El ataque de Estados Unidos a Venezuela
El final de la revolución bolivariana de Hugo Chávez y consumada con la caída de Nicolás Maduro
El proyecto político que prometió devolver la riqueza petrolera al pueblo deja un país empobrecido, aislado y con millones de venezolanos en el exilio

El presidente venezolano Nicolás Maduro besa un cuadro de su antecesor, Hugo Chávez.
La revolución bolivariana que impulsó Hugo Chávez a finales del siglo XX y que trató de mantener Nicolás Maduro hasta su caída ha llegado a su fin tras más de dos décadas de poder en Venezuela. El país con las mayores reservas de petróleo del mundo se ha convertido en un Estado fallido, marcado por la pobreza, el aislamiento internacional y un éxodo que supera los siete millones de personas.
Antes de la irrupción de Chávez, Venezuela había sido una nación próspera gracias al petróleo, aunque profundamente golpeada por la crisis de los hidrocarburos de los años ochenta. El desplome económico disparó la deuda pública, incrementó la desigualdad social y generó protestas que fueron respondidas con represión. En ese contexto, en 1994, un joven militar encabezó un golpe de Estado contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez. Fracasó y fue encarcelado, pero su breve mensaje televisado, en el que afirmó que sus objetivos no se habían cumplido “por ahora”, marcó el inicio de su carrera política.
Indultado años después, Hugo Chávez ganó de forma arrolladora las elecciones presidenciales de diciembre de 1998. Con un carisma que desbordaba a sus seguidores, prometió derrotar a la oligarquía, enfrentar el imperialismo de Estados Unidos y devolver el poder al pueblo. Respaldado por el control del Ejército y por una abundancia de petrodólares, impulsó una nueva Constitución, nacionalizó sectores estratégicos y puso en marcha las Misiones Bolivarianas para atender a los sectores más desfavorecidos.
Durante la primera década del siglo XXI, la economía venezolana vivió una etapa de bonanza. Sin embargo, el modelo no logró sostenerse. Chávez falleció en 2013, víctima de un cáncer, sin haber culminado su proyecto político. Antes de morir, designó como sucesor a Nicolás Maduro, un dirigente sin el magnetismo ni el respaldo popular de su antecesor.
Maduro, antiguo chófer de autobús y militante político desde la adolescencia, intentó mantener vivo el legado de Chávez, al que llegó a presentar como una presencia espiritual permanente en la vida política del país. No obstante, su mandato estuvo marcado por el agravamiento de la crisis económica, la corrupción, el debilitamiento del Estado de derecho, el control del poder judicial y la instrumentalización de las Fuerzas Armadas.
A estas circunstancias se sumaron denuncias de fraude electoral, represión de la oposición, investigaciones por crímenes de lesa humanidad y un creciente aislamiento internacional, reforzado por las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos en 2019, incluido el embargo petrolero. Según Washington, el régimen de Caracas organizó redes de narcotráfico, lo que motivó una ofensiva política y judicial liderada por el entonces presidente estadounidense, Donald Trump.
“El chavismo dejó de ser un proyecto épico y romántico que convocaba a las fuerzas de izquierda para convertirse en una obsesión por preservar el poder a toda costa”, señaló el politólogo Nicmer Evans en declaraciones a La Voz de América, comparando su deriva con la del régimen de Daniel Ortega en Nicaragua.
Con el desplome del mercado petrolero, el Estado quebró, la economía se contrajo en un 80% y la escasez se generalizó. La pobreza y la represión empujaron al exilio a entre siete y nueve millones de venezolanos. Entre ellos figura Edmundo González Urrutia, candidato opositor que se proclamó vencedor de las elecciones de 2024 con actas en la mano y que terminó refugiándose en España ante la negativa del chavismo a abandonar el poder.
El socialismo inicial de la revolución bolivariana derivó en un populismo autocrático. Sin la mayoría social que respaldó a Chávez, Maduro recurrió a la confrontación permanente, señalando a Estados Unidos como enemigo y dividiendo al país entre bolivarianos y “pitiyanquis”, a los que calificó de “vendepatrias”.
Tras más de veinte años de revolución, Venezuela queda profundamente fracturada. María Corina Machado, voz destacada de la oposición, ha denunciado que “el clamor de los asesinados, torturados y desaparecidos ha resonado sin respuesta durante demasiado tiempo” y ha reclamado que la comunidad internacional no dé la espalda a las víctimas del régimen.