Crisis habitacional
En Tarragona también hay caseros contra la especulación que no te suben el alquiler
Eligen la tranquilidad y renuncian a sacar el máximo lucro a su inmueble. En la jungla de los arrendamientos, hay propietarios que ofrecen precios por debajo del mercado o no aplican las subidas a las que tendrían derecho

José Luis García (izquierda), dueño de un piso en Tarragona, junto con Mercedes, inquilina. Él ha decidido no subir el precio.
José Luis García ha decidido no subir el alquiler a sus arrendatarias. Ni siquiera ha aplicado la revisión al alza del IPC. Nada. «Primo otras cosas. Estoy contento con las inquilinas. Son chicas jóvenes y yo también tengo hijos de esas edad, me pongo en la piel de ellas y sé que es difícil llegar a final de mes y asumir todo», reconoce José Luis en la vivienda, un piso de tres habitaciones en la Avinguda Vidal i Barraquer de Tarragona. Las dos jóvenes pagan 850 euros, con parking incluido.
García es arrendador desde hace tres años y nunca ha subido los precios. Lo tiene claro: «Estoy en contra del negocio lucrativo de los pisos de alquiler. Yo no quiero hacer eso. Yo tenía una vivienda, me compré otra y decidí conservar la vieja y ahora alquilar, pero es más una inversión para cuando me jubile o pensando en mis hijos. Me preocupa el mundo laboral de los jóvenes y sé que el acceso a la vivienda es complicado».
A José Luis le salen las cuentas. Ha decidido renunciar a la máxima rentabilidad. «A cambio tengo tranquilidad porque mis inquilinos me pagan al día, a veces incluso antes. Estoy muy a gusto con ellas». José Luis sabe que es un ejemplo a contracorriente. «Ves que uno sube, el otro también y tú pareces el tonto que no lo hace. Pero no quiero contribuir a esta locura de precios. Esto es una filosofía distinta. No estamos hablando de los fondos buitres, con ese ritmo de coger un piso, luego otro, y otro…», admite.
«No les he subido nada el alquiler a mis inquilinas, ni el IPC. Son jóvenes y me pongo en su lugar», admite José Luis García, propietario
Ellas, claro está, lo agradecen. «Estamos encantadas. El trato es muy bueno y además que no nos suban el precio nos permite llegar mejor a final de mes», explica Mercedes de Vera, una doctora de Tudela (Navarra) de 26 años que está en su segundo año de residencia en cardiología en Joan XXIII. «He vivido mucho tiempo de alquiler, seis años en Pamplona y uno en Oviedo, y el trato con los caseros nunca ha sido tan bueno. Además, cada año nos subían el precio», cuenta Mercedes. Vive con Marta Pujol, una enfermera de Almería de 31 años que también trabaja en Joan XXIII.
José Luis García forma parte de un grupo de caseros que son versos libres en mitad de un mercado tensionado y voraz, de precios disparados y ahora contención de las rentas obligatoria para disgusto de muchos arrendadores. Ha elegido serenidad y seguridad frente a especulación. «Es fácil contagiarte si ves que otros suben, pero yo no lo hago. Creo que si más gente pensara igual no habríamos llegado a esta situación».
Hay más ejemplos en Tarragona. Una mujer de 92 años tiene dos pisos arrendados. En uno, en la calle Nou de Sant Pau, en la Part Baixa, cobra a los inquilinos 592 euros. Solo ha aplicado una subida en los últimos cinco años. Sabe que si ese inmueble saliera hoy al mercado del alquiler su precio no bajaría de los 700 euros pero prefiere mantener a los actuales arrendatarios, con los que está contenta, antes que subir los precios y provocar que, en algún momento, se acaben marchando.
"Mantener a los mismos"
También ha aplicado la misma política en un piso en la calle Francolí de Torreforta. Ahí cobra 160 euros, una cantidad que tampoco ha subido, con esa premisa de que ‘si tienes un buen inquilino, lo mejor es conservarlo’. A esas personas mayores las rentas de esas dos casas le ayudan a complementar su pensión, pero en ningún caso le mueve un ánimo especulativo.
