Opinión

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Recuerdo una fotografía de Claude Batho en el Centro George Pompidou. Creo que forma parte de su colección permanente de fotografía. Se trata de la imagen de una esponja de baño. Algo más banal es imposible, sin embargo ya hace años de esa visita y aún la recuerdo y durante las últimas semanas, me da por reflexionar y escribir sobre ella, quizás porque me obliga a prestar más atención a las escenas cotidianas de mi hogar. Batho era una maestra en percibir los momentos tranquilos y fugaces de la vida doméstica: la esponja en el borde de la bañera, las patatas peladas en el fregadero, las flores secas sobre el televisor. Momentos tan mundanos y familiares que nunca nos detenemos a contemplarlos por completo. Para mí, se necesita mucho talento y perseverancia para ver realmente las oportunidades fotográficas o literarias en las cosas que nos rodean a diario. Admiro profundamente la capacidad de Batho para observar y fotografiar lo extraordinario en lo cotidiano. Decidí desafiarme a mí misma a prestar más atención a mi entorno doméstico para ver qué notaba, y me resultó difícil. Cada mañana observo los objetos que me rodean. Las fotografías. La tostadora. El pintalabios. El pan con mantequilla, la taza de café, los mandos de la tele. De repente todo me resultaba desconocido y nuevo, y por lo tanto más visible, más reconocible. Igual esto es el presente.

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