Reus

Marc Parrot, turismo musical de culto

El cantautor barcelonés repasa sus 30 años de carrera con una performance ingeniosa e íntima en el Teatre Fortuny

Marc Parrot, durante su actuación en el Teatre Fortuny de Reus.

Marc Parrot, durante su actuación en el Teatre Fortuny de Reus.Foto; Alfredo González

Marc Libiano
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No resulta frecuente observar cómo un artista comparece por la platea, se sube a la tarima y acomoda el escenario, hasta ese momento vacío, sin alma. El respetable, acontecido, ingirió la primera canción de Marc Parrot bajo el síndrome del shock, porque el artista depuraba la voz a la vez que ordenaba altavoces, instalaba pantallas y centraba su cajón de sastre. En él, escondía dos guitarras, fieles compañeras de viaje.

El espectáculo que Marc Parrot ha diseñado para girar en teatros expertos no se arropa en los cánones clásicos, por eso, quizás, gusta. Le da una vuelta de tuerca a los estereotipos que definen un concierto, el ingenio lo distingue. Hay que contar con un millón de cicatrices en la espalda y cientos de shows para exponerse como lo hace Parrot, íntimo, delicado, detallista y conciliador. A veces, eso sí, lento, demasiado reposado. No le acompañan músicos que esconden sus defectos, su concierto es un desnudo sin refugio. Se le ven las costuras.

«Estoy aquí con vosotros para celebrar mis 30 años de carrera, pero no lo digo muy alto para sentirme joven», confesó ante un público extremadamente respetuoso, callado, incluso entregado a la causa sin protestar.

Esas tres décadas en la carretera han llevado al autor a crear una producción en la que revive, a través de las canciones y en un orden cronológico, todo un proceso alternativo, porque Parrot no ha viajado alentado por lo que dicta la mayoría, ha dedicado esfuerzos a una audiencia más minoritaria, aunque fiel. Quizás, con el Chaval de la Peca ya vivió el desenfreno. No faltó, evidentemente, en Reus.

De hecho, entonó el mítico A-Ba-Ni-Bi mientras afinaba una de sus guitarras. «Viene bien para estas cosas», aseguró. Luego dedicó el set list a temas muy personales, algunos de calado vital como No m’estiris del fil, la primera composición en catalán que realizó el cantautor.

Con esa puesta en escena casi insólita, Parrot descubrió a sus fieles una capacidad extraordinaria para construir instantes emocionales en espacios ocultos. . «Ahora vienen las canciones raras, porque para decir cosas a veces hay que complicarse la vida y os juro que cada vez intento complicarme menos», comentó sonriente.

En él se intuyó una capacidad muy solvente para dominar el show a su antojo. No desprendía preocupaciones. «Es especial el Teatre Fortuny, han venido amigos, porque lo más importante de esta profesión es que se hacen amigos», concluyó.

El espectáculo llegó a los adeptos y adeptas porque va más allá de una simple actuación donde se interpretan canciones, el músico utilizó recursos escénicos y performativos que lo alejaron de lo previsible. Los acompañó de diálogos inteligentes y repletos de empatía, no lanzó mensajes gratuitos ni postureó. Más bien lo contrario.

Marc Parrot disfrutó de los consejos de Irene Garrido en la dirección artística y Oriol Cava en los visuales. Del resto se encargó él con su turismo de culto.

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