La reanudación del servicio ferroviario en Catalunya, anunciada para hoy, marca un punto de inflexión tras días de incertidumbre, interrupciones y malestar ciudadano. Lo hará, eso sí, con importantes medidas de transporte alternativo en varios tramos de Regionals y Rodalies, una solución necesaria pero que vuelve a evidenciar hasta qué punto la red sigue siendo frágil ante cualquier incidencia de calado. Las explicaciones apuntan a una recuperación parcial del servicio: un 80% de los usuarios volverán al tren, mientras que el resto deberá recurrir a autobuses en líneas como la R-13 y R-14. La promesa de un mes de gratuidad es un gesto que reconoce implícitamente las molestias sufridas, aunque difícilmente compensa las horas perdidas y la sensación de improvisación vivida por miles de viajeros. Más allá de la operativa concreta de estos días, los responsables políticos han puesto sobre la mesa un problema de fondo: la falta de coordinación entre Renfe y Adif. Una cuestión que el Diari de Tarragona lleva señalando con insistencia desde el corte de vías por las obras en el túnel de Roda de Berà. Siempre hemos pedido una planificación conjunta real, por calendarios compartidos y por una comunicación fluida que evite que las obras de infraestructura se conviertan en un calvario cotidiano para los usuarios. Los episodios de los últimos días no hacen sino reforzar esta convicción. No se trata solo de invertir más —aunque también—, sino de gestionar mejor. De anticipar impactos, de ofrecer alternativas bien organizadas y de actuar como un sistema único, no como compartimentos estancos que se reparten responsabilidades cuando llegan los problemas. Ahora, tras el colapso vivido y con el servicio volviendo de forma progresiva, estamos convencidos de que se abre una oportunidad para corregir inercias históricas. Si las administraciones y los operadores ferroviarios toman en serio las lecciones de esta crisis, la coordinación dejará de ser un eslogan para convertirse en una práctica habitual. Los usuarios del Camp de Tarragona —y de toda Catalunya— no piden milagros: reclaman fiabilidad, información clara y una red ferroviaria que esté a la altura de un territorio moderno y dinámico.