Sociedad
Las 84 personas que duermen en la calle en Tarragona se hacen visibles por una noche
El recompte de Persones sense sostre contó con 138 voluntarios de perfiles muy diversos, desde estudiantes recién llegados a Tarragona hasta una peña del Nàstic

Uno de los equipos que participó en el recuento por la Part Alta.
Margarita, voluntaria de Cáritas, participa por tercera vez en el Recompte de Persones Sense Sostre. Cuenta que repite como voluntaria porque «hace falta gente que se implique». Le conmueve especialmente la gente joven que se encuentra durante estas iniciativas: «Ese chico que duerme en la calle podría ser mi hijo», se lamenta.
Mientras en la Plaça de la Font todavía se escucha el ruido de las terrazas, como si de una noche de verano se tratara, pequeños grupos comienzan a salir, mapa en mano, a recorrer la ciudad con la intención de poner la mirada en las personas que duermen en la calle, las mismas que, normalmente, casi nadie ve.
La de este martes 21 por la noche era la sexta edición del Recompte de Persones Sense Sostre que se realiza en la ciudad, y en esta oportunidad consiguió reunir a 138 voluntarios, una cifra récord que la concejala de Serveis Socials, Cecilia Mangini, atribuyó a la sensibilidad creciente de la ciudadanía respecto al fenómeno del sinhogarismo.
Un voluntariado diverso
El perfil de los voluntarios era de lo más diverso. Alba, que trabaja en una empresa tecnológica, se enteró por la noticia en el Diari, mientras que Maria Paula ha venido junto a otras compañeras de la Cátedra Unesco de Vivienda de la URV.

Entre los voluntarios alguna cara conocida, como la del exalcalde Ballesteros.
Llama la atención un grupo de chicos con camisetas negras. Son de la grada de animación del Nàstic: 'Alterats'. Se autodefinen como antifascistas y dicen que quieren colaborar con causas sociales y darle la vuelta a la mala fama que tienen las aficiones futbolísticas.
Había más de una cara conocida, como la del exalcalde Josep Fèlix Ballesteros, quien reconocía que por fin se quitaba «una espinita» pudiendo colaborar en el recuento. Pero había, sobre todo, muchos jóvenes, como tres estudiantes de Medicina de Ciudad Real, Teruel y Murcia, que se apuntaron pese a llevar apenas un mes aquí.
Justamente con las estudiantes de Medicina y dos técnicas de Reus y Tarragona (ambas venían también como voluntarias) nos apuntamos a recorrer la zona que les toca, entre Ciutat Jardí y un sector de la Part Alta.
El grupo no tiene suerte o, mejor dicho, tiene mucha, puesto que no encuentra a nadie durmiendo en la calle, ni siquiera en sitios habituales como el Parc de la Reconciliació. La caminata, no obstante, da mucho de sí. Una de las técnicas cuenta cómo, detrás de todos los casos de sinhogarismo que ha conocido, hay un trauma: «Nadie nace en la calle», afirma.
El número se estabiliza
En esta oportunidad se encontró a 84 personas durmiendo en la calle. De ellas, 44 eran hombres, 9 mujeres y en 13 casos no se pudo identificar el sexo. Por zonas, 32 fueron localizadas en la Part Alta, 28 en la Part Baixa, 5 en Llevant y 1 en Ponent. Además, se contabilizaron otras 18 personas que pasaron la noche en el albergue de la Fundació Bonanit.

Una persona durmiendo el martes por la noche en un banco de la Rambla Nova.
La cifra supone un ligero descenso respecto a 2024, cuando se registraron 91 personas durmiendo en la calle, aunque continúa siendo superior a la de los cuatro recuentos anteriores: 79 personas en 2023, 58 en 2021, 70 en 2019 y 47 en el primer recuento realizado en 2017.
Sonia Orts, concejala de Protecció Civil, recordó que el recuento es «una herramienta clave para reforzar la planificación y la coordinación de los dispositivos de emergencia social, especialmente en episodios de riesgo, como olas de frío o calor u otras situaciones de vulnerabilidad».
El Recompte fue posible gracias a la implicación de Creu Roja, Formació i Treball, Joventut i Vida, Fundació Bonanit, la Càtedra d’Habitatge de la URV, Guàrdia Urbana, Protecció Civil y el Servei Municipal de l’Habitatge de Tarragona.
Que la cifra de personas durmiendo en la calle se estabilice es, de por sí, una buena noticia, pero lo cierto es que el sinhogarismo es una realidad escurridiza. Acabado el recuento y de camino a casa, encontramos a dos personas pernoctando al raso. Difícil saber si, cualquier otro día, con las prisas, nos habríamos percatado de su situación en lugar de mirar a otra parte.