«Las diferentes administraciones instrumentalizaron la pandemia»

La división política y sus consecuencias está entre la treintena de errores señalados por los diez expertos y expertas

| Actualizado a 30 mayo 2021 11:48
Se lee en minutos
Participa:
Para guardar el artículo tienes que navegar logueado/a. Puedes iniciar sesión en este enlace.
Comparte en:

¿Cree que se debe proteger el catalán en las escuelas?


No

«En un tiempo en que urgía acompañar el duelo, comunicar serenidad, transmitir confianza y seguridad, eliminar la incertidumbre y participar de la gestión, nos encontramos pose, postureo y pantalla como placebo y truco en plena confusión. Y aún dura». Así de contundente se muestra el economista Rafael Muñoz. Alude a que muchos políticos no estuvieron a la altura, lo que redundó en una falta de confianza del ciudadano ante la gestión de la pandemia.

Marta Montagut, experta en Comunicación de la URV, abunda en la idea: «Las diferentes administraciones instrumentalizaron aspectos de la pandemia (los confinamientos u otras medidas restrictivas) como caballo de batalla político. La competición establecida sobre quién estaba gestionando mejor o peor la pandemia y el potencial rédito electoral de capitalizar esa gestión nos provocaron confusión y aún más incertidumbre. Estos enfrentamientos no dejaron de ampliar la desconfianza ciudadana hacia sus gobernantes, hecho que complicaba la tarea a los responsables de los gabinetes de comunicación a la hora de hacer llegar los mensajes a la ciudadanía. De ahí que la selección de portavoces no políticos y con legitimidad y autoridad profesional, como el caso de Fernando Simón o de Josep Maria Argimon, fueran una buena solución comunicativa».

Para Ernesto Pascual, politólogo de la UOC, la división política «ha desconcertado al ciudadano sobre todo en el periodo en que la gestión no estaba centralizada. Posteriormente, con la vuelta a la federalización, ha habido comunidades que han aprendido de ese desconcierto y han sido prudentes y le han explicado a los ciudadanos lo que sucedía, como Valencia, y otras, como Madrid, que han seguido usando su gestión como arma arrojadiza».

«Ante la simplificación de argumentos que vivimos por los populismos, tanto de derechas como de izquierdas, hay que reivindicar la política de la complejidad. Decir que las cosas no son blancas o negras sino con muchos tonos de grises. No hay que mentir al ciudadano. Hay que admitir que estamos en una situación compleja y que la política no tiene respuesta para todo», dice Pascual.

Antoni Castro. Decano de la Facultat de Medicina de la Universitat Rovira i Virgili

  1. Centralización. No creo que se hayan cometido errores sino que en cada momento se han tomado las decisiones en función del conocimiento y las posibilidades del momento. El gran error sería no hacer un análisis de cómo ha ido para poder mejorar en un escenario parecido. Dicho esto, si hay que concretar, un error sería que el Ministerio de Sanidad centralizó la gestión de la pandemia, menospreciando la experiencia de las comunidades autónomas. Recordemos que la gestión de la Salud está traspasada.
  2. Un sistema sanitario debilitado: Este es un error previo a la pandemia. Nuestro sistema lleva décadas de penuria y recortes. Esto le restó capacidad de reacción ante la pandemia. Las profesiones de salud habían perdido capacidad de atracción por la escasa remuneración económica. Las plantillas  no estaban adecuadas a las necesidades. La pandemia ha evidenciado la falta de recursos. Los gestores actuales han sido víctimas de un sistema debilitado, incapaz de afrontar un reto como este.
  3. Tener que apoyarse en la profesionalidad: Los profesionales han dado ejemplo y han funcionado muy bien, pero es un defecto confiar siempre en que será la profesionalidad de los sanitarios la que resuelva los problemas del sistema.
Cinta Pascual. Pdta. de la Associació Catalana de Recursos Assistencials

  1. Falta de coordinación sociosanitaria: Las residencias sufrieron un calvario durante la primera ola porque no fueron consideradas esenciales hasta pasadas unas semanas del inicio de la pandemia. Falló la coordinación sociosanitaria, la actuación conjunta que tendría que haber existido entre los departamentos de Salut y Afers Socials. Cuando esto se produjo, la afectación se redujo ostensiblemente.
  2. Falta de equipos de protección: En las primeras semanas de la pandemia faltaron EPIS. No llegaban. Sin mascarillas, guantes, batas y gafas protectoras, la protección de las personas más vulnerables se convirtió en una tarea enormemente difícil.
  3. Sin respuesta coherente: La pandemia de la Covid-19 llegó sin avisar. Era difícilmente predecible y las autoridades sanitarias no disponían de la evidencia científica suficiente como para articular una respuesta coherente desde el primer día. No se trata de buscar culpables a todo lo que ha sucedido, pero sí que hay que prepararse para el futuro.  
Àlex Arenas. Catedrático de Ingeniería Infor-mática y Matemáticas (URV) 

Poco aprecio a la ciencia. No se valoró suficientemente el conocimiento científico. El famoso comité de expertos no lo conocía nadie. Sí que sabemos que tenían información de lo que iba a pasar y no se actuó a tiempo.

