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Vox pasa de 25 a 140 afiliados en once meses en Tarragona

Los líderes locales del grupo de ultraderecha proceden del PP

Raúl Cosano

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Un acto reciente de Vox Tarragona durante el mercadillo de Torreforta. Foto: Vox

Un acto reciente de Vox Tarragona durante el mercadillo de Torreforta. Foto: Vox

Mesas informativas, jornadas de formación, concentraciones y hasta una sede, la primera en Catalunya, que se abrirá en breve en el centro comercial Boulevard Bus. La actividad de Vox en la provincia es creciente en las últimas semanas y va desde charlas hasta el activismo a pie de calle. Afiliados y simpatizantes incluso participan en las cruzadas nocturnas para quitar símbolos independentistas en La Selva del Camp o lazos amarillos en la Rambla Nova. 

También hay actividad intensa en Reus, Valls, Torredembarra o en El Vendrell y se hace difusión en los barrios de la periferia como Torreforta, Bonavista y Sant Pere i Sant Pau, en busca de adhesiones y votos. Algunos militantes también acuden a los plenos del ayuntamiento de Tarragona con banderas de España, donde suelen aplaudir las intervenciones de Ciudadanos. 

De 25 afiliados a 140
El controvertido partido se articula en estos momentos en la provincia, donde no deja de sumar adeptos: de los 25 afiliados que tenía en enero de este año a los 140 del pasado noviembre, según balance de la propia fuerza. La militancia, por lo tanto, se ha multiplicado por cinco en lo que va de año, mientras calcula las fuerzas de cara a las municipales de mayo de 2019, la primera gran piedra de toque en la provincia.

El resultado en Andalucía ha dado un espaldarazo a la formación, que celebra lo que no duda en calificar como «éxito espectacular». Jordi Ferré, vicesecretario provincial de comunicación de Vox Tarragona y coordinador local en Reus, evaluaba así los comicios andaluces: «Mucho voto de Vox no ha venido sólo del PP y de Cs, sino también de otros partidos, lo que demuestra que si tienes clara tu ideología y un programa sin complejos, ganas». 

En el seno del partido se respiraba ayer euforia y alegría en grandes dosis. «La irrupción ha sido un soplo de aire fresco a la política andaluza y también tiene su repercusión en España», sostenía Jordi Ferré que, como Isabel Lázaro, la presidenta provincial, es exmilitante del PP. 

Las caras visibles de Vox en la provincia celebraban que «el mensaje esté calando en muchas personas y que se esté plantando cara a la dictadura de lo políticamente correcto». Los 12 diputados en Andalucía insuflan fuerza para que la formación arme ya sus candidaturas con vistas a las municipales. El partido ya ha confirmado que se presentará en Tarragona capital, casi con total seguridad con Isabel Lázaro como cabeza de lista. «Estamos estudiando presentarnos en otras localidades. La intención es estar en el mayor número posible de municipios», añade Ferré. 

El descontento social
Vox se articula en las comarcas tarraconenses al tiempo en que crecen exponencialmente sus apoyos, en parte bebiendo también del descontento social, el desencanto y la crítica al ‘status quo’. Argumenta el partido en Tarragona que no sólo de PP y Cs vienen sus adhesiones más recientes. Así, ¿quién más da su apoyo? «Nos viene gente que no ha votado nunca porque a lo mejor no creía en otros partidos políticos. Muchos están hartos de que no se defienda la unidad de España como está mandado, de la dictadura de lo políticamente correcto. Hay gente que nos dice que no le gusta la ley de la violencia de género porque es discriminatoria o la ley de paridad, porque lo que hay que hacer es primar la meritocracia», cuenta Jordi Ferré. 

Sus líderes en Tarragona vienen del PP. Han hecho actos en Valls, Reus o El Vendrell

El partido busca aliento en la periferia. Un ejemplo es el reciente acto celebrado en el bar Cabrera de Bonavista, un evento lleno de tensión, en el que grupos antifascistas y militantes y simpatizantes, junto a Sociedad Civil Catalana, intercambiaron reproches, hasta el punto de que las fuerzas de seguridad intervinieron para evitar enfrentamientos físicos. 

En el fragor de esa controversia, el partido trabaja para despojarse de etiquetas que, según la formación, son falsas. «No somos extrema derecha. Somos un partido liberal conservador. Nuestro partido es de extrema necesidad», cuenta Ferré, que tras el juego de palabras arremete y se defiende contra la mala prensa: «Nos ponen el tópico de que somos machistas, pero la violencia no entiende de género. También hay mujeres que maltratan al hombre y tienen que estar condenadas». 

Otro punto espinoso que aborda es la inmigración. No son pocas las voces que acusan al partido de xenófobo y racista. «Tenemos inmigrantes en nuestras filas. Solo pedimos el control de nuestras fronteras, saber quién sale y quién entra», se defiende la fuerza, que se jacta de haber hecho bandera de un programa electoral que «cautiva», más allá de las caras visibles y de las procedencias de sus militantes. «Nos vienen a ver personas normales y corrientes, con su trabajo, con su vida, con sus preocupaciones. Hemos sabido tener un discurso claro. Hay votantes que vienen y te dicen las cosas en privado: ‘No me gusta el estado de las autonomías. Yo también opino que hay que desmantelarlo o devolver al Estado las competencias en educación o sanidad, o que vuelva la Guardia Civil en cuestiones de seguridad’», narra Jordi Ferré. Él, junto con nombres como Marcos Herrera, Jordi Fernández, Sonia Aguirre o Antonio Morales, forma parte de la cúpula de Vox en la provincia. 

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