Reus

De Reus a combatir en la guerra

Slava ha dejado el trabajo. Ya ha cruzado la frontera en furgoneta para luchar: «No vamos para morir, vamos a defender el país»

El ucraniano Slava Didur, en el Paseo Jaume I de Salou.

El ucraniano Slava Didur, en el Paseo Jaume I de Salou.FOTO: DT

Raúl Cosano
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Slava Didur (44 años) se levantó el jueves pasado, como todo el mundo, sobrecogido por las noticias de la invasión nocturna en su país. Fue el punto culminante de meses de tensión. Había empezado la guerra y él lo tuvo claro desde el principio. «Desde el primer momento ya dijo que iba», explica su pareja, que se despidió de él el domingo por la tarde antes de salir en furgoneta junto a cinco personas más hacia el conflicto. «Es una noticia triste, muy triste, pero he visto que no puedo cambiar su decisión, ni yo ni sus amigos. Le pedimos que no lo hiciera, que se quedara, pero no había manera. Dijo que no podía vivir y seguir trabajando con normalidad y tranquilidad en esta situación, así que no hubo marcha atrás».

Allí tiene a su madre y a dos sobrinas, entre otros familiares, y no ha habido manera de detenerle. Era algo así como una convicción, un instinto irrefrenable al que ha tenido que atenderle ahora: «Ha sido un impulso, algo que le ha surgido mientras leía las noticias pero lo tenía muy claro». La cuestión había surgido durante estas semanas de escalada de tensión, aunque de manera informal, como una intención que, finalmente, se ha concretado. Se había comentado en conversaciones pero sin ir más allá.

Slava no ha dudado en romper con todo. «Estaba trabajando en el sector de la construcción y también lo ha dejado, avisó de que se iba, pero le han dicho que le entienden, que le van a esperar, que cuando regrese podrá incorporarse de nuevo. Incluso tenía pendientes unas gestiones importantes a nivel de documentos, pero todo ha quedado apartado. Su prioridad ha sido ahora ir hacia allí y sumarse», explica su chica.

A las pocas horas de la invasión, todo se puso en marcha: llamamiento para encontrar a más personas dispuestas a ir y buscar la mejor manera de hacerlo, que debía ser por la frontera terrestre, dado que el espacio aéreo estaba cerrado. Ir en tren tampoco era una opción válida. También han comprado material como comida, ropa o medicamentos para transportar en un microbús que salió el domingo por la tarde desde Sant Feliu de Llobregat (Barcelona). «Iban seis hombres de diferentes edades, algunos jóvenes pero también otros más mayores. Han estado circulando por Europa, pararon a dormir cuando llegó la noche», cuenta la chica de Slava, que se mantiene en contacto con la comitiva.

La escena de esa partida es especialmente emotiva y ya circula por las redes en algunos vídeos: abrazos, besos, emoción contenida y los ojos llorosos marcaron la estampa, que finaliza con un aplauso de los presentes en una plaza cuando la furgoneta se pone en marcha, con más de 3.000 kilómetros por carretera por delante.

«Nos quedamos preocupados»

Ayer por la mañana ya habían entrado en Ucrania por la frontera con Polonia, avanzando no sin dificultades, con muchos controles. «Los que nos quedamos estamos muy preocupados, no tanto por el viaje en sí sino por lo que pueda pasar ahora en Ucrania hasta que consigan llegar a un cuartel o a una zona militar y poder armarse y protegerse adecuadamente, porque van sin nada», cuenta ella. «Voy hablando con él por WhatsApp y, claro, ahora están sin defensa. El plan era reencontrarse con algún familiar y luego integrarse ya en los combates, donde fuera», narra ella.

Slava logró llegar ayer por la tarde a Vínnytsia, donde tiene familia, al sur de Kiev, pero en la misma región administrativa que la capital asediada por los rusos. A partir de ahí, tocará armarse y entrar en combate en zonas aún por determinar, allí donde la aportación de estos civiles sea más necesaria. Prevén integrarse como parte del despliegue militar del país.