  1. Decisiones tardía: Se tomaron decisiones a destiempo, demasiado tarde, cuando la información que teníamos ya era evidente. Esa evidencia científica debería haber hecho reaccionar a las autoridades de manera inmediata, pero las estructuras administrativas de los gobiernos y la formación de nuestros políticos no estuvieron a la altura para poder tomar decisiones cuando era necesario. 
  2.  Repetir los dos errores anteriores: Cometimos una vez y otra y otra los mismos errores. Tras los confinamientos no hemos incidido con la fuerza suficiente en los test de antígenos. Hemos obviado otras medidas como la ventilación. La OMS ha tardado ocho meses en admitir que la Covid se transmite por la respiración, no por las gotículas. Eso ha provocado una transmisión elevadísima del virus, fallecimientos, una carga sanitaria terrible, el hundimiento económico...
Eva Llatser. Presidenta en Tarragona del Col·legi Oficial de Psicologia 

 

  1. Falta de recursos: Tras más de un año de pandemia y a pesar de ver la relevancia y la afectación que ésta ha tenido en la salud mental de la población, no hay previsión de invertir y aumentar los presupuestos para disponer de suficientes profesionales de la psicología en el ámbito de la sanidad pública. Los recursos son escasos y deficitarios. 
  2. Mensajes contradictorios: No se ha tenido en cuenta a la hora de informar qué impacto se tenía en el bienestar emocional de las personas. Al mismo tiempo, se han dado mensajes contradictorios, que podían dar lugar a duda y desmotivación. Esto ha provocado en muchas personas una pérdida de credibilidad en los órganos de gobierno, una falta de adherencia a las decisiones que había que adoptar y no seguir las medidas de prevención y contención de la pandemia que se establecían.
  3. Comunicación desde el miedo: La comunición y transmisión de la información sobre las medidas de prevención para evitar la propagación de la Covid se ha trasladado desde el miedo, tanto en el inicio de la pandemia como en la actualidad, cuando la vacunación supone un punto de inflexión.
Rafael Muñoz. Economista de la CEPTA (la patronal tarraconense) 

  1.  Descontrol presupuestario: Sufrimos los efectos de un descontrol presupuestario. La defectuosa atención al gasto extraordinario que produce un accidente inesperado como la pandemia ha profundizado en el desequilibrio de las cuentas públicas, de por si maltrechas. Se pretende resolver el problema de forma aún peor mediante el aumento de la carga tributaria a una economía débil y empobrecida.
  2. Aislamientos indiscriminados: Sufrimos el aislamiento indiscriminado como terapia. Desconozco si el confinamiento resultó una solución sanitaria, pero sí he podido constatar que produjo un daño colateral en la enfermedad y muerte económica y financiera de empresas, empresarios y trabajadores. Un tejido productivo muy difícil de recuperar.
  3. Mentiras: La consolidación de la desinformación, la mentira y la mendacidad como habilidades políticas. 
 Encarna Orduna. Decana del Il·lustre Col·legi de l’Advocacia de Reus

  1. Falta de inversión: La pandemia tuvo como consecuencia la práctica total paralización de la administración de justicia durante meses, excepto en un número limitado de asuntos, considerados esenciales. Se agravaron los problemas de atrasos y colapso en la resolución de procedimientos judiciales y se evidenciaron las consecuencias de la falta de inversión durante décadas en medios técnicos y personales suficientes para modernizar la justicia.
  2.  Medidas de cara a la galería: Se habilitaron como días hábiles del 11 al 31 de agosto de 2020 para todos los procedimientos judiciales. Fue una medida inútil en la práctica y así lo reflejan las estadísticas. Fue una medida de cara a la galería para evitar la imagen de juzgados cerrados poco después de reanudarse su actividad, pero sin efecto práctico.
  3.  Confusión jurídica: El gran cúmulo de normas legislativas que se han dictado. Soy consciente de la excepcionalidad de la situación y de las dificultades que entraña pero en muchas ocasiones ese marco legal tan cambiante e improvisado ha producido, en ciertos momentos, confusión, inseguridad jurídica y lagunas importantes.
Ernesto Pascual. Profesor de Ciencia Política en la Universitat Oberta de Catalunya

