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Alexandre Frías, el ‘salvador’ de la maternidad local

Medicina. El pediatra reusense inauguró un centro pionero dedicado a la puericultura y proporcionó importantes conocimientos sobre la primera etapa de la vida de un niño

| Actualizado a 07 agosto 2022 08:15
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«Un señor que iba vestido de negro, con un sombrero de ala ancha y que se paseaba por Reus con un bastón». Así recuerda a Alexandre Frías el fisiólogo Andreu Pujol, quien, como muchos otros profesionales de la medicina, admira la trayectoria del doctor reusense. El médico, Fill Il·lustre de la ciudad, cambió el curso de la maternidad y la infancia de forma drástica y su labor condujo a importantes mejoras sociales.

Frías siempre fue una persona muy responsable, trabajador nato y preocupado por su entorno más cercano. Su adolescencia fue difícil, tras quedarse huérfano a los 12 años, tuvo que encargarse de sus tres hermanos pequeños. Pese a las enormes dificultades, compaginó sus estudios –incluso la carrera de Medicina– con su profesión como auxiliar de farmacia.

Con los años, su vida personal fue bastante desafortunada. Alexandre Frías se quedó viudo prematuramente y sus dos hijos murieron también en la guerra. El Dr. Pujol cuenta que «él afirmaba que lo único que le gustaba en el mundo era ayudar a los niños y hacer todo lo posible para mejorar las condiciones de vida de su ciudad». Porque el médico siempre estuvo muy vinculado a Reus, donde gestó un modelo de pedagogía referente a nivel europeo.

Una «afortunada» anécdota

Para el joven reusense todo empezó en L’Ametlla de Mar, con unos hechos determinantes reorientaron su carrera profesional. Según explica Pujol, «los partos en el pueblo iban a asistirlos mujeres que hacían de comadronas y que eran las mismas que manipulaban y vendían el pescado, y atendían a las madres con las herramientas y el delantal de pescaderas». Frías se horrorizó y en poco tiempo logró atar cabos: la mortalidad infantil y perinatal en los bebés de l’Ametlla de Mar estaba directamente relacionada con la falta de higiene. La transcendencia de su intervención permitió que las tasas de defunción se redujesen considerablemente, llegando a ser un hito local.

A partir de entonces, el doctor se interesó por la problemática de los niños y se centró en su cuidado. Es más, «Frías hizo una verdadera cruzada a favor de la lactancia materna», reivindica Andreu Pujol, algo que fue insólito porque las mujeres ricas lo consideraban un gran menosprecio y las mujeres trabajadoras no podían mantener la periodicidad lactante.

En aquella época, se desconocía qué era un parto normal, cómo llevar un embarazo correctamente ni había preparación sobre la infancia. Por ello, el médico reusense asentó las bases de la puericultura, la cultura de hacer crecer a los niños. Esta disciplina iba más allá de la pediatría, que se especializa en la prevención y cura de las enfermedades infantiles, y el trabajo de Alexandre Frías culminó en la inauguración del primer Instituto de Puericultura a nivel estatal, situado en el Carrer Ample de Reus.

El Baix Camp, sin precedentes

El pediatra apostó por ayudar a las madres más pobres, proporcionándoles alimentación complementaria, vacunas y medicamentos para sus hijos. Y, aunque su ambición se vio superada por unos insuficientes recursos económicos, el Institut de Puericultura de Reus inició una asistencia de la que se acabaría encargando la Seguridad Social. En cuanto a la parte docente del centro, es probable que sus tareas condujesen hasta la actual Facultad de Medicina.

Las contribuciones del Dr. Frías en el Baix Camp fueron a más. Como indica Pujol, «la tasa de mortalidad infantil fue mucho más baja que la de otras comarcas» e influyó en la erradicación de algunas enfermedades como el paludismo y el kala azar. A su vez, inspirado por los avances europeos, fue uno de los promotores de la vacunación en el territorio.

A su vez, instauró las inspecciones médico-escolares, revisiones en los colegios de la zona para mantener un registro clínico. Y, precisamente, para mejorar la salud infantil, impulsó las primeras colonias escolares en 1921: unos días en un entorno natural donde los niños podían aprender, sociabilizar, estar al aire libre y recibir atención médica. Una iniciativa que, sin duda, mejoró el estado fisiológico de generaciones venideras.

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