cartas, Maruja no habla demasiado de su pintura en términos analíticos. Sí cuenta lo que está pintando o lo que le llama la atención, como el elemento multirracial del continente americano o cómo le impresionan la flora y la fauna marina de las playas chilenas que le animan a plasmarlas en bocetos, lo que ella llama ‘documentales’ para la realización de una de sus series más fascinantes y originales: las Naturalezas vivas”; la serie que desarrolla en los años cuarenta, establecida en Argentina, y que bien podría dialogar con la obra de Georgia O’Keefe.
Sus intereses fueron cambiando, desde el interés por la cultura popular hasta la curiosidad por el universo y el espacio; sin olvidar la etapa que dedica a los murales, en las que usa figuras monumentales para la serie La religión del trabajo.
Habla Mallo a través de Rodríguez Fischer: “Y entonces empezamos a forjarnos para librar nuestras batallas y apagar los últimos vestigios de una época agónica. Porque el deber del artista es preparar el advenimiento de lo nuevo, dando forma a la realidad de su tiempo”. Desde luego, ella se afanó en esa tarea.