  1. No ofrecer unidad desde el Gobierno: El Gobierno debería haber creado un comité con el resto de partidos para poder gestionar la pandemia de manera ejecutiva, pero con una comunicación directa. Esto hubiera permitido un sentido de unidad en las medidas a tomar.
  2. Una oposicion demasiado beligerante: La oposición utilizó la pandemia como un método para dividir. El hecho de no llamar a una gestión unida y la división generada por la oposición provocaron que la población viese la gestión de la pandemia como un enfrentamiento entre bandos. 
  3. No admitir que se estaba improvisando: Un tercer error fue no reconocer que las medidas que se estaban tomando no eran unas medidas fruto de una gran reflexión, de un estudio previo, sino que eran soluciones adaptativas para una crisis de la que no se tenían referencias ni manuales de cómo afrontarla.  Es decir, habría que haberle dicho a los ciudadanos que no se tenían certezas, pero que las decisiones que se tomaban parecían las mejores en ese momento.
Anna Sabaté. Coordinadora de Creu Roja en Tarragona

  1. Falta de recursos: No podemos dejar un teléfono o un email de contacto y cerrar puertas a las personas vulnerables. Al contrario: las tenemos que abrir de par en par. En lugar de reducir servicios era necesario ampliar la atención a las personas. 
  2. Excesiva digitalización: Las herramientas on line han supuesto un gran avance estos meses. Pero nos hemos olvidado de una ‘inmensa minoría’ de personas que no tienen acceso o no tienen las habilidades necesarias para utilizarlas. Si dejamos solo esta vía (para pedir cita, para gestiones, para obtener una receta ...) queda un porcentaje muy elevado de la población automáticamente fuera del sistema.
  3. No presencialidad: Aplaudo el teletrabajo, pero en la atención a las personas, y especialmente a las más vulnerables, se debe garantizar la presencialidad. Es necesario el acompañamiento y el apoyo. Más cuando el acceso a algunos derechos resulta tan complicado de garantizar. Tenemos el ejemplo del Ingreso Mínimo Vital, que se aprobó en pleno confinamiento estricto y que celebramos como un paso adelante, pero que en la práctica resulta extremadamente difícil de solicitar.
Ángel Belzunegui. Sociólogo. Director de la Cátedra de Inclusión Social (URV) 

  1. Confinamientos uniformes: Se tomaron medidas de restricción de la sociabilidad sin tener en cuenta a algunos colectivos con especifidades importantes, como los de diversidad cognitiva o discapacidad intelectual. Para estos, el confinamiento resultó fatal. Los confinamientos tenían que haber sido específicos, no tan uniformes. Si nos tenemos que volver a encerrar, debemos aprender de esta lección.
  2. Prestaciones insuficientes: Ha habido sectores ‘semiprotegidos’ gracias a los ERTE, aunque hayan tardado en percibirlos. Pero otros sectores, a caballo de la economía formal y la informal, han quedado totalmente desprotegidos e incrementarán las tasas de pobreza. Son las personas que están en las colas del hambre.
  3. Un Estado del Bienestar debilitado: Hemos afrontado una crisis sanitaria, económica y social con unas estructuras del Estado del Bienestar muy debilitado, sobre todo en Catalunya, que fue una de las comunidades que más recortes aplicó. No hemos tenido suficientes recursos e instrumentos para frenar los efectos de la pandemia.  
Marta Montagut. Investigadora del Departament d’Estudis de Comunicació (URV)

  1. Descoordinación comunicativa: Las diferentes administraciones, lejos de establecer una estrategia más o menos coherente a nivel comunicativo, instrumentalizaron aspectos de la pandemia (los confinamientos u otras medidas restrictivas) como caballo de batalla político.
  2. Saturación: Ante una situación de incertidumbre, necesitamos orientación. En momentos como los vividos en el último año, hemos estado pendientes del incesante flujo de información que nos proporcionaban los medios. Estos, en su afán por satisfacer una demanda generada por esa necesidad de orientación, han hecho una cobertura sobresaturada.
  3. Credulidad: Otro error importante es nuestra credulidad hacia la desinformación sobre la pandemia. La falta de legitimidad política y la dificultad del periodismo para consolidarse como fuente informativa preferente dejaron paso a otros actores que, a través de las redes sociales, nos hicieron llegar todo tipo de contenidos, muchas veces más impactantes, espectaculares o morbosos de lo que podíamos leer, ver o escuchar en los medios periodísticos. 
 

Comentarios
Multimedia Diari