El deterioro del servicio ferroviario en Tarragona no es fruto de la mala suerte ni de incidencias aisladas. Responde, cada vez con mayor claridad, a dos factores que se retroalimentan: años de abandono de las infraestructuras por parte de Adif y el impacto creciente del cambio climático sobre una red envejecida y mal mantenida. La combinación está derivando en un sistema frágil, incapaz de garantizar un servicio fiable. Durante demasiado tiempo, el mantenimiento preventivo ha quedado relegado frente a las reparaciones de urgencia. Vías con balasto degradado, drenajes insuficientes, sistemas eléctricos obsoletos y taludes sin refuerzo han convertido numerosos tramos en puntos críticos. Tarragona es una de las zonas donde esta falta de inversión resulta más evidente, con averías recurrentes que afectan tanto a Rodalies como a servicios de larga distancia y mercancías. A esta situación estructural se suma un clima cada vez más extremo. Las altas temperaturas deforman los raíles, obligando a reducir la velocidad de circulación o a suspender servicios. Las lluvias intensas saturan sistemas de drenaje que no han sido modernizados, provocando inundaciones y daños en la infraestructura. Y los temporales costeros afectan especialmente a tramos cercanos al litoral, muy presentes en el trazado tarraconense. El resultado es un caos ferroviario cada vez más frecuente: retrasos generalizados, cancelaciones, colapsos en horas punta y una pérdida progresiva de confianza por parte de los usuarios. La responsabilidad no puede diluirse en excusas técnicas o en la imprevisibilidad del clima. El cambio climático es una realidad conocida desde hace décadas, y su impacto debía haberse incorporado ya a la planificación de infraestructuras. Del mismo modo, el estado actual de muchas líneas evidencia una falta continuada de inversión y supervisión por parte de Adif. Tarragona paga hoy el precio de esa desatención. Un territorio estratégico para el transporte de personas y mercancías se encuentra con una red vulnerable, incapaz de responder a las nuevas condiciones ambientales ni a las necesidades de movilidad actuales.