Sonia, nombre ficticio, es propietaria de varios pisos en Tarragona y en otras ciudades de España. «Procuro mantener a los mismos inquilinos de toda la vida y por eso me gusta cuidarles», cuenta. Durante la pandemia, perdonó varios meses de la renta a las familias que se quedaron sin ingresos o perdieron el trabajo.
«Se agradece mucho que no nos suban la renta. No es algo habitual», explica Mercedes Vicente de Vera, inquilina
Sonia explica que lleva diez años sin subir las tarifas de alquiler porque considera «que ya eran caros en su momento» y también por una cuestión de calma y seguridad: «Hay que tener mucha suerte para dar con un buen inquilino. El precio no importa. Prefiero tener una tranquilidad absoluta. Hay personas que quieren alquilar poco tiempo y a precio más alto. Yo no. Quiero elegir bien al arrendatario y conservarlo».
Cuidar al buen inquilino como si fuese un tesoro. Esa es la consigna, y más si se han tenido malas experiencias. Sonia también las ha sufrido: «Pasé una mala época, con casos en los que no me pagaban y por detrás estaban alquilando habitaciones del piso a terceros». Para Sonia, igual que para el resto, el objetivo no es ganar el máximo dinero posible, sino «que te conserven bien el piso» y que «se saque un provecho».
Para esta propietaria, unas medidas similares podrían servir para impulsar comercialmente zonas de Tarragona. «Hay muchos locales que no se alquilan por el precio y creo que si fuera más bajo podrían tener salida», cuenta Sonia. «Si tienes un buen inquilino, consérvalo. A veces es mejor conservar lo que tienes. Hay mucho propietario en Tarragona que no está buscando la máxima rentabilidad», indica el abogado y experto inmobiliario Manuel Sosa.
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Héctor Ruana, gerente de la Cambra de la Propietat Urbana de Tarragona, reconoce que «hay propietarios haciendo cosas por los inquilinos, ya que que exista tanta inseguridad jurídica y tanta incertidumbre cuando alquilas hace que quieras conservar al arrendatario si estás contento con él».
Esta tendencia también tiene una explicación técnica. La doctora Gemma Caballé, subdirectora de la Càtedra UNESCO d’Habitatge de la URV, sostiene que «estos propietarios buscan una estabilidad y seguridad jurídicas que debería ofrecer el régimen de arrendamientos legales».
«No subo los precios porque quiero conservar al inquilino. Prefiero la tranquilidad», reconoce Sonia
Caballé cree que se cumple un doble cometido: «Por un lado dan una garantía de vivienda y por el otro ellos tienen una seguridad». Todo ello se produce porque «el arrendador ha perdido la confianza» y en estos casos «no tienen esta intención de sacar el máximo rendimiento sino que buscan una fuente de ingresos constante y estable», además de una forma «de evitar la ocupación ilegal si el piso se queda vacío».
"Inseguridad jurídica"
La profesora de la URV lamenta que el propietario lleva tiempo sumido en la inseguridad jurídica: «Desde 2021 en Catalunya hemos tenido una montaña rusa de reformas legislativas. Primero se reguló el tope a los precios, luego se declaró nulo, después se volvió a aprobar en la ley estatal y en 2024 se volvió a aplicar, y aún rige. Todo eso, sumado a la suspensión de desahucios a arrendatarios vulnerables, acaba conformando toda una serie de factores para esa inseguridad jurídica».
Caballé apunta a un debate sobre estos caseros que huyen de inversiones mercantilistas. «¿Por qué decimos que se está especulando si alguien sube los precios de su casa en oferta?», se pregunta la doctora, que añade: «El concepto de vivienda consiste en un elemento estructural, otro económico-patrimonial y un último relativo a lugar para vivir. No podemos suprimir una parte de estos factores, no se puede obviar el aspecto económico-patrimonial, el valor refugio. Las reformas legislativas deben ir acorde con mantener el equilibrio entre esas vertientes».