Historia
Antorchas en la noche despiden a Josefa Samá
El perfil de la joven hija del marqués de Marianao cuya muerte heló Cambrils y movilizó a la Barcelona de inicios del siglo XX

Josefa Samá, en la portada de la revista ‘Feminal’, en 1907.
El domingo, 15 de agosto de 1907, la pequeña campana de la capilla de la Quinta Samá dobló lastimeramente anunciando el dolor inmenso de la familia. Acababa de morir, con sólo 20 años, Josefa Samá i Sarriera, hija del segundo marqués de Marianao.
De la prensa de la época, respecto a la actividad de Josefa Samá extraigo el siguiente artículo laudatorio: «Ha sido la presidenta de la junta organizadora para el reparto de 15.000 juguetes y prendas de abrigo para los niños pobres, fiesta simpática que tuvo lugar el día de Reyes en el gran Palacio de Bellas Artes de Barcelona».

Crónica del entierro de Josefa Samá, en Barcelona.
La inmensa fortuna de su padre Salvador Samá i Torrens, marqués de Marianao, no pudo evitar la muerte de la espigada y jovial Josefa. Intentó mejorar su frágil salud acondicionando las instalaciones de la ermita de la Mare de Déu de la Roca en Mont-roig del Camp, haciendo de ella un lugar de reposo, para que Josefa recibiera allí el saludable aire de la montaña.
En la prensa de 1890, cuando Josefa contaba sólo tres años, se recoge la siguiente noticia: «A La Provincia de Tarragona, del 13 de desembre de 1890 s’hi diu que el marquès de Marianao pagarà les obres de ‘imprescindible reparación en la Ermita de la Roca…’. Esmenta que ha lliurat 3.000 pessetes. ‘Imposible es describir la satisfacción de aquel vecindario, así como las continuas alabanzas al generoso donante…’».
En el techo del vestíbulo de la ermita de la Roca aún se puede ver el adorno en madera en el que aparece la corona marquesal sobre las iniciales SS de Salvador Samá.
El origen de la fortuna de los Samá, como el de otros muchos indianos, estaba, entre otros negocios, en la sacarocracia desarrollada en la isla de Cuba en el siglo XIX. Eran «monopolistas de abastos, armadores y comerciantes de azúcar». Sus ingenios azucareros eran trabajados por mano de obra esclava traída desde África en los terribles barcos negreros. Con ello conseguían grandes beneficios en un momento en el que el azúcar era muy demandado en los países prósperos que podían adquirirlo.
El primer marqués de Marianao, Salvador Samá i Martí, originario de Vilanova i la Geltrú, fue quien amasó la gran fortuna. Al morir sin descendencia, heredó, con sólo cinco años, su sobrino nieto, Salvador Samá i Torrens. Figura clave fue su madre, Rafaela Torrens, que protegió la herencia su hijo durante su minoría de edad.
Con 20 años y tras obtener permiso real, el segundo marqués de Marianao, Salvador Samá i Torrens, visitó en 1881 sus posesiones en Cuba y, de la frondosidad de la isla, pudo llevarse la idea del jardín que construía ya con su madre en Cambrils, el futuro Parc Samá, con la dirección de obras llevada a cabo por el insigne arquitecto Josep Fontserè i Mestre, autor entre otras obras del Parque de la Ciutadella en Barcelona, e hijo de otro gran ebanista y arquitecto: Josep Fontserè i Domènech, natural de Vinyols i els Arcs, en el Baix Camp.
El sepelio de Josefa Samá, llevado a cabo el martes día 17 de septiembre de 1907, fue espectacular, como correspondía a la alcurnia de la familia.
El traslado del féretro desde el Parc Samá de Cambrils al magnífico mausoleo que los Samá poseían en el cementerio del Poble Nou en Barcelona tuvo todo el boato propio de la luctuosa ocasión.
Cuenta la tradición oral que dada la temprana hora en la que la familia y el féretro debieron acceder al ferrocarril que los llevaría desde Cambrils hasta Barcelona, para romper la lúgubre oscuridad de la noche, y como postrer homenaje a la difunta, el marqués solicitó a los vecinos de Cambrils que encendieran antorchas en el trayecto de la comitiva, abonando un duro por cada una de ellas.
El féretro, de un blanco reluciente, como muestran las fotografías de la prensa, fue recibido por un gran gentío en Barcelona. La fama y la actividad política de Salvador Samá i Torrens en el Cap i Casal eran muy grandes; había sido miembro de la junta organizadora de la Exposición Universal de 1888, y lo sería igualmente de la de 1929. Poseía muchas fincas en la zona del Eixample de Barcelona y en otras partes de la ciudad.
Una de ellas era la que le vendió a Eusebi Güell para construir mediante el genio de Antoni Gaudí el famoso Park Güell.
Samá, además, hacía sólo una año que había sido alcalde de la ciudad y lo volvería a ser en el periodo de 1910-1911, nombrado por Real Decreto, propio del sistema político de la Restauración borbónica. De nuevo las fotos de la prensa nos muestran la muchedumbre que asistió a los actos del entierro.