Julio Anguita, referente de la coherencia

17 mayo 2020 10:40 | Actualizado a 19 mayo 2020 11:40
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Con la muerte de Julio Anguita este país pierde a uno de los pocos referentes de la coherencia política que le quedaban, una afirmación que admiten incluso quienes más alejados estaban de sus postulados.

Lo puede corroborar el mismísimo expresidente Aznar, en las antípodas del que fuera el primer alcalde comunista de una ciudad (Córdoba) desde la guerra civil, y que, sin embargo, compartió con el ‘Cailfa rojo’ más de un café en el Congreso, además de quedar a comer en alguna ocasión junto a sus respectivas esposas y llegar a formar pareja ganadora de dominó en Córdoba.

Porque Anguita era una de esas personas que caen bien, uno de esos hombres de principios que hacen de una conversación un disfrute. Lo comprobé en un par de entrevistas que le hice y en las que supe que era feliz con algo tan sencillo como un par de huevos fritos con ajo y tomate casero. Se entregaba a lo que hacía de corazón, como cuando el 17 de abril de 2003 supo, justo antes de participar en un acto público en Getafe, que su hijo mayor, periodista, había fallecido en Bagdad víctima de un misil iraquí.

Aunque destrozado, Anguita mantuvo el mitin; subió al escenario, dijo que su hijo murió cumpliendo su deber y que él haría lo mismo, y lanzó un mensaje: «Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen». Sí, malditas y malditos sean. Descansa en paz, Julio.

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