Encuentros
'La Virgen de la tosquera': terror con fondo político en la película de Laura Casabé
La película adapta dos cuentos de Mariana Enríquez

Las protagonistas de “La virgen de la tosquera”.
“De todas, la más obsesionada era Natalia”. Así es. Nati es la protagonista de “La virgen de la tosquera”, la película de Laura Casabé que se basa en dos cuentos de Mariana Enríquez. En cambio, no era la protagonista del relato de Enríquez, que se articulaba en torno a una voz en primera persona del plural. La protagonista era “nosotras”, un grupo de chicas muy jóvenes, colgadas de un tal Diego y que envidian a Silvia, algo mayor que ellas, su “amiga grande”. Esa construcción de un punto de vista colectivo, de grupo, es lo más interesante del cuento de Enríquez; y sin embargo es algo que desaparece del cuento. En la versión cinematográfica de “La virgen de la tosquera”, la protagonista, indiscutiblemente, es Natalia. Pese a los cambios, Casabé ha logrado ahondar en el universo de Enríquez, una autora con una prosa muy cercana a lo cinemático, y en algunas de las señas de identidad de su literatura.
El terror en la literatura de Enríquez suele articularse a partir de diversos ejes: la herencia y lo ancestral, los espacios, lo escatológico, etc. Todo ello, cubierto siempre de la misma sombra, la de una realidad tangible; y siempre con un mismo punto de fuga, el de la crítica política y social. En los cuentos de Enríquez, la herencia no solo actúa como un elemento clave en el relato, en el sentido de que la familia y lo que heredamos de ella lo determina todo, sino que la herencia entronca con lo ancestral, que aparece constantemente, también en figuras como Añá, Santa Muerte o Gauchito Gil. Hay algo de lo que no se puede escapar. Así es en “El aljibe”, el cuento que abre “Los peligros de fumar en la cama”, y en el que una chica hereda un miedo paralizante de las mujeres de su familia. Asimismo, el espacio es también fundamental en sus relatos: la casa, por ejemplo (y aquí encontramos una correspondencia con maestros del terror como Stephen King y Shirley Jackson, pero también a autores troncales de la literature breve argentina, como Cortázar). Las casas abundan en los cuentos fantásticos, pero más que esto, la importancia es que se presentan, con vida, o como ñugares seguros que pueden ser perturbados. Respecto a lo escatológico, abundan las descripciones esencialmente físicas. No solo compone imágenes, sino que también busca olores y sonidos. En esto, emerge lo escatológico, lo gore, y por tanto lo incómodo. La película de Casabé no incide en lo gore hasta el final de la película. Buena parte de su metraje se instal·la en el drama con trasfondo social; aunque hay un detalle constante que sugiere lo escatológico, y es la presencia de un fluido, el de la sangre.
En uno de los pasajes finales del cuento “La virgen de la tosquera”, las chicas regresan del estanque donde han ido a bañarse. Lo hacen en un autobús, el 307. Estos detalles ayudan siempre a Enríquez a inscribir la ficción que ha construido en un espacio y una época reales. Así sucede también en la película, donde se intuye, a partir de algunos elementos, que nos encontramos en la Argentina justamente posterior al corralito. La crítica social deviene así central. Casabé interpreta así una de las notas constantes de la obra de Enríquez, quien, por ejemplo, en “Bajo el agua negra” se adentraba en una villa marginal para terminar denunciando la violencia institucional y, en concreto, la policial.
Enríquez es, podríamos decir, una de las escritoras de moda. Entre su obra destaca la novela “Nuestra parte de noche” y dos de sus libros de cuentos, “Cosas que perdimos en el fuego” y “Los peligros de fumar en la cama”. En este último se encuentran los dos cuentos en los que se apoya Casabé: “La virgen de la tosquera” y “El carrito”. Del primero, la película toma la historia de ese grupo de jóvenes envidiosas encabezado por Nati; y del segundo, la presencia de un carrito abandonado en medio de la calle de un barrio. Lo primero le permite a Casabé asentar los elementos de la época que está retratando: ese momento justamente posterior al corralito.
La influencia de “El carrito” es algo más residual, casi anecdótica; pero a la vez sirve para acentuar la crítica social. El carrito en cuestión es un elemento entre lo fantástico y la realidad más tangible, sobre todo porque establece un marco en el que hay una marginalidad, en el que hay clases sociales, y en el que el otro, lo desconocido, genera miedo. El carrito en cuestión –un carro de supermercado lleno de cosas– se asocia a las personas sin techo, y así se define la diferencia de clase.
La época no se explicita, sino que queda implícita en el uso por ejemplo que se le da a internet: no hay whatsapp, sino chats en el ordenador; no hay portátiles, sino locutorios. La música, elemento fundamental para articular las suspicacias de las más jóvenes respecto a Silvia, también está muy presente. En general, los elementos son los mismos, excepto la presencia de un chico pequeño, que vive con Nati y su abuela, y que lleva consigo la parte más afectiva de la película.