La crónica
Un pobre Nàstic rescata un punto en Santo Domingo con un gol agónico de Juanda
El equipo grana firmó uno de sus partidos más pobres de la temporada, pero una volea del colombiano en el minuto 87 evitó la derrota ante el Alcorcón y dejó un empate inesperado (1-1)

Moi Delgado pelea una pelota en la visita a Santo Domingo que se saldó con un empate.
«Fets de ferro» era el lema que escogió el club grana para la campaña de abonos de la presente temporada. Si se refería al sentimiento de la afición por su equipo, lo clavaron. Si se refería al equipo construido, nada más lejos de la realidad. Más bien parecen hechos de plastilina, porque ya son muchos los rivales —el Alcorcón, este domingo, fue uno más— que han cogido al Nàstic y lo han convertido en su juguete favorito. Hacen lo que quieren con él. Solo Juanda Fuentes evitó el sonrojo con un gol en el 87’ que no hizo justicia; simplemente salvó un punto. Y, visto lo visto, hasta hay que celebrarlo. A dos del descenso.
Todo apuntaba a que Cristóbal Parralo iba a repetir el once que había conquistado la victoria frente al Ibiza, y así fue. El técnico grana volvió a arropar a su equipo en esa estructura en la que el centro del campo se reforzaba con una pieza más y en la que Jardí campaba por la banda derecha, pisando zonas interiores en un ecosistema que le beneficia. Ese plan funcionó durante la primera mitad ante el Ibiza y el objetivo era darle continuidad frente al Alcorcón. Enfrente, un contexto diferente, pero con las mismas urgencias.
El inicio más temido
Andaba el Nàstic más que avisado de que fuera de casa cualquier mínimo error penaliza. Si encadenas unos cuantos de manera consecutiva, el destino está escrito. No se habían cumplido ni diez minutos de partido cuando los tarraconenses exhibieron con fidelidad los motivos que les habían hecho comenzar la jornada a solo un punto del descenso. Álex Jiménez perdió una pelota tonta en tres cuartos que derivó en un córner de consecuencias fatídicas. Tras un primer rechace, Yael centró sin oposición bajo la mirada de Baselga y Jordi Pola superó a todos por alto para conectar un cabezazo al palo que batió a Dani Rebollo. Otro gol de centro lateral; ya van unos cuantos. Ideal —nótese la ironía— comenzar perdiendo ante un rival directo en una noche de perros. Frío, lluvia y a remolque.
Tuvieron que pasar veinte minutos para que el Nàstic diese señales de vida. Fueron mínimas, eso sí. En todo caso, la primera y única ocasión grana de la primera parte llegó a balón parado. No podía ser de otra manera, porque el juego ofensivo era inexistente. Un centro lateral que Álex Jiménez remató de cabeza y estrelló en el lateral de la red fue la única aproximación a la portería de un guardameta rival al que ni siquiera se le había visto el rostro.
No duró demasiado aquella pequeña reacción, por llamarla de alguna manera, porque el partido volvió a poner en su sitio a unos granas que no ganaban duelos y observaban cómo el Alcorcón les atrincheraba empujado por una fe mayor. De hecho, si el segundo gol no llegó antes del descanso fue porque Dani Rebollo lo evitó con dos paradas consecutivas de mucho mérito: la primera, a una falta directa de Yael que se colaba en la escuadra; la segunda, tras el rechace, cuando Vladys obligó al onubense a volver a achicar agua.
El descanso fue, nunca mejor dicho, un alivio para un Nàstic que lo reclamaba con urgencia tras un tramo final de primera parte en el que deambulaba sobre el verde. Un equipo sin alma al que el Alcorcón olía el miedo en cada paso. Irse solo 1-0 al intermedio era la mejor de las noticias. Así estaba el panorama.
Triple cambio al descanso
Parralo debió acabar muy descontento —no podía ser de otra manera— con la primera mitad y utilizó el entretiempo como azote. El técnico realizó un triple cambio: Oriol Subirats, Enric Pujol y Juanda entraron en lugar de Camus, Hugo Pérez y Aitor Gelardo. Hombre por hombre, pero buscando una energía distinta.
Los cambios no cambiaron nada, valga la redundancia. El Nàstic seguía siendo un equipo desconectado, sin ideas para hacer daño al Alcorcón. Cada jugada era un suplicio. Los minutos pasaban y la sensación de estar asistiendo a uno de los peores partidos de la temporada, que ya es decir, iba en aumento.
No se apreciaba una ocasión clara para el Nàstic… hasta que llegó. Fue en una acción aislada en el minuto 74, cuando Jardí recibió en la banda izquierda y metió un centro al área. El defensa del Alcorcón desvió la pelota y se la dejó en bandeja a Marcos Baselga, que tuvo tiempo para pensar y ejecutar. En otra tesitura habría sido un regalo; en aquella se convirtió en una responsabilidad. El maño quiso ajustar tanto su disparo que lo estrelló en el larguero, haciendo añicos las esperanzas granas.
El milagro de Juanda
Parecía que el Nàstic se moría en el tramo final, sin ofrecer signos de reacción. Más bien todo lo contrario. Y entonces sucedió lo inesperado. Jardí volvió a colgar un centro desde la izquierda y esta vez fue Juanda quien apareció. Nadie detectó al colombiano, que sacó la zurda para enganchar una volea perfecta y firmar el 1-1 en el minuto 87.
El Nàstic saboreó ese punto con alivio, y más aún cuando Dani Rebollo sacó otra mano milagrosa en el 94’ a un disparo cruzado de Borja Martínez. El onubense completó el rescate que había iniciado Juanda. Fue un milagro inmerecido.