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El 20% de tarraconenses no puede pagar sus gafas

Las dificultades para acceder a servicios que no cubre la Seguridad Social como el dentista o el psicólogo aumentan tras la pandemia. Los pacientes posponen o suspenden tratamientos

| Actualizado a 02 mayo 2022 12:45
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Oscar Castellano acaba de atender en su óptica de la calle Lleida a un cliente que ha venido a reparar, por segunda vez, un audífono. Por el estado en que se encontraba el aparato lo ideal habría sido reemplazarlo, pero su dueño, un señor mayor, no puede permitírselo «ni financiándolo» con la pensión que cobra.

Castellano asegura que cuando se trata de gafas y audífonos cada vez se repara más y se apura al máximo el momento de cambiarlos.

La percepción de Castellano va en consonancia con lo que encontró el estudio ‘Impacto de la Covid-19 en la sociedad de Tarragona’, elaborado por el Insistitut Municipal de Serveis Socials, IMSST, con la colaboración de la URV. En la encuesta, que se realizó en los inicios de la pandemia y que se repitió un año más tarde (entre febrero y marzo del año pasado), se preguntó, entre numerosos ítems, sobre las dificultades de los entrevistados para costear servicios sanitarios que no cubre la Seguridad Social o que solo cubre parcialmente.

El resultado fue que en la segunda etapa, cuando se supone estábamos en proceso de recuperación, un 20,1% de los consultados de 16 a 64 años decía que tendría dificultades para comprar gafas o audífonos; un 15,1%, para ir al dentista; un 5%, para hacerse prótesis dentales; un 7%, para ir al psicólogo; un 2,5%, para ir al podólogo, y un 2,5%, para adquirir otros tipos de ayuda técnica como sillas de ruedas, sillas de bebé adaptadas, prótesis y muletas.

«Estos datos demuestran que un porcentaje muy alto de familias de la ciudad de Tarragona tiene graves dificultades para poder acceder a recursos de atención sanitaria que no cubre la Seguridad Social y, por lo tanto, aumenta la incidencia de las iniquidades sociales y de salud», señalaba el informe.

Paradoja postconfinamiento

A Alfons Bielsa, presidente del Col·legi Oficial d’Òptics Optometristes de Catalunya, tampoco le extraña el resultado de la encuesta; datos similares se reflejaban en el Libro blanco de la salud visual en España elaborado por los colegios de su especialidad en 2019.

Después de la pandemia, reconoce, se encontraron con una paradoja; por una parte aumentó la población con medios económicos suficientes que acudió a revisarse la vista porque fueron más conscientes que nunca de su importancia debido al teletrabajo y las videollamadas.

Por otro lado están los más vulnerables, para quienes «un gasto de 300 o 500 euros es inasumible de una sola vez». Recalca que hay ópticas que ofrecen financiación y que tienen fundaciones sociales. El propio colegio tiene un convenio con Creu Roja, pero, con todo, no es suficiente.

Le preocupan especialmente los niños porque, apunta, 3 de cada 10 no se han hecho una revisión y está demostrado que uno de cada tres casos de fracaso escolar tiene que ver con problemas de la visión. En el caso de los adultos puede afectar su desempeño laboral. A todo ello hay que agregar, además, el aumento de la miopía por la exposición a las pantallas.

Problemas detrás de la mascarilla

Maria Dolors Ceperuelo, presidenta de la junta de Tarragona del Col·legi Oficial d’Odontòlegs i Estomatòlegs de Catalunya, responde «absolutamente sí» cuando le preguntamos si ella y sus compañeros han visto aumentar el número de pacientes que dejan de hacerse los tratamientos. Apunta que algunos los retrasan a la espera de tener más ingresos.

Además explica que haber pasado la Covid y el uso de la mascarilla ha aumentado especialmente los problemas de las encías y las caries.

Ella también ve dos grupos diferenciados; uno en el que el uso de la mascarilla ha facilitado la realización de tratamientos odontológicos y el otro grupo al que la mascarilla ha servido para camuflar los problemas, lo que ha hecho posponer los tratamientos.

Respecto a la cobertura odontológica que se da desde la sanidad pública, Ceperuelo considera que «lamentablemente se destinan pocos recursos para atender a la población más desfavorecida y en especial la primera infancia y los mayores, que deberían gozar de planes específicos para cubrir sus necesidades. Creemos que el tratamiento odontológico es un tema muy utilizado por los políticos en las campañas electorales para ganar votos, pero la realidad es muy distinta y lo que se promete rara vez se cumple. Deberíamos hacer una reflexión».

El lujo del diván

Pero si algo dejó en evidencia la pandemia fue la importancia de contar con atención psicológica. La presidenta de la junta de Tarragona del Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya, Eva Llatser, dice que las cifras son claras: «En España hay una media de 6 psicólogos por cada 100.000 habitantes, y en Catalunya, 10 por cada 100.000. Es una miseria y estamos muy alejados de la media europea, que está en los 18 psicólogos». Todo en medio de un pico de demanda en que se han visto aumentar los cuadros de ansiedad y depresión, en especial entre los jóvenes.

El resumen es que en la sanidad pública, en especial en los centros de atención primaria, se han incorporado psicólogos, pero están muy lejos de ser suficientes, lo que ha dejado parte del problema en manos de los médicos de cabecera. De allí, explica Llatser, la ingente cantidad de ansiolíticos y antidepresivos que se recetan.

Al final, reconoce, la atención psicológica se da especialmente en la privada y es un privilegio para quienes se la pueden pagar.

Cree que deberían explorarse dos vías; o dotar bien de profesionales a la sanidad pública o buscar soluciones como la de Francia, que decidió el año pasado dotar con 40 euros para una sesión inicial y 30 euros para las posteriores (hasta 7) a sus ciudadanos para que acudan al psicólogo.

Recuerda además que el colegio cuenta con la Psicoxarxa solidària (www.copc.cat/es/psicoxarxa-solidaria) en la cual se atiende a personas que lo necesitan pero cuentan con pocos recursos económicos.

Por su parte, Silvia Labodia, portavoz del Grup de Treball en Defensa de la Sanitat Pública a Tarragona, reconoce que la falta de psicólogos en la red pública es algo que «nos preocupa muchísimo». Pone el ejemplo de una paciente que después de semanas de espera por fin consiguió una visita con la psicóloga de 20 minutos. No le dieron fecha para volver «a menos que se encontrara mal. Es indignante».

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