Opinión

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Aver cómo digo lo que quiero decir sin meterme en un lío excesivo. Melania Trump. La enigmática, tiesa, estirada, seguremente feliz o atormentada, la eslovaca que -no se sabe muy bien cómo- llegó a conocer a un magnate sulfuroso y ahora es FLOTUS (First Lady Of The United States). Melania también es la protagonista de una historia extraña. Ya, desde el primer «reino» de Trump, medio planeta ha escudriñado sus gestos. Sus pamelas que le impedían ver la realidad, el color de sus vestidos, la mano de Donlad rechazada. Esos gestos eran nuestra esperanza.Nos decían que ella era rehén del loco. Que, en realidad, ella no quería estar dónde estaba. Pero todo es mentira. O casi todo. El documental que se ha presentado a bombo y platillo y que explica los veinte días previos a la toma de posesión lleva consigo una campaña de publicidad monumental que ha llegado incluso a las marquesinas de Tarragona .En ella aparece su figura calazada de tacones imposibles. Y voy llegando a lo que quiero decir.Qué maravilla cuando esos carteles son vandalizados (lo sé, no es legal y probablemente un delito) pero qué maravilla. Cuernos, deportada... Qué alegría cuando los ingleses deciden vaciar los cines (sólo se han vendido un par de billetes). Es poca cosa, pero es algo.¡¡¡ Boicot Melania!!!

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