Cultura

Viva Suecia, hacer el amor con la música

La banda celebra su décimo aniversario en el Guitar BCN con un show electro acústico detallista en el que revisten sus himnos y los trasladan a lugares sorprendentes. El Liceu, repleto, se emociona

Viva Suecia conquistó el Liceu con un concierto para el recuerdo.

Viva Suecia conquistó el Liceu con un concierto para el recuerdo.Fotos; Carlota Figueras/The Project

Marc Libiano
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Rafa Val inauguró el bolo desde la profundidad de sus cuerdas vocales y con el susurro expectante del Liceu a su alrededor. No existe un lugar más especial para proponer originalidad. Los años, el himno más precoz de los murcianos Viva Suecia, paralizó los sentidos y presagió una noche detallista. La banda celebró su décimo aniversario engalanada en el frac que exigía el escenario y expuso un show electro acústico que reunió hits, aunque revestidos e instalados en otros márgenes. No importó, desde el minuto cero, los suecos conquistaron emociones.

«Dentro es tan perfecto, todo lo que se refiere a ti» sonó con El Milagro justo antes de acelerar pulsaciones con la popular No hemos aprendido nada, el tema que ha abierto sus últimos directos convencionales y que en el Liceu, incluso allí, levantó traseros de los asientos. «Está permitido bailar», avisó el frontman, rodeado de sus compañeros de viaje; Fer en la batería, Jess en el bajo, Alberto Cantúa en la guitarra, Carmen Hoonine en la percusión y Rodrigo en los teclados.

Un concierto de este formato implica dominar ritmos, acelerar y pausar con corrección y puntualidad. Precisión para que el gentío sienta la euforia y también respire. «Hemos tocado en pocos sitios tan bellos como éste. Sinceramente, no sé qué hemos hecho para estar aquí» se sinceró Val en su intervención inicial.

En el Liceu, mientras, al pequeño Roc, de apenas ocho años, le brillaban los ojos. De la mano de su padre vivió el primer concierto de su vida. Además hubo premio añadido, lo inmortalizó con una foto simpática junto a los músicos. Noche completa.

La aportación de Carmen Hoonine endulzó la melodía de Hablar de Nada, tarareada hasta morir por el público ya por aquel entonces entregado. Luego se hipnotizó con A Dónde ir, probablemente la canción que marcó un antes y un después en la banda. «Hay más enemigos en la piel de los testigos que entre aquellos que juraban contra ti».

La propuesta de Viva Suecia indagó en nuevos sonidos y horizontes musicales, la búsqueda se acentuó con la interpretación de Hemos ganado tiempo, un rock and roll puro que caminó hacia el blues en el Liceu. «Cuando la ensayábamos no me gustaba nada, me parecía muy hippie, ahora creo que es la canción que más me apasiona”, explicó Jess.

Sold out en toda regla

Los suecos habían agotado el papel horas después de anunciar el mini tour, una gira de cinco actuaciones entre Murcia, Madrid y Barcelona con motivo de esa década de vigencia. El Liceu cerró el círculo bajo esa inmensidad señorial que en su día impuso la burguesía catalana, aunque con el entusiasmo que el pueblo expresó. Fue algo así como el triunfo de la clase obrera. «Nos van a echar», soltó Jess entre carcajadas.

El momento unplugged se lo llevó Lo siento, una letra que desnuda hasta las entrañas el sentimiento de culpa y que en la crudeza de dos guitarras y dos voces encontró su máximo esplendor. Ofreció una de las imágenes icónicas de la noche, con el respetable en pie, destruyendo sus palmas en aplausos.

Dicen que Barcelona suele convertirse en plaza difícil para cualquier aspirante a la industria. Cuesta vender entradas de primeras. Viva Suecia no se arrugó en sus pasos debutantes, se arremangó para convencer y hoy ya presume de una credibilidad prácticamente infranqueable. Hay mucho curro detrás, mucha carretera, mucha exposición. «Sabemos que aquí, en Barcelona y en Catalunya, tenemos casa», recalcó Rafa Val, que también se acordó de Santos y Fluren, los productores de El amor de la clase que sea, el último álbum que ha catapultado definitivamente a la formación. Además realizó un guiño a La Casamurada, ese espacio idílico de Banyeres del Penedès donde se creó y grabó el disco.

El cantante y compositor se atrevió a ver las caras de la gente. «Abellán, ¿puedes abrir un poco la luz?». Jesús Abellán forma parte del staff sueco, se encarga de todo el montaje de luces y cuenta con un prestigio extraordinario en el sector. Sin ir más lejos, el espectáculo de este último proyecto cumpleañero dispone de una excelente crítica.

No importó demasiado el desliz del frontman en la letra de Algunos tenemos fe, «me lo estoy pasando tan bien que incluso me la invento», recalcó en un ejercicio de humildad. Las Migas emergieron para acompañar en Gracias, una canción que eriza pieles y consigue que el silencio impere en lugares tan curtidos como el mismo Liceu.

El Guitar BCN apostó fuerte por la presencia de Viva Suecia en su cartel consciente de que no se iba a equivocar. No lo hizo. El final del bolo culminó una noche de biorritmos encontrados, desde la melancolía hasta el éxtasis. Deprisa y despacio. Como hacer el amor con la música. Ya lo dijo el mismo Rafa.

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