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Micropigmentación, el último paso de la reconstrucción mamaria: “Te ayuda a nivel de autoestima”

A Alba Segura le diagnosticaron cáncer de mama con 41 años y ahora sigue un tratamiento hormonal

Una enfermera del Hospital de Igualada realiza la micropigmentación del pezón y la areola a Alba Segura

Una enfermera del Hospital de Igualada realiza la micropigmentación del pezón y la areola a Alba SeguraACN

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En Catalunya se diagnosticaron en 2024 un total de 5.439 cánceres de mama, el tumor más frecuente entre las mujeres. Justo después de cumplir los 41 años, Alba Segura notó un bulto en el pecho y, a partir de ahí, “todo se desencadenó”. A principios de 2023 le extirparon el pecho y varios ganglios que tenía en la axila, y continuó con sesiones de quimioterapia y radioterapia. Ahora sigue un tratamiento hormonal. Esta semana se ha sometido a la micropigmentación de la areola y el pezón en el Hospital de Igualada, y considera que es como “cerrar el círculo”.

“Te ayuda a nivel de autoestima y a cerrar todo este proceso, a poner el broche final”, asegura en una entrevista con la ACN con motivo del Día Internacional del Cáncer de Mama.

Alba es vecina de Guissona (Segarra) y hace tres años le detectaron un tumor hormonal en el pecho. “En la ducha me encontré un bulto en el pecho, fui enseguida al médico para que me lo mirara y, a partir de ahí, todo se desencadenó”, recuerda. Las pruebas que le realizaron en el Hospital de Igualada detectaron un tumor de 3 centímetros, y los facultativos le comunicaron que debían extirpar todo el pecho y también varios ganglios axilares. “Después de la operación pasé por 16 sesiones de quimioterapia y 16 de radioterapia”, relata Segura.

Ahora está siguiendo un tratamiento hormonal que puede prolongarse más de cinco años: “Es una especie de menopausia inducida para que los estrógenos no trabajen y no haya actividad hormonal”.

Esta semana, Alba ha dado un paso más en su proceso de recuperación: la micropigmentación de la areola y el pezón. Es una técnica estética poco invasiva e indolora, que se realiza de forma ambulatoria y consiste en introducir una serie de pigmentos de origen vegetal para que la areola y el pezón recuperen un color y un volumen lo más parecidos posible a los que tenían antes de la intervención.

“Si alguien está pasando por un caso similar, se lo recomiendo totalmente, porque es como cerrar el círculo”, expresa Segura. En este sentido, agradece que la técnica esté cubierta por la sanidad pública y destaca que a ella le ha ayudado mucho a nivel de autoestima: “Me va bien para cerrar todo este proceso y ponerle el broche final”.

En el Hospital de Igualada atienden cada año a unas 90 pacientes con cáncer de mama y actualmente realizan unas 24 reconstrucciones mamarias anuales. Desde junio de 2024, el centro sanitario permite también restituir el aspecto y la simetría del pecho mediante la micropigmentación, un procedimiento que consta de entre dos y tres sesiones. En este tiempo, el hospital ha realizado unas cuarenta sesiones de micropigmentación para completar la reconstrucción mamaria en 17 mujeres.

“Con el crecimiento del cabello no se acaba todo”

Sobre el impacto psicológico del diagnóstico de cáncer de mama, Segura explica que al principio se quedó “en shock”. “Al principio piensas que esto no me lo están diciendo a mí, y te quedas completamente bloqueada”, recuerda.

Aun así, explica que “una vez te pones en manos de los profesionales y el circuito y el protocolo se activan, ya no te dejan sola y te quedas más tranquila, porque sabes que estás en manos de quienes saben”.

Sin embargo, Segura recuerda que cuando el cabello empezó a crecerle de nuevo, la gente a su alrededor pensaba: “Mira qué bien, como a Alba le vuelve a salir el pelo, ya se ha acabado, ya está bien”. Y fue justo al contrario: “En ese momento es cuando empieza el choque con tu realidad. Me encontraba dentro de un cuerpo que te cambia por completo; era como si una señora se hubiera comido a Alba. Estaba muy hinchada por la cortisona y por una menopausia artificial que me habían provocado”.

Admite que “no se reconocía” y que a menudo se preguntaba: “¿Ahora qué hago con mi vida?”.

De hecho, explica que le ayudó mucho no dejar de trabajar en ningún momento. “No dejé de trabajar, primero, porque soy autónoma y no me lo pude permitir. Pero, al mismo tiempo, fue mi mejor terapia”, recuerda. Dice que poder ver gente y tener reuniones le “daba vida” y le proporcionó “el empuje” para salir adelante.

“No le digas a alguien que tiene cáncer que es una luchadora”

Segura admite que también es importante el uso del lenguaje cuando hablas con una persona a la que le han diagnosticado un cáncer: “Mucha gente me decía que era una luchadora, y eso es mejor no decirlo a un enfermo de cáncer. ¿Luchar contra quién? ¿Contra mi propio cuerpo?”, se pregunta.

En este sentido, recomienda utilizar expresiones como “intenta ser valiente” o “intenta tener la mejor actitud posible”, porque “la actitud ante un problema sí es responsabilidad de uno mismo”.

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