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‘Una batalla tras otra’, de Paul Thomas Anderson nos muestra cómo volver a creer en Hollywood

La película ha sido recibida como un hito, no solo del año, sino del cine contemporáneo

Leonardo di Caprio en la película de Anderson.

Leonardo di Caprio en la película de Anderson.Ana Karen Becerril Serna

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En el programa La finestra indiscreta de Catalunya Ràdio se planteó el debate de si “Una batalla tras otra” era la película de la década. El crítico Alejandro G. Calvo le dedicó un vídeo a la película de Paul Thomas Anderson con Leonardo Di Caprio asegurando que, por lo menos, era le película del año. Así se presentaba un título que, sin duda, está copando el debate cinéfilo.

La película de Anderson sobre un antiguo revolucionario que huye con su hija tras ser descubierto, años después de sus actividades, por un militar, recupera el pulso del cine de Hollywood a partir de un juego de equilibrios. Por un lado, es una película que parece resumir una parte de la historia del cine estadounidense, desde el western al Nuevo Hollywood de los setenta. Por el otro, reúne las señas de identidad del propio autor. En este sentido, “Una batalla tras otra”, tiene algo de cine “como el de antes”, pero a la vez es pura originalidad. De hecho, logra inventar nuevos imaginarios en algo tan obvio como es una persecución (la de los coches al final, con la cámara subiendo y bajando la carretera; la del helicóptero cuando la capturan a ella).

Es la película que está copando el debate cinéfilo

“Una batalla tras otra” trabaja sobre una temporalidad a ratos etérea, poco concreta, para identificar Estados Unidos como un país profundamente violento, algo presente de manera intensa en el cine de Anderson, y especialmente en una película como “Pozos de ambición”. Si aquella película se situaba en los albores del capitalismo para hablar sobre el presente, “Una batalla tras otra” comienza en un pasado reciente para terminar en un presente que nunca se manifiesta de manera clara.

Identifica Estados Unidos como un país profundamente violento

En una época convulsa y a ratos confusa, la película de Anderson plantea la necesidad de volver a pensar en lo revolucionario, algo que Anderson ya ha sugerido en otras ocasiones, sobre todo en su fijación por los movimientos contraculturales. Sea como sea, “Una batalla tras otra” debe ser vista como un acontecimiento. El regreso de un gran director, pero el retorno también de una manera de entender el cine de Hollywood. Sobre algunas de estas cuestiones, preguntamos a tres críticos, que apuntan algunas de las claves de la película de Paul Thomas Anderson.

Diego Batlle (Otroscines)

Diego Batlle.

Diego Batlle.DT

“Una batalla tras otra” es una de las mejores películas de Paul Thomas Anderson, quien a su vez es uno de los realizadores más importantes del cine estadounidense de las últimas tres décadas. 

En tiempos en que Hollywood apuesta cada vez más a producciones sobre superhéroes (Marvel, DC), franquicias, sagas de animación y transposiciones de novelas populares, que se haya podido concretar un film de 130 millones de dólares de presupuesto con Leonardo DiCaprio destinado a un público adulto, con estas ambiciones, con estas temáticas, es ya no solo una rareza sino directamente un milagro. Que este largometraje no sea un rotundo fracaso comercial (difícil que sea un gran éxito) permitirá que todavía algunos ejecutivos sigan apostando por autores y autoras capaces de provocar, hacer pensar y generar discusiones con las mejores artes y herramientas del cine.

Eulàlia Iglesias (Diari Ara, URV)

Eulàlia Iglesias.

Eulàlia Iglesias.dt

Es una película muy americana. La parte final es puro cine de atracciones, literalmente, con una carretera que funciona casi como una montaña rusa. Hay algo del cine de los setenta, en el gusto por las persecuciones. Hay una actualización de lo que podría ser el Nuevo Hollywood de aquella época, pero Anderson le añade un nuevo elemento melodramático que no era habitual: el melodrama paternal. Es decir, se trata de incorporar un personaje masculino emocional pero no tanto a través del interés romántico, sino de la experiencia de la paternidad. 

Por otro lado, está la cuestión de la perspectiva de género. Me parece interesante la idea de la revolución como algo excitante, lo que me resulta más problemático es hasta qué punto al personaje de la madre se lo condena muy fácilmente, y en cambio al personaje masculino se le perdona todo.

Carlos Losilla (Caimán cuadernos de cine)

Carlos Losilla

Carlos LosillaDT

Me encanta, y en parte precisamente porque impugna la idea de la obra maestra. Es imperfecta, a veces muy discutible, pero a la vez irresistible. Esto está relacionado con las ganas que tenemos de buen cine de Hollywood. Es una película que se acerca al cine de los setenta, pero sin reducirse al homenaje o la cita. A la vez, es capaz de citar “Centauros del desierto”, de ir de John Ford a Quentin Tarantino sin inmutarse, pasando por Scorsese, Oliver Stone. Lo que hace con su propia tradición es increíble. 

Es de esas películas que hacen recuperar el deseo del cine. Y tendremos que pensar si eso no es exclusivo de Hollywood (o casi), que se convierte así en El Cine, para bien y para mal.

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