«Son decisiones muy personales. Cada uno tiene sus motivaciones para ir allí y cada uno tiene su vida, hay gente que deja aquí hijos, toda su familia, toda una vida hecha», explica la pareja del ucraniano. Slava se sinceró antes de partir, en un intento de calmar a la gente que le quiere y que se ha quedado en vilo. Les dijo que no iban allí a morir, sino a ayudar, a colaborar, a combatir y a defenderse. «Les esperamos vivos y con victoria», confiesa ella, que añade: «Le pregunté si se iba a quedar a reconstruir el país y me dijo que no, que volverá, que su vida está aquí». Eso sí, no hay vuelta planificada de momento: «Supongo que se quedará hasta el final, hasta que acabe la guerra».

Ella se mueve entre la lógica preocupación y un sentimiento de admiración y de respeto a la decisión que ha tomado él: «Estoy orgullosa por lo que está haciendo». Eso le da fuerzas para soportar una situación de angustia: «Yo no creo en los dioses, soy atea, pero estos días estoy rezando». Es una muestra más de la comunión de la abundante comunidad ucraniana afincada en Tarragona y unida frente a la invasión.

Slava, como tantos otros compatriotas, se revuelve contra el fiero ataque desatado por Rusia. «No puedo quedarme quieto cuando pisotean mi tierra. ¿Cómo actuarías si invaden tu país? Están los derechos humanos por encima y también la voluntad de un país. Y tampoco podemos aceptar que nos obliguen a vivir con un gobierno que te imponen. Hay muy poca gente que puede estar de acuerdo con la política de Putin». A eso se añade el dolor inmenso de Slava y de toda la comunidad, por ver los bombardeos, las ciudades en ruinas y las víctimas.

No es la única movilización en marcha que nace desde Tarragona. Hay algunos ucranianos que están pendientes de que sus familiares y allegados puedan abandonar sus ciudades y traspasar la frontera para que allí les recojan. Por eso preparan largos viajes en coche con el objetivo de sacarles pronto del país. En ocasiones, tomar la decisión no es fácil. «La situación empeora a cada momento y de Ucrania nos llegan mensajes de que no se sabe qué va quedar de aquí a una semana», cuenta Zoryana Lyashenko, ucraniana afincada en Vila-seca, pendiente de los suyos: «Hay mucha gente joven que prefiere quedarse porque está dispuesta a luchar, incluso hay civiles parando convoyes». «Iban a venir algunos familiares aquí pero de momento se quedan, prefieren estar todos juntos, a pesar de que la situación es muy dura», dice Maria Makarova, otra ucraniana afincada en Tarragona.

Ya fueron a la Guerra del Donbás

No es la primera vez que ucranianos residentes en la provincia acuden a luchar a su país. La guerra se inició en 2014 –ahora se ha expandido a prácticamente todo el territorio– y en esa época ya hubo personas que decidieron ir al frente. «Cada uno tiene sus motivos», indica Zoryana Lyashenko, que añade: «Van para defender a su país, porque no quieren que haya nadie que invada». La situación ahora es mucho más grave, porque los ataques campan por todo el país y no solo por la región del este.

En aquel momento la batalla la libraban dos bandos: las fuerzas independentistas y prorrusas de las autoproclamadas Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk y las tropas europeístas a favor de la unidad y que enarbolan el espíritu del Euromaidán, aquella serie de protestas para reivindicar el aperturismo ucraniano hacia Europa. Hoy se trata de una cruenta invasión rusa que asola a prácticamente toda la nación.

Slava Didur (centro), ya con todo preparado en la furgoneta, antes de partir hacia Ucrania.

Slava Didur (centro), ya con todo preparado en la furgoneta, antes de partir hacia Ucrania.Foto: DT

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