Cuando una familia recibe 1.500 millones de euros en dividendos anuales, el dinero ya no se gestiona, sino que se canaliza. En Hermès, incluso las Family Offices están abarrotadas y se ven obligadas a crear estructuras paralelas, lejos de los focos. ¿El lujo supremo? No brillar, sino perdurar. Esto es lo que ocurre en la familia Dumas, propietarios de Hermès. Cada año, una ingente cantidad de millones de euros deben ser canalizados a inversiones. Lo hacen con un solo criterio: invertir en calidad. Y siguiendo unos valores estrictos: no han deslocalizado ni uno solo de sus talleres. Invierten en artesanía, todos sus productos se hacen en Francia con productos franceses (algunos de sus cueros son españoles y les llegan desde Ubrique). Sus artesanos, formados en la casa, son cuidados como si fueran ingenieros de Sillicon Valley. Su discreción es legendaria e igual hacen ahora con 1.500 millones en dividendos que cuando hace 5 años ingresaban 300. Es un modelo de sentido común, de ver a largo plazo. De saber que un Birkin (el bolso más caro del mundo) primero se desea, luego se estudia y por último (si uno se puede permitir gastar 15.000 euros) se compra. Me dirán que el precio es una barbaridad. No se trata de eso. Se trata de saber hacia dónde quieres ir. Y en Hermès (dios griego mensajero de los dioses) lo saben.