Institutos reusenses vuelven a mirar al extranjero

Los centros retoman lentamente los programas de prácticas y formativos en el exterior pospuestos por la Covid

| Actualizado a 06 marzo 2022 14:42
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«Hay que incentivar a los jóvenes a que salgan a estudiar fuera, es un complemento importante para su experiencia, para socializar, conocer otras culturas y sumergirse en la práctica de un idioma nuevo. El centro, además, se internacionaliza». Así defiende la coordinadora de movilidad del Institut Baix Camp, Sonia Gomés, la importancia de los programas de intercambio estudiantil y otras iniciativas que permiten al estudiante marcharse fuera para hacer prácticas o vivir una experiencia formativa diferente. Desde el centro educativo reusense, hacen movilidades desde el curso 2012-2013.

La pandemia ha parado todo el engranaje puesto en marcha en este sentido y, lentamente, se está empezando a reactivar. Gomés hace un repaso de lo vivido en el Baix Camp: «Las movilidades de grado medio y superior en 2020 y 2021, como es natural, tuvieron que pausarse. Hubo becas de Erasmus+ que, al no poderse hacer el curso 2019-2020, tuvimos que posponer y nos las han reservado para retomarlas más adelante. Este curso, se han empezado a reactivar un poco las cosas». En el caso de ciclo medio, empezarán a activarse movilidades en «mayo y junio», dice Gomés y en el superior, ya han viajado tres alumnos: dos a Polonia y uno a los Países Bajos.

Uno de ellos, Roger Antolín (24), explica su experiencia en Polonia: «Vengo de un grado superior de administración y finanzas y cuando tuve la oportunidad quise optar a un Erasmus y, con la Covid, todo se paralizó. Esperé y, de repente –de un día para otro–, me dijeron que podía marcharme en noviembre del 2021 a Lublin; no me lo pensé mucho, había poco margen de tiempo, me adapté y me marché».

La experiencia en la ciudad de Lublin, para Antolín, fue óptima. «Es un lugar universitario, lleno de gente joven y experimenté –tanto en el viaje de ida como en el de vuelta– lo que es realmente la burocracia en tiempos de pandemia. Viajé para hacer las prácticas y mejorar mi inglés. Marcharse al extranjero es recomendable, te abre la mente», expresa. De hecho, al finalizar el tiempo de estancia allí, quiso «alargarlo unos días más, hasta mediados de enero, para seguir conociendo ciudades», rememora.

Contar la experiencia a otros

Gomés destaca que ha habido exalumnos que han contado como fue su experiencia en un país extranjero para animar a compañeros de otros cursos a que decidan viajar también. «Eso ha dado buenos resultados, es enriquecedor y contagia las ganas», sostiene. «Ha habido un aumento en la solicitud de becas de movilidad con los años; a la hora de hablar de movilidad, en la ESO la responsabilidad es mucho mayor, tienes que estar atento y mirar que al alumno le vaya todo bien», cuenta.

Por su parte, la jefa de estudios del Institut Gabriel Ferrater, Laura Rodríguez, recuerda que el centro es el «único de Catalunya que ha obtenido un sello de calidad en la enseñanza del francés y es referente en movilidad en esta misma lengua, hay mucha tradición». De hecho, como tercia la profesora que se encarga de la coordinación de movilidad en el Gabriel Ferrater, Mercè Piñas, «aunque por la pandemia no se realizan intercambios estudiantiles de momento», los viajes a Francia se realizaban desde hace mucho: en 2004 se hizo el primer viaje a Albi; en 2012, se llevó a cabo la primera movilidad a Francia y, también, el primer viaje a Argelès-sur-Mer.

En 2014, realizaron la primera movilidad a Quebec y ese fue el año en que, también, iniciaron intercambios a Perpiñán –aunque en este caso ya habían realizado viajes allí antes–. Las estancias en empresas del extranjero, que hacen los alumnos del bachillerato francés en verano, comenzaron en 2011. «Es amplia la trayectoria que tenemos en materia de movilidad y supone para los profesores todo un aprendizaje. Coordinar las estancias para que alumnos se marchen a estudiar supone que el profesor se marcharse al lugar e interactue con docentes de otros países, eso enriquece mucho. Observas formas de enseñar distintas. Es un aprendizaje recíproco», señala Rodríguez.

Detalla, también, que lo que entendemos por Erasmus+ está cambiando. «No siempre implica que los alumnos tengan que moverse. Desarrollamos proyectos con otros países europeos y creamos una red mediante la que compartimos materiales pedagógicos relacionados, por ejemplo, con la emprendeduría, donde hay encuentros virtuales, también», apunta sobre una modalidad aplicada en tercero de ESO.

Dinámica epistolar

Piñas indica que «la mayoría de intercambios estudiantiles se han paralizado», que «se activa alguna escapada breve» y que «se potencia, en el caso de la ESO, iniciativas en las que hacen un intercambio estudiantil epistolar». Por poner un caso, en primero de ESO realizan un intercambio de cartas con otros centros de Catalunya y practican francés a través de la redacción formal. «En mayo, los de segundo suelen hacer un viaje corto a Argelès-sur-Mer y pasamos, también, por Colliure. En tercero, en cambio, hacemos un viaje a Albi, de tres noches, llegado el mes de abril», enumera. Esperan hacer intercambios «normales el año que viene».

La jefa del Departament d’Idiomes del Institut Lluís Domènech i Montaner, Carme Cugat, aboga por «crear vínculos europeos». «Los alumnos consiguen vivir una experiencia académica crucial en estos viajes, en los que hacen las prácticas o en los que trabajan un tema concreto, algo que a muchos les ayuda a practicar el inglés más allá del aula», añade.

Destaca la importancia de congeniar con estudiantes de otros países, porque «puede que se conviertan en contactos útiles para el futuro». Aporta que las prácticas en los ciclos formativos «se han mantenido». «Esperamos que en el curso 2022-2023 todo se normalice. El año en que vino la pandemia, muchos alumnos se quedaron sin ir a ningún lado y fue una pena», finaliza.

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